viernes, 30 de noviembre de 2007

martes, 27 de noviembre de 2007


jueves, 22 de noviembre de 2007

The usual suspects

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Pararse de manos


1.¿Con qué caso trabajaste?

“Matador” tiene como punto de partida lo sucedido en el motín de Sierra Chica liderado por los apodados Doce Apóstoles en la Unidad Penal Nro. 2 de Olavarría, durante la Semana Santa de 1996. Es uno de los motines más sangrientos de la historia penitenciaria argentina. Sobre todo por la barbarie de lo ocurrido durante los ocho días que duró el levantamiento, el efecto dominó en las otras cárceles de la provincia de Buenos Aires y los demás motines que encabezaron los Apóstoles durante sus respectivos traslados. El juicio también es un capítulo aparte. Las instancias orales con medidas de seguridad extremas para evitar fugas o que ellos atacaran al juez, a los fiscales y testigos, el hecho de mantenerlos enjaulados en la sala como animales, sus declaraciones jocosas, el abanderar que nada tienen, nada pueden perder…

2. ¿Lo conocías antes de afrontarlo para la antología? ¿Cómo lo investigaste?

Sí, claro que lo conocía. Cuando Diego me convocó para la antología y me contó cuales eran las reglas para trabajar el relato, me gustó el hecho de ficcionalizar un caso sin utilizar los nombres verdaderos de los implicados. “Que el lector después diga: ah, esto era…” fue la consigna. Y eso me dio mucha libertad. Lo de Los Doce Apóstoles daba para una novela. Por eso me concentré solo en uno de los hechos para no perder potencia, dejando de lado todo lo leído previamente sobre el caso. Había terminado de escribir “Chamamé” (publicada en España por la editorial Salto de Página), y en uno de sus capítulos cuento una historia de cuando los protagonistas estaban guardados. El desafío que me propuse fue el de lograr algo diferente para el relato de In fraganti. En “Matador” el argot tumbero encolumnado en la letra del tema de los Fabulosos endulza lo que fue mi verdadera intención: mostrar la capacidad que tenemos todos para ser crueles. Y en exceso.

3. ¿Cuál es el crimen que más admiración te despierta?

Mi viejo es de Tucumán y el siempre me contaba las andanzas de Mate Cocido. Creo que esas historias más lo visto en el Zorro de Guy Williams y la fe en el Gauchito Gil de los vecinos que tuve me despertaban cierta pasión por el delincuente devenido héroe popular. La noción de justicia es tan maleable que por eso necesitamos creer en este tipo de íconos llamados a equilibrar la balanza de forma más directa. Un ideal ingenuo. Un ideal, a fin de cuentas. Tan viejo como los bosques de Sherwood. El delincuente old fashion. El que maneja códigos. A ese respeto. El que no soguea. El que no tiene la necesidad de mostrarse poronga. “El que se la da al que tiene la astilla y no al que le hace falta”. Al que es laburante en lo suyo y no se mete con los que son trabajadores de otros gremios. Con la gente que hizo diferencia rompiéndose el lomo.
A los que son Sres. Chorros admiro. Los que afanan bancos o caudales. Los que hacen los deberes para no disparar un tiro. Los que tienen la frialdad para ejecutar un plan ajedrezístico. Los que tienen las pelotas para frenar un tortugón. Los que hacen lo necesario tanto para no lastimar físicamente a nadie como para llevarse el botín al rancho. Pero, sobre todo, admiro a los que se compraron una nueva oportunidad, a los que dejaron de ser cabeza de tacho y no volvieron a reincidir.

La entrevista en su sitio original, acá.

martes, 20 de noviembre de 2007

viernes, 16 de noviembre de 2007

lunes, 12 de noviembre de 2007

jueves, 8 de noviembre de 2007

Pinta tu aldea

Por Carolina Sborovsky

Desde hace un tiempo, la nueva generación de narradores denominados por la primera antología que los reunió como “la Joven Guardia” viene demostrando que la ficción porteña se renueva con auspiciosa vitalidad. A partir del suceso de esa primera selección, siguieron varias otras como la femenina Una terraza propia (Norma), la picante En Celo, sobre sexo, editada por Mondadori que acaba de sacar In Fraganti, a partir de resonados casos policiales argentinos. La consigna de Escala 1:1 (Entropía), esta vez, fue contar los barrios de Buenos Aires. Aquí la “Joven Guardia”, ya ampliada, dibuja un mapa literario, una travesía de veinticinco relatos alejados de cualquier guía turística. Fijados con la precisión del cronista atento, cada uno es una muestra de fidelidad a las calles tantas veces recorridas donde conviven la capacidad de observación, la sensibilidad para el ritmo y el desenfado para contar.

Entre toda la paleta, algunos textos son verdaderos hallazgos, como “Eleven”, de Natalia Moret, quien elude tics de chica sexualmente liberada y da una ingeniosa vuelta de tuerca a ese clisé; “Animetal”, el genial cuento en el que Leo Oyola crea un potente voz lumpen (e incluso la parodia) en una helada noche en el Bajo Flores; “Capacidad de adaptación”, un agudísimo micro- memoir de Sonia Budassi; “Autocine” del también actor Mariano Pensotti y “En la santería”, la filosa excursión a la sordidez barrial de Hernán Vanoli. La primera persona y las anécdotas casi mínimas en la mayoría de los relatos da a esta antología un tono bastante íntimo, en algunos casos nostálgico o de reflexión en voz alta que, junto con el estilo llano, directo y el leve cinismo para tratar ciertos temas caracterizan a esta nueva generación. Quizás otros relatos, menos afortunados, vuelvan algo despareja la calidad total de la colección, o de a momentos algunos (pocos) la vuelvan monocorde; sin embargo esa heterogeneidad, creemos, puede ser tomada como parte de la consigna y el riesgo de la antología.

La Buenos Aires que se dibuja es contradictoria, festiva, cruel y bestial. Heterogénea y fascinante, cada relato arma figuras caprichosas en el vertiginoso calidoscopio de nuestra urbe. Como advierte el escritor y compilador Juan Terranova: “Buenos Aires incluye tanques de agua teñidos de óxido, terrazas llenas de macetas, calles bien y mal iluminadas, parques reciclados, avenidas y edificios, personajes excéntricos y para cada uno de sus habitantes, la poética del recorrido privado. Además, sus aldeas, a las que llamamos barrios, generan sus historias y sus formas de desprecio y seducción”.

Publicado en el nro. de noviembre de Wicked BA.

martes, 6 de noviembre de 2007

Congreso


lunes, 5 de noviembre de 2007

Leones para corderos

Casa de Celia Dosio & Juan Terranova.
Festejos de las antologías "Buenos Aires Escala 1:1" e "In fraganti".
Un aplauso para el asador y los autores.

sábado, 3 de noviembre de 2007

I believe



Hermanos: la paz esté con vosotros.
Estamos aquí reunidos, en esta humilde morada del Señor conocida como La Ratonera, para celebrar un acto de fe.
Cuatro forajidos.
Cuatro.
Utilizando sus mejores armas para pelear por algo en lo que creen.
Cuatro forajidos.
Cuatro.
Que adoptaron la identidad de una criatura de Dios.
El alma de ese arbusto. El Tamarisco. Y de él, su simpleza, y la parte más jodida de cumplir, la resistencia.
La resistencia. El aguante.
Y la fe. Creer.
Anchos bravos si los hay.
Bueno: estos cuatro forajidos.
Cuatro.
Definitivamente creen.
Se tienen fe.
Por algo en primera instancia…
Estos cuatro forajidos.
Cuatro.
Son escritores.
Como los otros cuatro forajidos.
A los que han editado. Y de quienes en esta jornada de gloria y alabanzas, en esta jornada de celebración, estamos presentando sus respectivos relatos y novela.
Leer es un acto de fe.
Escribir también es un acto de fe.
Porque en las dos acciones fundamental es el hecho de creer.
En lo que hacemos. En nosotros mismos. En la palabra impresa, en el mundo que nos propone cada libro que sostenemos en nuestras manos.
Esta noche damos fe de que el señor Federico Falco, allá en su córdoba natal, tocó el pelo de la virgen.
Le creemos a Celia Dosio cuando nos cuenta el día que Perla voló.
Y leemos en las cicatrices de Damián Terrasa las huellas de la marca del milagro.
Milagro.
Milagros.
Milagro, lo que se dice milagro, sería que los mudos les digan a los sordos que los ciegos los están mirando.
Y eso pasó. Marca del milagro fue la lectura de Terrasa en otro templo, el del Conventillo de Teodoro. El miércoles a la noche.
Escucharlo a Terrasa narrar en su argeñol como la banda de Chicago le birlaba un trapo a la hinchada de Morón, uno que decía “Del Gallo hasta las bolas”…
Fue raro.
No apto para hombres de poca fe.
Insisto: fue raro.
Como si Yul Brynner, vestido de negro de pies a cabeza botas y sombrero incluidos, entrando a un bar del lejano oeste mientras desenfunda ladrara en gallego: “¡Que les den por culo!”

Hablando de Yul Brynner: ¿nunca vieron “Los Siete Magníficos?
¡He ahí la palabra del Señor, hermanos!
A mi esa película me da de todo.
Siete tipos que pelean como setecientos.
Que van hasta el final, de frente.
Y los que no llegan, mueren en la suya.
El villano de turno, después de desarmarlos, les advierte en un momento de la película, para que no vuelvan más: “solo un loco comete el mismo error dos veces”.
Y después le pregunta al personaje de Yul Brynner por qué hacen lo que hacen.
El pelado no le contesta.
Tampoco los otros pistoleros.
El único que le contesta a ese sorete es el inigualable Steve McQueen:

-¿Por qué lo hicieron?

-Una vez conocí a un tipo que se puso en pelotas y después se tiró de culo sobre unos cactus. Le pregunté lo mismo: “¿por qué?” Me dijo que le había parecido una buena idea. Que se tenía fe.

Obvio que los Siete Magníficos vuelven a terminar lo que empezaron.
Lo que su antagonista les dijo que era un error… lo van a cometer por segunda vez.
Porque los Siete Magníficos son locos peligrosos.
Y además tienen pelotas.
Como los cuatro forajidos.
Cuatro.
Que, para el entender de este ignorante pecador, subir su libro de relatos y “Toronto no” en PDF para que los bajen gratuitamente es lo más parecido a caer, voluntariamente, de culo a un cactus.
No sé si es una buena idea.
Lo que si demuestra es que se tienen mucha fe.
Ahora aguanten.
De su arbusto nunca olviden la resistencia.
Tamariscos: las armas y las diestras de los Dos Cachivaches y el tigre a su disposición.
Siempre.
Esta noche, es en el nombre de Violeta.
De Sonia.
De Félix.
Y Hernán.
Amén.
Que así sea.

Leído en La Ratonera. El viernes 2 de noviembre de 2007, durante la presentación de la colección Simples de Tamariscos, acompañado por los inigualables Millán y Pandolfelli. El Rusi y Poca Vida. Dos cachivaches.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Oxidado


jueves, 1 de noviembre de 2007

La previa a la ratonera


Les debemos una moneda grande a los Tamariscos.