viernes, 30 de septiembre de 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

En el Polo Norte














lunes, 26 de septiembre de 2011

sábado, 24 de septiembre de 2011

Casi nada/Casi todo


Leonardo Oyola en Kryptonita delinea un universo de tal proximidad, temática y estilística, que atrapa al lector entre sus líneas. Un grupo de delincuentes que toman como rehén a un médico de guardia y a una enfermera del Hospital Paroisssien.  Casi nada, con casi nada, para desbrozar casi todo: el amor, la omnipotencia, la sexualidad, la marginalidad, las emociones que nos igualan, la desidia estatal, la corrupción, la burocratización, la soledad contemporánea, el poder... Todos estos tópicos concentrados en un realismo de aires contemporáneos. Kryptonita es aquí el arma de los héroes que no vemos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Reseña Diario El Atlántico


Por Juan Carrá.

Según Umberto Eco, Superman es el mito típico de una clase definida de lector: aquel que es producto de una sociedad industrial, en la que “las perturbaciones psicológicas, las frustraciones y los complejos de inferioridad están a la orden del día”. Ese lector, es un hombre objetivado por una organización que decide por él y en la que la máquina suplanta el deseo y la acción del sujeto. El semiólogo italiano no duda en decir que Superman es el mejor ícono de esa representación social. Esa en la que ­el “héroe positivo debe encarnar, además de todos los límites imaginables, las exigencias de potencia que el ciudadano vulgar alimenta y no puede satisfacer”.

Superman es todo eso: no nació en la Tierra, sino que llegó a nuestro planeta en una nave cuando Kriptón estaba a punto de estallar. La cápsula que trasportaba al pequeño de las estrellas cayó cerca de los límites de una granja en los Estados Unidos. Allí fue encontrado y criado por una pareja que deseaba tener un hijo. Allí creció y fue bautizado como Clark Kent, constituyéndose así su doble identidad. Y es en esta doble identidad, según Eco, donde radica la fuerza de este mito insoslayable: el bello hombre de acero vive entre los mortales oculto como un ser insignificante. Clark Kent es el espejo perfecto del lector medio que se acerca al cómic de Superman. Que –siempre según Eco- vive un constante proceso de identificación, lo que posibilita que cualquier oficinista medio de cualquier cuidad americana sienta en su interior la esperanza de que un día, “de los despojos de su actual personalidad, florecerá un superhombre capaz de recuperar años de mediocridad”.


¿Pero qué hubiese pasado si la nave que trasportaba al pequeño Superman como único sobreviviente de su raza, en vez de caer en Estado Unidos, hubiera caído en La Matanza? Definitivamente, Superman sería Nafta Súper.  Sólo la pluma de Leonardo Oyola puede lograr un texto híbrido en géneros, de tanta calidad. Sólo su mirada sobre la realidad del Conurbano puede convertir tanta miseria en belleza. Sólo Oyola puede escribir Kryptonita.

Líder de una de las bandas de hampones más importante del Conurbano bonaerense, Pinino, alias Nafta Súper, cae apuñalado por uno de sus enemigos con un extraño cristal verde. Son sus Superamigos los que los cargan en brazos y lo llevan al hospital. Ráfaga, El Faisán, Juan Raro, Lady Di, la Cuñataí Güirá y Federico, ese grupo de lealtad inquebrantable que se dispone a resistir en el Hospital Paroissien para que Nafta Súper pase la noche con vida y sea el sol de la mañana el que haga lo que la medicina no puede.

Allí están también, como rehenes insospechados de una situación desbordante, un joven doctor, que hace las veces de nochero cubriendo a los médicos de guardia, y Nilda, la enfermera de piso. Los dos deberán mantener vivo al jefe de la banda. Sobre todo el doctor. El mismo que minutos antes no dudó en dejar morir a un pibe chorro a pedido de la policía.

“Si Pinino muere, usted también”, le dice Ráfaga al oído al joven médico. Nafta Súper agonizaba cuando entró al hospital, su corazón había dejado de latir y sólo la descarga de casi 400 joules del desfibrilador pudo ponerlo en marcha nuevamente ante los ojos desorbitados del doctor y la enfermera.

Desde ese momento todo será inverosímil para los simples mortales. Pero no para los lectores, que podrán penetrar en la crudeza de la realidad social del Conurbano sin dejar de sentir que están atrapados en una historia de héroes y villanos.


Sólo son unas horas las que debe resistir la banda de Nafta Súper. Las necesarias para que el sol aparezca y su líder se recupere. El Hospital será la trinchera en la que sus secuaces resistirán la embestida encabezada por El Cabeza de Tortuga, archienemigo de Pinino. Sólo unas cuantas horas más y todo terminará, o no.

Esto nos propone Oyola: una historia de ficción que cuesta despegarla de la realidad más cruda. Un texto divertido y dramático que se mete sin tapujos con la raíz de muchos de los problemas sociales que atraviesan a los sectores populares. Pero también se mete en lo íntimo de las relaciones humanas, signadas por el propio devenir; las historias de cada uno de los personajes configuran una matriz narrativa de acero, para una supernovela.


El Autor
Leonardo Oyola nació en 1973. Se crió en el oeste del Gran Buenos Aires. Escribe policiales y le guiña un ojo a lo fantástico. Colabora en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Sus cuentos han sido seleccionados en varias antologías y medios gráficos de Argentina, Francia y España. Tiene publicadas las novelas Santería y Sacrificio para la colección Negro Absoluto dirigida por Juan Sasturain y también Siete y el Tigre Harapiento, Hacé que la noche venga, Bolonqui, Gólgota y Chamamé.


FICHA TÉCNICA
Título: Kryptonita
Autor: Leonardo Oyola
Editorial: Literatura Mondadori
Género: Novela
Páginas: 224

PRESENTACIÓN
El jueves 29 Leonardo Oyola estará en Mar del Plata para presentar Kryptonita, su última novela. El evento se realizará en la librería Polo Norte de San Luis 1745, a las 19.30.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Hermanos abrazados, hermanos en armas

Vía La forma en que algunos mueren.
Invierno. Madrugada de un lunes sin luna. Hospital Paroissien, La Matanza, conurbano bonaerense. Un mediocre doctor pasado de rosca aguanta, esperando transitar con cierta calma las últimas cuatro de las 72 horas corridas de su servicio. Pero una banda de delincuentes —“fuertemente armados”, diría Crónica— irrumpe en la guardia y destroza sus planes: se le vienen al médico las horas más agitadas, emocionantes, terroríficas y divertidas que ha vivido en mucho tiempo. Y al lector… ¡ni te cuento!

Los que han llegado son el Ráfaga, el Faisán, Lady Di, la Cuñataí Güirá, Juan Raro y el perrito Miguel. Es decir, la banda de Nafta Súper. Son conocidos por todos en la zona. Traen muy malherido e inconsciente a su jefe, y le “sugieren” al mediocre doctor que mejor que lo salve, “que llegue con vida al amanecer, y todos contentos”. Y el “nochero” sigue pensando “cuatro horas… me faltaban cuatro horas…”, mientras un diablito de color amarillo que sólo él ve sale de los rincones para reírse de su desgracia. No hace más que revisar a Pinino, el verdadero nombre de Nafta Súper, para darse cuenta de que algo no cierra. Algo no es normal acá.


Y encima al rato cae la Bonaerense, el verdadero enemigo, el que nunca trae buenas intenciones.

Así las cosas, atrincherados en la guardia de un hospital desierto, preguntando poco y escuchando mucho, el alucinado doctor va conociendo —de boca del Ráfaga, de Lady Di, del Federico, que no será el Caballero, pero es el Señor de la Noche— cómo es la historia de Pinino y su banda. De sus correrías por todo el Oeste. De sus amores y sus odios. De la amistad que los une, de la sangre que los hermana.

Esquivando a la policía por pasillos estrechos, o bailando amaneceres en patios de tierra, estos súper-vivientes se las arreglan para conservar la Amistad como la fuente de poderes que los hace súper-héroes. No siempre es fácil la vida en el Oeste, parecen decirnos, pero siempre será Vida si están los amigos. Los hermanos en armas, los hermanos abrazados. En el fondo, de eso se trata para mí Kryptonita: es una historia de la amistad como inagotable, incorruptible motivo de celebración. De Fiesta, así, con mayúscula.


Cada lector podrá rescatar distintas virtudes de esta novela. Que el ritmo de la narración fluye ágil. Que Oyola tiene oído absoluto para captar el neohabla del suburbio. Que el humor emociona, y que la emoción provoca sonrisas. Que las acertadas referencias a la cultura popular (cómics, fútbol, música, boliches) construyen con solidez el mundo de este grupo de adorables delincuentes. Etcétera, etcétera. Pero de todas esas cosas, insisto, yo me quedo con aquella de la amistad. “Tatuajes, lealtad, orgullo humilde, es lo único que tengo para mostrar”: a mí me pegó por ese lado.

En resumen: me divertí como loco leyendo Kryptonita. Y me emocioné hasta el puchero, para qué negarlo. Sucede que uno no necesariamente ha compartido la misma geografía que el autor (leí por ahí que esta es la novela más autobiográfica de Oyola: no lo conozco personalmente, pero me cierra, ¡claro que me cierra!) ni tampoco uno es un delincuente, al menos no de armas tomar como esta banda. Pero así y todo, no pude evitar sentirme un poco cómplice.

Y quererlos un montón.
----------------------------------------------
PS: merecería un post aparte (y, por qué no, un concurso entre lectores en Facebook) la enumeración de personajes de TV, de folklore del fútbol, de películas… Desde la hinchada de Almirante Brown hasta Carozo y Narizota y Meteoro y Socolinsky. Desde Jesse James y ¡SkyLab! hasta Música total y Johnny Allon y hasta Notting Hill y Footloose … Y en la música, agarrate con el soundtrack: Los Abuelos de la Nada, Duran Duran, Alphaville, Los Cafres, Jagger, los Stones, Madonna, Carlos Baute, Peter Cetera, Dire Straits, Poison, Don Johnson y ¡Kenny Loggins, madre mía! Terri y su Karaoke criminal se harían un festín…

PS2: Casi me olvido. Es para vos, Cabeza de Tortuga: ¡La tenés adentro!



lunes, 12 de septiembre de 2011

Narrativas del conurbano bonaerense


El sábado, también en el auditorio del Malba, el escritor Jorge Consiglio, moderó la mesa sobre “Imaginarios suburbanos”. Los narradores Leonardo Oyola, Iosi Havilio y Sergio Olguín reflexionaron sobre esos espacios en los que se mueven muchos de sus personajes y, también, sobre la propia vida que se cuela en la escritura, en su literatura. Olguín, autor de Lanús (2002), aseguró que el suburbio y la ciudad no son excluyentes en su escritura: “Me interesa la tensión entre la periferia y el centro, complementarios o contradictorios”, dijo.
Oyola, que acaba de lanzar Kryptonita, un relato que transcurre en La Matanza, reconoció cómo lo cambio mudarse a la capital. “Mi literatura era una cuando vivía allá – ‘allá’ es Isidro Casanova, aunque Oyola dirá simplemente ‘el Oeste’– y es otra ahora que vivo acá”, contrastó. “Voy a ser siempre esas calles, donde nací y me crié; pero para dedicarse de lleno a esto, el lugar es acá”, sentenció.
Havilio, autor de Opendoor (2006), que se desarrolla cerca del complejo psiquiátrico de la zona de Luján, comentó que en su narrativa “el espacio nunca determina todo lo demás: el suburbio, un departamento en Barrio Norte o un hotel en las sierras cordobesas tienen potencial poético; lo importante es hacer que un mundo funcione, el resto, son accesorios”.
Las idas y vueltas fueron el puente para hablar de personajes y de vidas pasadas: “En todas mis novelas conté un recorte de alguna vida, uno de esos momentos en los que te toca ser el bueno o el villano”, explicó Oyola, mientras Olguín, por su parte, describió su manera de “elegir” la lengua en la que habla su narrador y sus protagonistas: “Lo único que necesito es que sea verosímil”. Havilio aseguró que “el narrador –y no el autor– es quien elige las palabras. Los tres coincidieron en señalar la importancia de lo autobiográfico. Al final, los tres escritores leyeron un fragmento de alguna de sus obras. “Lo que leíste es un bajón y lo que voy a leer yo es otro garrón”, le dijo Oyola a Olguín, e interpeló a Havilio, que anticipó que continuaría en el tándem de lo lúgubre. Se rieron los tres y el auditorio con 50 espectadores.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Leer volando

Vía ¿Esto matará a aquello?
Muchísimas gracias, amiga.
No suelo hacer comentarios de libros. Les resultará irónico, pero seriamente no sé hacerlo. No sé bien qué se debe decir para decir algo de un libro.

Pero hay libros y libros. Y con este parece que voy a hacer una excepción.

Veamos. Conocía al autor por recomendación de amigos y porque me encargué de la producción gráfica de una de sus novelas, Bolonqui, que publicó Grupo Norma en el 2010. Pero era tal el “bolonqui” en el que la editorial se encontraba por ese entonces, que hice las valijas y me marché justito unos días antes de que el ejemplar llegara de imprenta, por lo que me quedé con las ganas de llevármelo a casa. (Por supuesto el ejemplar sí llegó a la feria correspondiente, en el momento justo, así que mi misión técnicamente estaba cumplida, pero el libro sin leer).

Mis amigos editores ya me decían que el autor se las traía. Se escuchaban elogios y recomendaciones enfáticas. Pero sus libros, entre tantos, aún me esperaban por ahí, en los estantes de mis amigos, en otras valijas. Leer a Leonardo Oyola seguía anotado en mi lista invisible de cosas sorprendentes por hacer.

Hasta que otra vez me tocaría encontrarme con un nuevo libro suyo, un poco anticipadamente también. Y es que en esta etapa trabajo editando el boletín de novedades de otra editorial, que ahora publicaría su nueva novela, así que un mes antes de que Kryptonita viera la luz, yo ya leía unas pocas líneas para seleccionar los párrafos que la presentarían en sociedad entreviendo que algo muy poderoso estaba por llegar a las librerías y a mis manos. Simplemente puedo decir que cuando leí el nombre del protagonista intuí que sería una historia fuera de lo común y supe que la buscaría y que la leería (y casi les diría que hasta supe que me encantaría). Pero como tantas otras cosas del orden intuitivo que me suceden, no puedo explicar muy bien por qué.

Y entonces llegó el día.

Un sábado de sol me encontré con Leonardo Oyola y sus Súper Amigos y no pude dejarlos en todo el día. Interrumpí en la página 105 para ducharme, y mientras me duchaba tuve la certeza de que había interrumpido solo para no terminarla. Para que dure más. Ese día dejé de hacer mis otras cosas para solo leer este libro que ardía entre mis manos. Y eso es todo lo que les puedo decir.No voy a hablar de estilo de escritura, de organización textual, de psicología de los personajes ni nada de eso que seriamente no sé hacer. Porque si tuve ganas de escribir algo sobre Kryptonita es para hablar de sentimientos, eso que me sale bastante mejor.


Complicidad desopilante, lealtad, sonrisas y tristezas que salen a bailar, valentía en estado puro, aventuras, códigos sagrados: Vidas Súper Poderosas.

Decir que un libro te hizo reír y llorar de un párrafo a otro puede ser un lugar común. Pero si es un libro fuera de lo común, entonces no hay lugar para nada común. Es que es la sonrisa más tuya. Son tus propias lágrimas las que lloran. Y a eso no hay con qué darle.Decir que un libro fue escrito con poesía es decirlo casi todo. Decir que un libro te saca de la realidad para devolverte mejor parado es decir una perogrullada, pero una muy valiosa.


Decir que te enamoraste de un personaje es un disparate, eso dejénlo por mi cuenta.

Vayan a leerla. Salgan a encontrarse con este libro. Volarán.
Ojalá puedan hacerlo, para entender lo que trato de decirles.

jueves, 8 de septiembre de 2011

En el FILBA 2011

IMAGINARIOS SUBURBANOS
MODERA: JORGE CONSIGLIO
SÁBADO 10 | 16.00 | MALBA
Figueroa Alcorta 3415

El suburbio —entendido como espacio de construcción de sentido diferente del ámbito urbano y rural, pero no necesariamente opuesto— se presenta como una frontera difusa con identidad y problemáticas propias. Iosi Havilio (Opendoor), Sergio Olguín (El equipo de los sueños) y Leonardo Oyola (Kryptonita) abordarán esta zona desde diferentes perspectivas: ámbito de autopreservación, marginalidad y acceso a lo fantástico, en la búsqueda de una aproximación literaria a un espacio que se rige por sus propias leyes.

Entrada gratis.

martes, 6 de septiembre de 2011

Booktrailer

Dirección & realización integral de Mariano Sánchez.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La novela policial argentina crece y se reformula sin policías ni detectives


Una narrativa nueva para la violencia social. Retrata una sociedad latinoamericanizada y corrupta, donde la Ley ya no es creíble. 

La mayoría ronda los treinta años, tiene un par de libros publicados y una intención decidida de indagar en la naturaleza de lo violento. Lo violento es lo social, el desamparo de la historia argentina de los últimos años. Desprejuiciados, distantes de las tradiciones de un género que se encuentra en pleno proceso de mutación, son nuevos escritores de policiales.

En un relato regido por la videncia, la magia negra y la práctica esotérica, dos seres surgidos del ocultismo, La Víbora Blanca y la Marabunta, se enfrentan en las villas de Costanera Sur y del Bajo Flores. Sucede en Santería y Sacrificio , dos novelas de Leo Oyola. El Sapo Vizcarra y Dionisio, un gordo sudoroso que vive en un departamento sin luz natural y un linyera amigo, deambulan por un Abasto donde la proliferación de restaurantes peruanos y edificios favelizados esconde disputas sangrientas entre bandas de narcos. Así es en Ceviche , de Federico Levín, que acaba de publicar Bolsillo de cerdo , con los mismos protagonista, esta vez en torno a inmigrantes rusos.

Tanto en la saga de Oyola como en la novela de Levín, se trata de una Buenos Aires latinoamericanizada y conflictiva, con enormes bolsones de marginalidad, desbordada por los efectos de la post crisis. Es el mismo proceso de marginación que muestra su otra cara en countries y barrios privados, cuya matriz criminal disecciona y exhibe Claudia Piñero en novelas como Las viudas de los jueves y la reciente Betibú . Ninguna zona del país queda fuera del impacto de lo más reciente. El oscuro monólogo de un barquero del lago Epuyén, sospechoso de haber asesinado a machetazos a una madre y a su hijo, es el eje de Doble Crimen , de Ariel Magnus.

Dice Levín: “La violencia social y la violencia íntima atraviesan a los personajes en el cuerpo. Esos cuerpos violentados son catalizadores de los relatos y las oscuridades ajenas. Son catalizadores narrativos de una violencia general”.

Se ha dicho que en la Argentina, después de los años 70, ya no es posible escribir policiales porque la figura del policía investigador ha dejado de ser creíble. Tal vez por eso los nuevos narradores escriben policiales sin policías. Incluso sin detectives. A veces con periodistas. Pero ahora son ciudadanos comunes, que por situaciones fortuitas, y no por una voluntad decidida de investigación, se ven inmersos en una trama criminal sobre la que, casi sin proponérselo, echan luz.

Ruth Epelbaum, la protagonista de Sangre Kosher , de María Inés Krimer, es una mujer de clase media que vive sola en la calle Gurruchaga, rodeada de outlets; tiene a veces la compañía de su empleada, habla idish, lee el ahora prohibido rubro 59 y es fanática de Isaac Bashevis Singer. Conversando con su prima se involucra en la historia de una chica que ha desaparecido.

Hombres que no tienen hijos y mujeres que matizan sus angustias se repiten en estas novelas. Dice Krimer: “Recuerdo una novela de P.D.James: No apto para mujeres , donde la detective tenía que vencer el prejuicio machista de sus empleadores. Reconozco cierta misoginia en el inicio del género. No creo demasiado en la mirada de la mujer, sí en el tono y en la construcción de los personajes”.

Alejandro Marinelli, autor, junto con Mariano Hamilton, de El hombre ordinario , quizás la más “negra”, en el sentido de clásica, de esta serie de nuevas novelas, señala que uno de los mayores atractivos del policial es su capacidad para poner a los personajes todo el tiempo en situaciones límite, de una intensidad infrecuente. En ese sentido, asegura que con la aparición de las nuevas herramientas tecnológicas, la figura del investigador reflexivo y melancólico hoy es impensable. Por eso, dice, El hombre ordinario , cuya trama transcurre a principio de los 70, “es una novela en blanco y negro”.

O tal vez, ese aire melancólico y reflexivo se haya trasladado a los policiales de no ficción. En Sangre Joven , Javier Sinay vuelve unos años después a distintos lugares donde se han producido asesinatos entre adolescentes. Todos han sido casos con mucha resonancia mediática y en gran medida “cerrados”. Algunos de los protagonistas no están, otros no quieren hablar. Otros hablan por primera vez.

¿Qué fuiste a buscar ahí? Los modos de ser y de moverse, los hábitos y los circuitos que forman parte de la vida de esos chicos. No buscaba el hecho policial, que sólo me servía para hablar sobre mi generación. La muerte joven es argentina, tenebrosa, criminal. Es un síntoma social que señala los rincones oscuros y violentos de una generación que crece al amparo de lo trunco.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La vida es un hospital público

Kryptonita, la nueva novela de Leonardo Oyola, cruza marginalidad con nafta súper y consigue poner en marcha todo un proyecto narrativo


Por Graciela Zob


Leonardo Oyola, joven y destacado escritor de ficciones policiales, vuelve al barro con esta novela, sin perder el pulso suyo y tan bonaerense que le permite cruzar misterios suburbanos con sangre literaria. Ya ha demostrado su estilo y encanto en varios títulos (su novela Chamamé, por ejemplo, mereció el Premio Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana negra de Gijón) donde siempre aparece algún personaje capaz de combinar sentido del humor con sentido social.  Esta vez será la voz de un médico de guardia en el Hospital Paroissien de Isidro Casanova. Menos que un médico de guardia, un remplazante que devela, no como quien narra sino como quien se va de boca, las trampas que suelen hacerse adentro de los nosocomios para pasar el mal trago de trabajar ahí. 

Es de noche, siempre parece ser de noche en esta novela. Poca luz, pocos recursos, y muchos juegos de palabras, diálogos rápidos y llenos de ingenio. Madrugada larga borroneada por las drogas para mantenerse despierto y por las corridas entre bandas que se juegan el pellejo frente a otras y frente a la policía.  Mientras el narrador se pregunta como un Hamlet anestesiado si debe decir la palabra óbito o no debe decirla a los flamantes deudos, la realidad del conurbano lo levanta del letargo.  Una banda tal vez exageradamente perfecta y costumbrista punk, con su travesti, su paraguaya y su líder, que nunca sangra y todo lo coagula, llamado Nafta Súper, irrumpe en las reflexiones sobre los pobres y los ricos, los de clase y los desclasados con las que empieza la novela y exige del protagonista, así como de los lectores, una capacidad para el vértigo. A partir de aquí, el delirio y  las miserias humanas harán sus desastres sin por eso atentar jamás contra la ironía, el mayor refugio antibalas.


Publicado en la revista DEBATE Nro. 442 Pág. 77 
Graciela, Graciela.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El policial negro bajo la lupa

El policial negro y la hibridez de géneros en la narrativa actual, fueron algunos de los temas que se profundizaron en la charla que el escritor Leonardo Oyola dictó el sábado pasado en el Centro Cultural Hogar San José, convocado por la Escuela Municipal de Letras.

El autor de Kryptonita (Mondadori) llegó a Olavarría acompañado de su pareja, Alejandra Zina, quien también es autora de la flamante novela Barajas (Plaza y Janés). Y en la disertación participaron además María Inés Krimer y Guillermo Del Zotto, integrantes de la Escuela de Letras.

Por la tarde, un grupo de cultores del género (lectores y escritores) pudo intercambiar ideas con Oyola, quien, además de dar detalles de la construcción de Kryptonita, aportó desde la experiencia de sus siete novelas anteriores, varias de ellas premiadas internacionalmente. Como el caso de Chamamé, que obtuvo el prestigiosísimo Premio Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón.

En el mismo salón auditorio del Centro Cultural, luego a las 21, comenzó una más distendida lectura denominada "policiales al atril", con la participación de Alberto Sánchez Graf y Guillermo Del Zotto y una introducción a partir de textos de autores como Woody Allen, José Sbarra y Ambrose Bierce. Luego llegó la hora de Oyola, quien realmente logró una conmoción perdurable con el capítulo XII de Kryptonita.

El broche del encuentro estuvo a cargo de los músicos Mónica Badoglio y Juan Loza, con un breve repertorio que sirvió para confirmar sus talentos y también para sella una noche de muchas emociones.

Este encuentro cierra un ciclo de charlas que también tuvo como protagonista en mayo último al poeta y periodista Jorge Boccanera. Durante los primeros cuatro viernes de septiembre, a las 17.30, en la Casa de la Cultura (Coronel Suárez casi Moreno), la Escuela Municipal de Letras ofrecerá el curso "Club de Tintas". Una propuesta que une literatura con plástica y que estará a cargo de Guillermo Del Zotto y Daniel Fitte. El curso esta vez estará orientado al concepto en la fusión de la poesía con la obra plástica. La participación está abierta a adolescentes y adultos con o sin experiencia en una o ambas disciplinas.



Publicado en el diario El Popular en la edición de hoy.