miércoles, 31 de octubre de 2012

El cerco


martes, 30 de octubre de 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

jueves, 25 de octubre de 2012

Lomito cordobés


miércoles, 24 de octubre de 2012

En Crónicas del crimen


(Por Sol Amaya). Hoy les ofrezco un lujo: una pequeña entrevista con Leo Oyola, autor del libro que recomiendo en este post: Kryptonita.
Oyola nació y se crió en el oeste del Gran Buenos Aires. Es colaborador en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Además de Kryptonita, también es autor de las novelas Santería y Sacrificio, Siete & Tigre harapiento -tercera mención del Premio Clarín 2004-, Hacé que la noche venga -revelación 2008 en la Revista Ñ-, Bolonqui, Gólgota y Chamamé -Premio Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón-.
En esta entrevista, Oyola nos cuenta algunos detalles de Kryptonita.

 Sol: ¿De dónde surge la idea de escribir Kryptonita?
Leo: De un concepto del mundo del cómic: el elseworld. Se parte de una premisa en el que un personaje conocido se lo traslada a otro escenario o tiempo modificando así su universo y también su historia. El elseworld por excelencia es Hijo rojo en el que la nave que trae a un superman bebé en lugar de caer en EE.UU. aterriza en la Unión Soviética. Mi novela plantea tácitamente que hubiera ocurrido si el último sobreviviente del planeta Kryptón se criara en La Matanza.
S: El personaje del nochero, tengo entendido, sale de algo que te contaron, algo que pasa realmente en algunos hospitales del conurbano. ¿Es así?
Lamentablemente, sí. Una práctica muy institucionalizada según mis fuentes.
 S: ¿Cómo fue el proceso para crear el personaje de Nafta Súper? ¿En qué te inspiraste? ¿qué hay del súperman original en el personaje?
L: Fue darle características sobresalientes de la biografía del personaje ya sea en hechos puntuales de la historieta o de alguna de sus películas; más cosas mías. Por ejemplo el apodo, Pinino, es como me dice mi familia.
S: ¿Hay algo autobiográfico en el relato de Kryptonita? ¿Anécdotas tuyas o de conocidos que hayas incorporado a la memoria de tus personajes?
L: A todos les presté algo de mi prontuario. No solamente a Nafta Súper. Las anécdotas de la cancha como las del Jesse James –el Yesi como lo pronuncian allá- las de carnavales incluso varias de las más sombrías porque para bien o para mal nos tocaron.
 S: ¿De dónde sale toda la jerga? ¿Son todas creaciones tuyas o hubo una búsqueda, una investigación, para hacer hablar a los personajes en esos códigos?
L: La jerga sabe ser bien localista. Es un poco como nosotros hablábamos cuando vivíamos por esas calles. Tampoco es a la hora de escribirla como si desgrabaras un audio de una entrevista. Es intentar darle toda la vida posible por más que esté haciendo ficción.
S: La banda de Nafta Súper, ¿podría en algún aspecto identificarse con alguna banda o algún personaje real?
L: Son mi versión de la Liga de la Justicia. Mis Súper-amigos: Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Linterna Verde, la Chica Halcón y el Detective Marciano.
S: Cuando creás tus personajes ¿Hay algún escritor en particular en quién te inspires? ¿o alguna serie o película?
L: Están presentes –siempre- las enseñanzas de mi maestro en el oficio y en esta vida elegida, Alberto Laiseca.
S: Vos tenés un hijo que se llama Ramón, ¿no? ¿Tiene algo que ver con Monchi, el hijo de Nafta Súper?  En algún punto ¿quisiste dejarle un mensaje desde la literatura, desde el desarrollo de este libro, a tu hijo?
L: Si, Monchi está basado en MI Monchi. Creo que escribir “Kryptonita” fue la forma de pedirle perdón e intentar contarle porqué no pude ser un padre tradicional para él. Que lo amo. Y que lo extraño mucho cuando no estamos juntos.
S: Si tuvieras que seguir la historia ¿Qué sería de la vida de Monchi?
L: Se iría de su lugar de origen. Lejos. Bien lejos. Como lo hizo mi hijo.
S: Y por último, y esto no tiene que ver con el libro en sí. ¿Cuáles son los tres libros policiales de otros autores que le recomendarías a alguien que se interese en el género?
L: Bien old school, y por eso como lector de policiales mucho más que celebrado, “La aguja en el pajar” de Ernesto Mallo, “Sueños de perro” de Guillermo Orsi y “Monstruos perfectos” de Miguel Ángel Molfino.

jueves, 18 de octubre de 2012

Pastilla en El Guardián


"Uno de los escritores más destacados de la novela actual incursiona en la literatura infantil con éxito. Se trata de Leonardo Oyola, que en este libro dirigido a chicos mayores de 9 años, trabaja con los vínculos de padre/hijo con ternura y sensibilidad". 

Pastilla sobre SOPAPO publicada en la sección de libros de la revista El Guardián del jueves 18 de octubre de 2012.

martes, 16 de octubre de 2012

Joy Division


viernes, 12 de octubre de 2012

lunes, 8 de octubre de 2012

El Tigre 2012


viernes, 5 de octubre de 2012

Oasis


(Por Rodrigo Fernández). "Siempre arranco pensando en una columna vertebral, que es un policial, pero después se va nutriendo de lo que necesita a la historia y luego le doy para adelante", dijo Leonardo Oyola en diálogo con EL POPULAR luego de la presentación de su última novela. Sentado entre las butacas del salón del Concejo Deliberante luego que el público se retirara, Oyola contó que ser escritor "me agarró sobre la marcha, laburando". "Cuando menos lo esperaba, estaba embarcado escribiendo una novela, la mandé sin pensarlo dos veces a un concurso, fui finalista, obtuve una mención, se publicó y después fueron pasando otras cosas en la vida, un poco más amargas", dijo, y recordó que "laburándolo en terapia me hicieron ver que era una oportunidad para realizarme haciendo algo que quisiese. Desdramatizar el tema de haber perdido el laburo, de la separación. Le apunté todos los cañones a esto, que me traía mucha paz".


"No sólo el tema de publicación, sino invitaciones a charlas. La primer charla que di en mi vida fue en España", evocó, y aseguró que "empezó todo como un efecto dominó y como dicen los pibes: no lo pensás, lo hacés. Creo que por suerte se dio y soy un tipo muy feliz". 



Si bien la carrera literaria de Leonardo Oyola empezaba a despegar, su lanzamiento oficial iba a llegar con el premio obtenido en la Semana Negra de Gijón por su novela "Chamamé". El autor reconoció que ese libro le cambió la vida. "Sobre todo la escritura de ese libro. Porque en un momento en que lo había perdido todo, haber escrito 'Chamamé' me terminó dando de todo. No sólo esta carrera, no sólo esos reconocimientos y los viajes, sino incluso hasta una pareja", y señaló a la escritora Alejandra Zina, autora de la novela "Barajas", que lo esperaba a un costado.

Los personajes de Oyola, si bien navegan en las aguas de lo marginal, tienen un férreo código de la amistad. Valores de barrio como la lealtad, la confianza o la palabra. "Todo lo que enumeraste anteriormente salió también de terapia", dijo el escritor, y sostuvo que "por ahí las dos primeras novelas eran un poco más tradicionales, pero lo que quise trabajar después era lo que me jodía: la traición, pero sobre todo el tema de los códigos".

Eso lo encontré siempre en las personas más humildes, que incluso no tiene una instrucción académica, que se aferran a cosas puntuales. Una de esas tiene que ver con valorar la amistad, valorar al otro. Me parece que de una manera inconsciente empezó a aflorar y mucho", apuntó, y agregó que "me gustaba ese tema. Tratar de recobrar eso que vi en la gente humilde, que es donde nos tocó crecer, donde hubo un momento que me tocó volver y que ahora a la distancia no sólo es la forma de honrar, sino de decir que es lo que quiero para todo, aplicarlo a todo". 



En "Krytonita", un grupo de delincuentes llegan con una herido grave una noche a la guardia de un hospital del Conurbano y se atrincheran hasta que llegue la madrugada. El libro tiene continuas referencias al mundo del cómic y Oyola contó que la idea surgió charlando con Juan Sasturain. "Me habló de ese tema y de una historieta de Superman, 'Hijo Rojo', en la que el tipo caía en la Unión Soviética y terminaba siendo un ícono del comunismo. Entonces empecé a pensar en llevarlo a Casanova, no como un chiste sino a ver qué onda y por qué". "El tema era, y que creo que siempre lo trato de poner en todos mis libros, que no tenés que mirar el pasado con odio. Tenés que estar en paz con quien fuiste, con lo que hiciste. Si querés volver al pasado y querés enmendar las cosas que hiciste mal, vas a hacer otras. Que no sea una cruz, tampoco si fue fulero que lo mires con una sonrisa pero que entiendas que fue pasado y que vos sos movimiento. Sos de ahora para adelante", sostuvo el escritor, que adelantó que ya casi tiene listo el borrador de su próxima novela: "Ultratumba". La trama transcurre en una cárcel de mujeres durante un motín, donde dos pabellones se disputan el control. En el momento que menos esperan el pabellón D, donde los internas con enfermedades terminales o problemas graves de adicción son enviadas a morir, resucitan. "Quería hacer una novela de zombies con la estructura del spaghetti western", finalizó.

Para leer en su sitio original, pinchar acá.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Contratapa (texto)


Siete & el Tigre Harapiento es el primer libro de Leonardo Oyola, ganador del Premio Hammet 2008 a la mejor novela negra en español. Policial ambientado en el Buenos Aires de 1897, en el mundo de conventillos, burreros y delincuentes, la Orquesta del Gato Cabezón se sube a los escenarios porteños y hace bailar a los más desdichados. Pero de sus instrumentos no salen milongas, sino sangre y ruegos de perdón. En este universo con guiños al folletín, de personajes bestiales y crueles, un solista canta finales trágicos y mensajes enigmáticos que deben ser descifrados por el inspector Vals y su aprendiz. Gatos, tigres, hienas, sabuesos y gallos compiten para subsistir entre asesinos y corrup­tos, a ver quién se queda con el hueso.

Para leer en la página de la editorial, pinchar acá.

martes, 2 de octubre de 2012

Superhéroes sueltos


En el marco de la IV edición del Festival de historieta Viñetas Sueltas, el dibujante Max Aguirre entrevistó a Leonardo Oyola por los cruces entre historieta y literatura en su novela Kryptonita.


(Por Florencia Parodi) La cuarta edición del Festival Internacional de Historietas Viñetas Sueltas, que pone el acento en la producción argentina y latinoamericana, se desarrolla desde el domingo pasado en seis sedes distintas: Malba, ECUNHi, CCEBA, Alianza Francesa, Centro Cultural Coreano y Tecnópolis. La primera jornada estuvo dedicada al cruce entre la historieta y la literatura, y en ese marco tuvo lugar la entrevista en la que el dibujante Max Aguirre interrogó a Leonardo Oyola por su novela Kryptonita, donde el cruce entre estas disciplinas es fundamental. La novela parte del concepto de “Elseworld”, es una adaptación de la historia de los superhéroes de DC llevada al escenario de La Matanza. Max y Leo se conocen hace mucho, los dos crecieron en Casanova y vinieron a Capital para trabajar, así que la entrevista tuvo un tono todavía más amistoso que el que suelen generar ellos en cualquier lado.

Atrás del sillón donde estaban sentados entrevistador y entrevistado se proyectó un continuum de videos de los ochenta: Europe, los Guns, Madonna, “Moonwalker” de Michael Jackson, Creedence y Genesis fueron algunos de los que pasaron por la pantalla. Además, durante la charla Oyola citó a Sting para explicar la circunstancia que atraviesan los personajes de la novela y contó una efeméride trucha que dice que las favelas nacieron en el primer Rock in Río, cuando Scorpions tocó una versión de “Aún te amo” de veinte minutos y el público del Maracaná se reprodujo instantáneamente con los que tenían cerca. “Me parece que a veces lo literario es muy solemne y que no da hacerse el otro. ¿Qué fueron las cosas que nos formaron a nosotros? Obviamente leer, también leer mucha historieta, y este tipo de canciones. Nos poníamos botas texanas JR, íbamos a los videobar, pasaban este tipo de música y ahí empezaba la tarea de escritor, porque ahí empezabas a chamullar”.



En ese marco de recuerdos ochentosos la entrevista arrancó con una pregunta por el germen de Kryptonita, algo que se puede rastrear ahora que el libro está terminado. Lo primero que el autor identificó como raíz fue un grupo con el que se reunía hace ocho años, cuando todos estaban haciendo sus primeras armas en la literatura. Se llamaba Sociedad Misantrópica del Buje Limado, estos últimos dos términos como eufemismo consciente de que “había que pelarse el culo para vivir de esto”. Cuando se estrenó la primera Batman de Nolan uno de los integrantes de la Sociedad les hizo notar a los demás que Christian Bale nació en el 74 y que por lo tanto era la primera vez que iban a ser más viejos que Batman. Con eso les arruinó la noche, cuenta Leo. Tiempo después otro de los miembros, crítico de cine, encontró un prólogo de Frank Miller para la edición de los diez años de El Regreso del Señor de la Noche donde decía que le había pasado lo mismo: cuando se dio cuenta de que era más grande que Batman no lo pudo tolerar, entonces se puso a escribir.

Pero el planteo del proyecto en el caso de Oyola fue, según él, más mercenario. La editorial le había hecho un contrato abierto y le pedían una línea para saber de qué iba la novela. Él no tenía nada escrito pero incentivado por el adelanto y a partir de una charla que había tenido con Sasturain, les dijo que iba a tratar sobre un superhéroe pensando que iba a ser Batman. Después se hizo cargo de que las primeras películas que vio y lo que más lo movilizó fue el tema de Superman: “Hilando un poco fino, el asunto de que al tipo que es aparentemente indestructible lo único que es capaz de matarlo son los restos del lugar de donde vino”. Recién instalado en Capital y recién decidido a dedicarse a la escritura, Oyola pensaba en el ancla que puede llegar a ser el lugar de origen. “¿Qué era para nosotros, siendo de Casanova, la kriptonita? Quedarnos allá”, le dijo a Max.



Una vez que encaró la novela vino la idea de narrarla desde un médico nochero y armar la banda del protagonista de la historia con personajes que fueran sus relecturas de Batman, Flash, Linterna Verde, la Mujer Maravilla, la Chica Halcón y el Detective Marciano. Quiso “contar la historia de este tipo sin nombrar nunca que era Superman; hacer todos los guiños y ser híper respetuoso con el lector de comics, pero no dejar a nadie afuera de la fiesta”. Es decir que la idea inicial fue armar un híbrido con la reescritura de la historieta mezclada con cosas propias (Oyola se hace cargo de queKryptonita es su novela más autobiográfica).

Max Aguirre se dirigió al público y recomendó el libro a los historietistas especialmente, porque son los que pueden entender todos los guiños que tiene –aunque estos no sean indispensables para la lectura–. “Kryptonitaestá escrito por un obsesivo fanático de la historieta, del cómic americano, así como del cine”. Aunque imite la estructura y ciertos episodios de la vida de Superman, el derrotero del personaje de Leo es otro. El dibujante confesó que la división entre bien y mal que hay en la tira y la idea de bien tan asociada al orden establecido es algo que lo aleja, y le preguntó a Leo por qué tomó la decisión de hacer de Nafta Súper el líder de una banda de delincuentes. La razón pasa por su premisa de no juzgar a los personajes. Al igual que en la mesa sobre Imaginarios suburbanos que tuvo lugar en el mismo auditorio en el Filba del año pasado, Oyola explicó que es consciente de estar narrando un fragmento de la vida de ellos y que a todos nos ha tocado, en distintos momentos, actuar del bueno o del villano invitado, no es algo definitivo. “A estos personajes los quiero mucho porque tienen bastante de mi hermano y de gente con la que uno supo ranchear”. Nafta Súper nunca habla, su historia se reconstruye a través de los otros, que están ahí porque deciden aguantarlo la noche en la guardia y prefieren exponerse en vez de dejarlo morir porque son una familia en los términos en los que la entiende el autor: aparte de lo sanguíneo, los amigos escogidos. Por eso, dijo, se saca el sombrero. En este sentido otro factor que tuvo en cuenta del Superman de la historieta pero sobre todo del de la película de Donner es la relación padre-hijo, no solo biológica, sino también la adoptiva. Leo contó que mientras escribía la novela su hijo creció rápido y empezó a hablar, entonces también exploró con la escritura su relación con él.



Oyola considera que la historieta atraviesa un momento celebratorio: resaltó que la distribución creció, que ocupan mesas en las ferias, y que de hecho esa misma jornada del Festival con tres actividades en el Malba lo comprueba. “Todo esto es como esa frase de Arlt: “prepotencia de trabajo”, dijo. Le parece genial la tribu que se armó, cómo se empezó a laburar y que la historieta tenga entidad, no para que la cultura sea popular, sino para que se pueda elegir.

La última pregunta de la entrevista apuntó a los libros por venir. Leo contestó que está escribiendo una novela que se llama Ultratumba, que transcurre en un penal de mujeres y es la historia de una separación entre una reclusa y una guardia cárcel, no desde lo más íntimo sino en ese escenario. “En el medio se arma un motín y se mete un elemento fantástico. En muchos penales hay un pabellón no declarado: el pabellón donde dejan a los enfermos en fase terminal de una enfermedad infecto contagiosa y a los adictos al Paco, que lamentablemente tienen mucha similitud con el zombie”. En la novela va a plantear qué pasaría si esta gente que es consciente de que la están dejando morir ahí volviera con esa rabia. Una novela con zombies que tampoco va a nombrar a los zombies, cuyo hilo principal va a ser la historia de amor en ese escenario. “Vos siempre en esos ambientes tan agradables”, lo acusó, irónico, Max Aguirre. Igual de la mano de Oyola, calle, hospitales o penales, historia e historieta, siempre da gusto. Al final de la charla pidieron una foto desde atrás del sillón para que los padres les creyeran que no fueron a visitarlos el domingo porque tenían que hablar frente a un auditorio. Está documentado.