viernes, 21 de octubre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
Tras las huellas del policial
22 DE OCTUBRE - 18.00 CCEBA Sede FLORIDA 943
Participan JUAN SASTURAIN, LEO OYOLA y MERCEDES GIUFFRÉ Una iniciativa de AECID
SASTURAIN, GIUFFRÉ y OYOLA se reúnen para conversar sobre el policial, sobre sus alcances y sus propios libros, en una experiencia inédita donde el público podrá participar desde cualquier lugar del mundo, haciéndo preguntas por facebook, teléfono y skype.
Los esperamos.
martes, 18 de octubre de 2011
Este miércoles en Eterna Cadencia
Este miércoles 19 a las 19 vamos a estar con la Flaca hablando de nuestras novelas y de eso que nosotros hacemos en ETERNA CADENCIA. La charla va a ser moderada por el amigo Patricio Zunini y la idea es encontrarnos con todos los que se puedan dar una vuelta a conversar con nosotros de esos temas que muchas veces pisteamos por acá. O sea que la consigna es: no por face sino face to face. Los esperamos. Primero en la librería después adonde nos lleve la caravana a cervecear.
Librería Eterna Cadencia.Honduras 5582. Casi esquina. Fitz Roy. Palermo.
domingo, 16 de octubre de 2011
Malandras poderosos
(Por Gabriel Muñoz Asquini). Un herido llega a la guardia del Hospital Paroissien de Isidro Casanova. Su estado es crítico. Un enemigo le ensartó el pico de una botella en la espalda y el médico de guardia debe recurrir a medidas extremas para salvarlo. Es de madrugada, el herido está inconsciente. Se lo conoce como Nafta Súper: líder de una de las bandas más feroces del Conurbano Bonaerense. La policía merodea por los alrededores del hospital. En la sala de guardia, los secuaces de Nafta Súper esperan desesperados a que se recupere su jefe. MIentras tanto se preparan para un posible enfrentamiento con los patas negras.
Pero Nafta Súper no es un hombre común. No es un mortal más entre tantos mortales. Oscuros poderes lo ayudan a sobrevivir en ese mundo en el que un balazo en la cabeza es el mejor modo de terminar con una disputa.
Sin duda, Kryptonita, el último libro de Leonardo Oyola autor entre otras novelas de Chamamé y Siete & el Tigre Harapiento, es uno de esos libros que se leen de un tirón. Sin pausas. Con el mismo ímpetu de principio a fin. Coloquial, popular o como quiera que se le llame, el estilo de Oyola vuelve a pasear al lector, como si se tratara de una excursión, por esos mundos y esas mentes que solo se encuentran en los barrios pobres de Buenos Aires. Los personajes parecen reales. Las situaciones nada tienen de ficticias; salvo aquellas donde la imaginación de Oyola les mete una vuelta de tuerca que te dejan con la boca abierta.
Y si algo faltaba para completar el combo, por lo bajo y a veces a los gritos, el autor desgrana en cada párrafo una realidad que rara vez muestran los medios de comunicación y que afecta a millones de argentinos. Pobres o no tanto. Sin ir más lejos, todo el primer capítulo es un ejemplo de ello.
Publicado en la revista MAXIM Nro.86. Octubre de 2011.
viernes, 14 de octubre de 2011
100% comiquero
(Por Andrés Accorsi). Desde que empecé este blog, y por lógicas cuestiones de tiempo, mi relación con las otras artes cambió bastante. Al cine directamente renuncié. Desde Enero de 2010 hasta hoy fui tres veces al cine y, fuera de eso, habré visto otras… ocho películas, en micros o aviones, nunca en mi casa ni en casas de amigos. Con la literatura, en cambio, me cuesta más dejarla y siempre termino por hacerme un huequito para leer alguna novela, aunque sea de a cachitos, en los subtes o los bondis. Hoy, una novela se coló en un blog de cómics…
Publicado en 365 CÓMICS POR AÑO.
miércoles, 12 de octubre de 2011
El Pini con la chica del hilo dental
"Protagonista central de la nueva narrativa nacional, Oyola enmarca la historia de esta novela corta en el Oeste del conurbano bonaerense. Alli, a la guardia de un hospital llega herido de muerte el líder de una banda criminal con rasgos de superhéroe".
Una pastilla en la revista PLAYBOY de este mes.
Una pastilla en la revista PLAYBOY de este mes.
martes, 11 de octubre de 2011
¿Qué pasaría sí...
(Por Pablo Toledo). Es de noche en la guardia del hospital Paroissien de Isidro Casanova, una parte fea del Gran Buenos Aires. Un nochero (los médicos "extraoficiales" que por unos pesos cubren las guardias de los médicos que se supone están de turno) está por terminar su tercer día sin dormir y no puede pensar en nada más que en ir a casa y tragar un puñado de pastillas que le den un sueño que es cualquier cosa menos lleno de paz. Fue una noche movida pero se está por poner peor: llega un paciente con una herida extraña y varios amigos extraños a la saga. Es Nafta Súper, uno de los criminales más peligrosos de la zona, y sus amigos son los demás miembros de su banda. Se vacía la guardioa de pacientes y médicos, la policía rodea al hospital, y el doctor recibe instrucciones claras: mantené con vida a Nafta Súper hasta el amanecer o sos hombre muerto. Pero Nafta Súper no es un ser humano común... de hecho, ninguno de sus amigos lo es.
Los "elseworlds" son una afianzada tradición de los comics y las novelas gráficas, una que ubica a héroes conocidos en contextos alternativos (un Batman pirata de capa y espada, Súperman como Tarzán, Linterna Verde en el Lejano Oeste, etc.), y Kryptonita es un tributo declarado a los superhéroes a través de un elseworld muy argentino. Aquí, Nafta Súper es Súperman y sus "socios" son los miembros de la Liga de la Justicia (la Mujer Maravilla, Batman, Linterna Verde, etc.). Hay reconstrucciones de sus historias de vida, y hasta relatos de algunas de sus aventuras más famosas (como la serie de DC de la Muerte de Súperman de 1996), y la representación es precisa hasta con sus rivales y debilidades secretas. Esta es apenas una de las referencias pop de la novela, llena de alusiones al rock/pop de los 80, al a cumbia y a los códigos de la calle suburbana. Eso sólo la convertiría en una rareza en un mundillo literario que sabe más de filósofos franceses que de los pasillos de las villas miseria. Pero para Oyola (el autor de Chamamé, Gólgota y Siete & el Tigre Harapiento, entre otros) es "lo de costumbre": se especializa en historias suburbanas vertiginosas en las que delito, acción y violencia se mezclan con fantasía y mafia, empapadas de un clima hecho de referencias al pop y rock y personajes fuertes con raíces muy profundas en la realidad. Se lo llamó un novelista negro, y ganó el primer premio en la Semana Negra de Gijón, pero su paleta (por más oscura que sea) tiene muchos otros matices.
Y Kryptonita es el ejemplo perfecto, un guiso en el que todos los ingredientes no pueden venir más que de su pluma. La historia es directa (Nafta Súper fue traicionado por su némesis, deben sobrevivir la noche peleando con la policía y demás), pero el hecho de que los personajes tengan "algo más" transforma a la historia en algo más. En el mismo acto, pone de cabeza aquel viejo dilema de la ficción policial argentina, que es negra por definición porque en estos pagos es difícil distinguir a los criminales, los jueces y el gobierno (un problema sobre el que El secreto de sus ojos y Betibú, de Claudia piñeiro, hicieron foco, por mencionar sólo dos ejemplos recientes y bien conocidos): si esto sucede con los detectives locales, ¿qué le pasaría a un superhéroe argentino? Si sacamos al último hijo de Kryptón de Smallville, ¿va a crecer honrado y defensor de la ley? ¿O escribirá su propia ley? Éste descubrimiento solo, y traer estos temas a un ambiente literario que no tiene un Michael Chabon que ensalce sus héroes pop, hacen que valga la lena leer el libro.
Pero, por más vertiginosas y duras e imaginativas que sean las historias, hay momentos en los que el relato se suelta y se le va de las manos a Oyola, recargando una trama a la que le vendría bien ir derecho y rápido como una flecha con largos desvíos de flashbacks e historias pasadas de los personajes. Los desvíos en sí son atrapantes, el universo ficcional es sólido y las voces que usa para contarlo son interesantes para explorar, pero cuando varios capítulos de 10 páginas nos quitan de la trama principal en un libro de 215 páginas llega un punto en que el lector dice "está todo muy bueno, pero lleváme de vuelta al tipo que se está muriendo en la camilla del quirófano y a los bonaerenses armados hasta los dientes afuera del hospital."
Si el escritor es el padre de la novela, se podría decir que a veces Oyola es un padre permisivo al que le encanta ver las destrezas de su hijo habilidoso y se niega a tirar de las riendas o editar su producción, Y una imaginación desbocada contando una historia salvaje requiere de una mano firme para controlarla y darle forma, o la misma fuerza del potencial narrativo termina por ir en contra de la efectividad de la historia: si Tolkien dejó tantos cuadernos con historias laterales inconclusas de la Tierra Media y Sussannah Clarke extendió el universo de su Jonathan Strange & Mr Norrell en algunos cuentos de The Ladies of Grace Adieu, es porque se dieron cuenta del potencial del mundo imaginario que habían creado pero también de que todas esas historias no cabían en el marco de las novelas (y esos eran libros mucho más extensos que Kryptonita).
Pero ninguna de estas cosas anula el hecho de que es una novela notable, una que pide a gritos más parentela: si fuera la primera de su clase y se pudiera algún día llenar un estante con historias de calibre similar escritas por Oyola y otros escritores argentinos, yo como lector me daría por contento y la literatura argentina se vería muy enriquecida. No estamos frente a "The amazing Adventures of Kavalier & Klay" de Michael Chabon, ni tampoco a un "American Gods" de Neil Gaiman, pero es un buen primer paso en esa prometedora dirección.
lunes, 10 de octubre de 2011
Lo que pasa después de hora
(Por Enrique Butti). Una madrugada en la guardia del Hospital Paroissien de Isidro Casanova. Un médico de guardia espera que se cumplan las últimas cuatro horas de las sesenta y ocho que viene cumpliendo como nochero, es decir, cubriendo los turnos de otros médicos que se permiten ausentarse de su trabajo, previa “vaquita” para pagar a quien los suplanta. Y sucede que este 29 de junio de 2009 verá llegar a la banda de Nafta Súper, llevando a su agonizante jefe, y amenazando al médico con que morirá si no lo salva. A lo largo de esas horas, y en medio del acoso policial, se presentan y confiesan los integrantes de esta increíble, inolvidable banda: el moribundo Nafta Súper, ya resucitado de anterior muerte; Lady Di, un travesti; la paraguayita Cuñataí Güirá; Federico; Juan Raro; el Faisán; Ráfaga y el Miguel, el perro fiel de Nafta Súper.
—La singularidad de Kryptonita, al menos en una primera impresión, es que su nivel bizarro, con no pocos aspectos fantásticos e historietísticos no impide que prevalezca un fuerte, verosímil sentido de realismo...
Si bien la palabra bizarro no me es antipática y entiendo y tampoco molesta que se vea así; preferiría pensar más en una sensación como “después de hora”. En la que pasa todo lo que nosotros habitualmente no tenemos conocimiento por estar en esos instantes dormidos. Que no lo veamos no necesariamente significa que no exista. Para la mayoría de los mortales es algo raro cuando para los que viven de madrugada es de lo más ordinario y conocido… tristemente conocido.
—El tema, los sucesos, los personajes se ajustan al carácter de lo que ha dado en llamarse “realismo duro” o “sucio”, una suerte de subgénero del policial negro. Pero en Kryptonita hay algo casi prohibido para quien se ajuste a la “corrección” de sus parámetros: la irrupción, permítame llamarlo así, del sentimentalismo (Lady D que habla al agonizante; el personaje de Nilda, la enfermera, etc.), un sentimentalismo muy efectivo que usted quizás sepa definir de una manera más justa.
Gracias a Lady Di nosotros terminamos siendo cómplices, como lectores, de Nafta Súper. El amor que le tiene ella es el motor que nos hace ver al delincuente de otra manera: mucho más humana y, por ende, cercana. Como usted bien dice, en el género más ortodoxo, por ahí no está bien visto que uno, coloquialmente hablando, largue los mocos. Lo mismo para los que se ganan el asfalto. Pero con una mano en el corazón –si vamos a la que es, dirían los pibes- uno siempre es mucho-mucho pero mucho más tiernito de lo que admite.
—Otras irreverencias dignas de festejarse en su novela son la capacidad de introducir una mística de la música y del baile, una conmovedora épica de la amistad y hasta discursos religiosos.
Y en mucho de eso entra lo autobiográfico. De todas las novelas que escribí esta claramente es la que más se nutre de uno. En la que me siento… no se si la palabra que le hace justicia es expuesto. Desnudo por ahí. Ojo: no me agarraron por sorpresa y con los pantalones bajo. Yo solito me quité la pilcha. Fue prestarle a los personajes cosas que uno tiene en su prontuario. Después tunearlas para que fueran de ellos y, ya no más, mías. Les dio vida. Y yo, como autor, pude desdoblarme de sus figuras.
—El habla de los personales de la banda utiliza términos, tics, muletillas cuya existencia podríamos constatar en una registración magnetofónica de determinados ambientes, pero si nos resulta verosímil es porque evidentemente deviene de una reelaboración, o mejor invención, que es una de las grandes tradiciones de la narrativa argentina, de Denevi a Cortázar, y de Bioy Casares a Puig.
Es una apuesta. Poder utilizar la jerga a pleno sin dejar a nadie afuera del argot que manejan los personajes, porque considero que a fuerza de repeticiones y contexto se los llega a entender bien sin la necesidad de poner notas al pie. Estoy muy enganchado con estos procedimientos del habla, muy efímeros por sus referencias y por la velocidad de estos días. Pero por más que tengan fecha de vencimiento me parecen necesarios y me da un goce enorme poder plasmarlos en el momento en el que estoy contando estas historias.
—Los títulos de los capítulos son en forma de versos, y sólo parecen adquirir su real dimensión cuando se los lee como formando un único poema en el índice. ¿Es así?
Totalmente. Es un vicio y también una cábala de cada vez que me pongo a escribir una novela. Encontrar algo que una toda la estructura. En Siete & el Tigre Harapiento usé un disco de Duran Duran para titular sus capítulos. Para Hacé que la noche venga series del far west. En Chamamé una canción de Bon Jovi. En Gólgota los misterios para rezar el rosario. En los libros de la Víbora Blanca como salen las cartas para adivinar el futuro. En el índice de Kryptonita se lee la letra de un clásico de Poison -“Ride the wind”- reescrita en su traducción y bastante tuneada para lo que quería contar. De hecho esos versos, y la oración final al hijo, son las únicas oportunidades que tenemos de escuchar la voz de Nafta Súper.
sábado, 8 de octubre de 2011
Súper acción
"Kryptonita, su octava novela, es un cóctel letal de policial negro y cómic suburbano". Matías Capelli escribe en la revista Inrockuptibles de este mes sobre Nafta Súper y su banda.
La excelente foto de la sección retratos la sacó Lola García Garrido.
viernes, 7 de octubre de 2011
"El sueño del pibe"
Leonardo Oyola, autor de la novela Kryptonita, cumplió en la ficción el sueño de un delincuente: tomar la leche con Carozo, el legendario títere de la televisión. En esta entrevista con Cukmi, el Tigre Oyola habla de la relación de la merienda y la infancia, y de las ilusiones que despierta la televisión en los niños. Al final de la entrevista se encuentra el capítulo completo disponible. Gentileza Random House Mondadori.
Y al amigo Julián Gallo: gracielaaa...
jueves, 6 de octubre de 2011
Superman from the hood
I don’t usually get caught by surprise by local authors, but Leonardo Oyola’s novel, Kryptonita, did the trick for me. Told from the perspective of a faux-doctor who, whilst doing the night shift in a public hospital from one of the roughest areas of Buenos Aires, is forced to tend to a wounded gangleader (Nafta Super) that needs urgent treatment.
When the stories of the gangmembers and their superpowered leader are being told, the immediate nods to the well known Superman comic book stories start being unravelled in front of our eyes. A well told tale, deserves a read in the original Buenos Aires lingo – hopefully will be translated to English soon enough! More exciting than the new Hollywood Superman movie…
When the stories of the gangmembers and their superpowered leader are being told, the immediate nods to the well known Superman comic book stories start being unravelled in front of our eyes. A well told tale, deserves a read in the original Buenos Aires lingo – hopefully will be translated to English soon enough! More exciting than the new Hollywood Superman movie…
Vía Are we there yet?
Thank you very much, my friend.
miércoles, 5 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
Biografía polifónica y radiografía matancera
(Por Gustavo H. Mayares). Con todos o casi todos los guiños a la cultura popular y con aires de comic y de western conurbano, Kryptonita es la biografía polifónica de Nafta Súper (Pinino), cuya historia se va develando a lo largo de la novela para reconstruir vida y obra de este singular personaje a través de las diferentes voces de la banda que lidera, mientras agoniza en la camilla de la sala de emergencias del hospital Paroissien, en Isidro Casanova.
Allí, mientras su jefe y compañero sufre por la herida que le han infringido con un pedazo de vidrio verde, Lady Di –la travesti enamorada–, Ráfaga, Juan Raro, el Faisán, el Señor de la Noche (como diría Alejandro Soifer en Página 12: “Los Súper Amigos en versión ‘mala vida’”) van tratando de explicar, de hacer entender al médico de guardia (el “Doctor González”) por qué debe salvarlo y por qué, finalmente, no se trata de un delincuente sino de una especie de héroe o, más bien, de antihéroe que una serie de causalidades colocaron donde está, en el oeste del Gran Buenos Aires.
Se trata de mantenerlo vivo hasta que salga el sol para que así pueda resurgir de su agonía y rechazar a la Policía Bonaerense que ha rodeado el hospital con el único objetivo de aniquilar a la banda, cueste lo que cueste.
Y es a través de ellos, de las voces que construyen el relato, la biografía apócrifa, que inclusive uno, el lector, va tomando conciencia de que nadie es quien es por haber nacido como y donde nació (aunque, en este caso, tengamos en cuenta las particularidades de Pinino), sino que la personalidad –las personalidades de los diversos personajes– se va construyendo con el devenir casual y causal de tiempo y espacio. Nafta Súper, como cualquier hijo de vecino y aún siendo un ser especial, es hijo del contexto, fue condicionado por él, por el sitio y la circunstancia que la suerte le deparó: La Matanza.
Y, al mismo tiempo, esas mismas voces que relatan al médico inocente van trazando la radiografía de una sitio, de un contexto, que pocos conocen más allá de la General Paz y por eso, por desconocimiento liso y llano, temen.
También, como trasfondo (en la superficie están Pinino y su historia y La Matanza, el casi lejano oeste) se perciben en la novela los “modos” que cada clase social adopta ante una circunstancia poco menos que increíble. El médico, de clase media (baja), se permite el prurito moral, la cobardía. La enfermera (Nilda), de algún modo representando al proletariado conurbano, matancero específicamente, al contrario, exhibe el heroísmo pertinaz e inconsciente que acaba hermanándola con los desclasados, incluso a riesgo de la propia vida.
Editada por Mondadori, la nueva novela del escritor argentino Leonardo Oyola es entretenida y está magníficamente escrita dentro de los cánones que se ha propuesto el autor: la literatura popular, la novela de consumo masivo con aditivos “cultos”. La historia llama la atención por sí misma.
lunes, 3 de octubre de 2011
Analogía entre Súperman y La Matanza
Con una fuerte crítica social de por medio, los personajes heroicos de historieta, por un lado, y su hábil manejo del género policial, por el otro, Leonardo Oyola trae a las librerías su última publicación.
Hay veces en las que romper con el molde y proponer situaciones nuevas ayuda a generar una nueva visión. Pero esto no siempre es factible de aplicación en la cotidianeidad de cualquier persona. Sin embargo, no hay duda de que la ficción es el mejor elemento para llevar esta acción a cabo. Pues, esta decisión fue la que tomó el escritor matancero Leonardo Oyola con su obra Kryptonita.
¿Por qué elegiste La Matanza como escenario?
Porque yo nací y me crié en Isidro Casanova, en el barrio Los Pinos. Mi intención era tomar personajes populares y prestarles mis vivencias, las alegrías y las tristezas por las que pasé, como así también, los ambientes por los que anduve. Quería un libro que oliera a las calles que tan familiares me fueron durante mucho tiempo y a todo lo que yo recordaba. Sin duda es la novela más autobiográfica que escribí.
Desde la técnica literaria, ¿en qué se distingue de las demás novelas?
En Kryptonita, hay un trabajo muy minucioso con la personalidad, porque, si bien hay una voz narradora principal, que es la del médico, el lector puede conocer la historia del protagonista a través de lo que cuentan los miembros de su banda. Esto implica trabajar voces múltiples de manera continua y dejar de contar la historia de un modo lineal.
Asimismo, el escritor comentó que siempre le llamó la atención que los restos del planeta de origen de Súperman, Krypton, sean los elementos que lo debilitan. Es por eso que le dio un giro al tinte perjudicial de la Kryptonita y la hizo presente de una manera simbólica y abstracta. “En este caso, lo que debilita a Súperman no es una extraña piedra, sino lo que lo rodea. Pensé que, si en lugar de intentar volar luego de caer herido, se hubiese quedado en el barrio tirado en una esquina y tomando alcohol, eso iba a ser su propia kryptonita”.Otra de las particularidades que presenta la obra es que los nombres de cada uno de los “Súper Amigos” mantienen una conexión con personajes clásicos del cómic y con los códigos del western, género cinematográfico predilecto de Oyola. Tanto es así que, por ejemplo, Flash es nombrado como “el Ráfaga”, Linterna Verde es “el Faisán”, el Detective Marciano es Juan Raro y Cuñataí Güirá es la Chica Halcón, entre otros.
Marca registrada
Mediante un extraño ritual que mantiene hace años, Oyola se tatúa en diferentes partes del cuerpo el título de la novela que acaba de escribir. “Fue idea de un amigo que me lo propuso cuando no podía terminar una de mis primeras novelas por un mal momento personal. Vio que era una forma de comprometerme”, explicó.
En paralelo
Además de su continua actividad como novelista, Oyola colabora con la revista Rolling Stones como crítico de cine. También escribe relatos que son publicados por diversos periódicos de España y coordina un taller literario con alumnos interesados en la literatura.
domingo, 2 de octubre de 2011
Batman, Súperman y los Pibes Chorros
(Por Nicolás Mavrakis). Si la literatura puede pensarse como un artefacto capaz de resignificar el mundo a través de la construcción de un universo de sentidos propios, Leonardo Oyola (Buenos Aires, 1973) está entre esos nuevos escritores que ya pusieron en marcha un horizonte y un lenguaje personal para lograrlo. Autor de historias donde el suspenso y el misterio se entremezclan con un género policial marcado por el eco de una larga experiencia autobiográfica en el oeste del Conurbano Bonaerense, Gólgota (2008, recién traducida al francés), Santería (2007) y Chamamé (2007, Premio Dashiell Hammett en España) son de esas pocas novelas argentinas que supieron hacer del realismo sucio post crisis de 2001 y de la marginalidad un universo de voces propias.
Oyola no escribe como quien le propone a la metrópoli un tour sensible y sociológicamente volátil por la castigada periferia bonaerense, sino como quien retrata existencias capaces de interpelar más allá de lo anecdótico y lo superficial. Fiel a ese universo, Kryptonita propone un giro: ¿qué pasa cuando los objetos culturales de la metrópoli son “absorbidos” por esa periferia? ¿Qué nuevas voces se activan? ¿Y qué se vuelven capaces de decir? Sería inútil (pero muy posible) pensar Kryptonita como una novela de tesis sobre la que orbitaran conceptos como los “híbridos culturales”, acerca de los que escribió el filósofo Néstor García Canclini. Inútil porque a Kryptonita no le interesa narrar abstracciones, sino las castigadas vidas terrenales de los integrantes de la banda criminal de Pinino –apodado “Nafta Súper”–, mientras le dejan entrever a un azorado médico del Hospital Paroissien, en Isidro Casanova, que no son más que una liga de superhéroes, con sus propias versiones de Superman o Batman, enfrentados a su vez con versiones autóctonas de archienemigos como el Guasón.¿Qué ocurriría si los personajes más famosos del comic mundial hubieran nacido entre pibes chorros en los peores rincones de La Matanza y no en sus habituales ciudades cosmopolitas y anglosajonas? ¿Quiénes serían sus enemigos? ¿Cómo codificarían el bien y el mal? ¿Cómo opondrían sus poderes ante las oscuras fuerzas de la redistribución de la riqueza o la Policía Bonaerense? ¿Quiénes serían sus seguidores? Kryptonita es un abanico de respuestas posibles. Un abanico que Oyola, a su modo, despliega durante la última noche de “Nafta Súper” en un hospital, mientras lucha contra lo único en el universo capaz de matarlo.
Publicado en el diario Tiempo Argentino de hoy.
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