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domingo, 4 de septiembre de 2011

La novela policial argentina crece y se reformula sin policías ni detectives


Una narrativa nueva para la violencia social. Retrata una sociedad latinoamericanizada y corrupta, donde la Ley ya no es creíble. 

La mayoría ronda los treinta años, tiene un par de libros publicados y una intención decidida de indagar en la naturaleza de lo violento. Lo violento es lo social, el desamparo de la historia argentina de los últimos años. Desprejuiciados, distantes de las tradiciones de un género que se encuentra en pleno proceso de mutación, son nuevos escritores de policiales.

En un relato regido por la videncia, la magia negra y la práctica esotérica, dos seres surgidos del ocultismo, La Víbora Blanca y la Marabunta, se enfrentan en las villas de Costanera Sur y del Bajo Flores. Sucede en Santería y Sacrificio , dos novelas de Leo Oyola. El Sapo Vizcarra y Dionisio, un gordo sudoroso que vive en un departamento sin luz natural y un linyera amigo, deambulan por un Abasto donde la proliferación de restaurantes peruanos y edificios favelizados esconde disputas sangrientas entre bandas de narcos. Así es en Ceviche , de Federico Levín, que acaba de publicar Bolsillo de cerdo , con los mismos protagonista, esta vez en torno a inmigrantes rusos.

Tanto en la saga de Oyola como en la novela de Levín, se trata de una Buenos Aires latinoamericanizada y conflictiva, con enormes bolsones de marginalidad, desbordada por los efectos de la post crisis. Es el mismo proceso de marginación que muestra su otra cara en countries y barrios privados, cuya matriz criminal disecciona y exhibe Claudia Piñero en novelas como Las viudas de los jueves y la reciente Betibú . Ninguna zona del país queda fuera del impacto de lo más reciente. El oscuro monólogo de un barquero del lago Epuyén, sospechoso de haber asesinado a machetazos a una madre y a su hijo, es el eje de Doble Crimen , de Ariel Magnus.

Dice Levín: “La violencia social y la violencia íntima atraviesan a los personajes en el cuerpo. Esos cuerpos violentados son catalizadores de los relatos y las oscuridades ajenas. Son catalizadores narrativos de una violencia general”.

Se ha dicho que en la Argentina, después de los años 70, ya no es posible escribir policiales porque la figura del policía investigador ha dejado de ser creíble. Tal vez por eso los nuevos narradores escriben policiales sin policías. Incluso sin detectives. A veces con periodistas. Pero ahora son ciudadanos comunes, que por situaciones fortuitas, y no por una voluntad decidida de investigación, se ven inmersos en una trama criminal sobre la que, casi sin proponérselo, echan luz.

Ruth Epelbaum, la protagonista de Sangre Kosher , de María Inés Krimer, es una mujer de clase media que vive sola en la calle Gurruchaga, rodeada de outlets; tiene a veces la compañía de su empleada, habla idish, lee el ahora prohibido rubro 59 y es fanática de Isaac Bashevis Singer. Conversando con su prima se involucra en la historia de una chica que ha desaparecido.

Hombres que no tienen hijos y mujeres que matizan sus angustias se repiten en estas novelas. Dice Krimer: “Recuerdo una novela de P.D.James: No apto para mujeres , donde la detective tenía que vencer el prejuicio machista de sus empleadores. Reconozco cierta misoginia en el inicio del género. No creo demasiado en la mirada de la mujer, sí en el tono y en la construcción de los personajes”.

Alejandro Marinelli, autor, junto con Mariano Hamilton, de El hombre ordinario , quizás la más “negra”, en el sentido de clásica, de esta serie de nuevas novelas, señala que uno de los mayores atractivos del policial es su capacidad para poner a los personajes todo el tiempo en situaciones límite, de una intensidad infrecuente. En ese sentido, asegura que con la aparición de las nuevas herramientas tecnológicas, la figura del investigador reflexivo y melancólico hoy es impensable. Por eso, dice, El hombre ordinario , cuya trama transcurre a principio de los 70, “es una novela en blanco y negro”.

O tal vez, ese aire melancólico y reflexivo se haya trasladado a los policiales de no ficción. En Sangre Joven , Javier Sinay vuelve unos años después a distintos lugares donde se han producido asesinatos entre adolescentes. Todos han sido casos con mucha resonancia mediática y en gran medida “cerrados”. Algunos de los protagonistas no están, otros no quieren hablar. Otros hablan por primera vez.

¿Qué fuiste a buscar ahí? Los modos de ser y de moverse, los hábitos y los circuitos que forman parte de la vida de esos chicos. No buscaba el hecho policial, que sólo me servía para hablar sobre mi generación. La muerte joven es argentina, tenebrosa, criminal. Es un síntoma social que señala los rincones oscuros y violentos de una generación que crece al amparo de lo trunco.

lunes, 11 de julio de 2011

38

Uno cumple años e inevitablemente hace balances. 
De todo tipo. 
Y en estos últimos años no dejo de pensar que siempre que me puse a escribir una novela o un cuento jamás pensé que me iba a dar ese texto.
Siento el impulso. 
Y solo quiero contar. 
Contar algo. 
Ahí está mi necesidad y mi ansiedad. 
Hago lo mío. 
Pongo lo mío. 
Y soy tan feliz cada vez que tecleo el punto final.
Escribir...
También leer... 
Por suerte los libros siempre te dan más.
Son tan generosos con uno como vos lo sos con la lectura y la escritura.
Mis libros me han regalado mucho.
Y de todo.
Y en este nuevo año de vida, el viernes recibí un mail de un profesor de secundario de adultos al que no tengo el placer de conocer personalmente. Mucho menos a sus alumnos. 
Vi las fotos que me mandó. 
Videos y audios que también vi y escuché. 
Y cuando alcancé a leer escrito a mano en un pizarrón:
 ...de Leonardo Oyola...
Qué se yo.
Yo escribo policiales.
Y por ahí no da andar largando los mocos en público... 
Pero estuve ahí.
Tuve muchos, muchos, regalos este cumpleaños.
Será por eso que uno de los más lindos que recibí lo quiero compartir con ustedes.
Gracias.
Muchísimas gracias.
A todos.

martes, 22 de febrero de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

El salmón

Juan Manuel Strassburger, Francisco Aquino y Leonardo Acevedo, realizaron un especial por los diez años de El Salmón que se emitió durante seis días en FM Nacional Rock, la AM de Radio Nacional, y permitió adentrarnos en las historias personales relativas al álbum y revelar más de una historia inédita sobre sus consecuencias y realización.
Testimonios de músicos, periodistas y escritores, pinchando acá.

domingo, 2 de enero de 2011

El rescate de distintos lenguajes

"...cualquier libro de Leo Oyola, un grande (“Santería”, por ejemplo) y “Bajo este sol tremendo”, de Carlos Busqued. Busqued tiene ocurrencias increíbles. Por ejemplo, un viejo que llora todo el tiempo y para disculparse dice: “Hace poco tuve un ACV”. Y el protagonista le pregunta: “¿Un 3 CV?”. Los rescates de registro del lenguaje de la ultraderecha en Busqued, como los de la villa en Oyola, dan sana envidia literaria".

De una recomendación de Gustavo Nielsen.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Magia y violencia en las orillas

"Así las cosas, la historia transcurre oscilando entre la violencia del policial más duro, y las referencias a lo religioso y a lo esotérico, a través de la fuerte presencia de santos e íconos de la fe popular de nuestro país (San Jorge, el Gauchito Gil, San La Muerte). Y todo embebido en un ambiente barriobajero, orillero, con permanentes alusiones a la cultura pop, especialmente en el soundtrack de la novela (desde la cumbia al pop, desde La ventanita del amor a A total eclipse of the heart), en “el llorar de las palomas” que lee Fátima (¿alusión al ochentoso tema de Prince?) y en los modos en que se nombran los personajes entre ellos (el mismo apodo del Emoushon, o los Kevin Costners, que como en la película con Whitney Houston, aquí son los guardaespaldas de la Marabunta)".

La crítica completa que hizo Ariel Mazzeo de Santería para el blog La forma en que algunos mueren (y la forma en que yo leo) pinchando acá.

Ariel: muchísimás gracias por tu lectura y tu laburo.
Y si: me agarraste. Era por Prince.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Orgullosa de pertenecer

La entrevista de Guido Carelli Lynch a María Inés Krimer, ganadora el último Premio Emecé de novela, en la página de la Ñ.

viernes, 31 de julio de 2009

miércoles, 28 de enero de 2009

Vía DSM IV

En Santería, Leonardo Oyola recurre a todos los íconos posibles de la cultura popular y los reúne en un relato que comienza con una vidente, la Víbora Blanca, quien ve su propia muerte. La acción transcurre en los 90 –en pleno menemismo– y se desarrolla en la desaparecida Villa Puerto Apache y en la imaginaria El Jabuti.

Pero lo que parece un policial pop muta en una historia fantástica cuando los protagonistas se enfrentan y muestran sus verdaderos rostros, en un final que deja sin aliento.

Según Oyola, el personaje principal nace “de las cinco preguntas básicas del periodismo: quién, qué, dónde, cuándo y por qué. Saber qué le va a pasar y a quién (te vas a morir de un tiro) y por ende intentar averiguar dónde, cuándo y por qué. La figura de una vidente que ve su propia muerte me pareció muy atractiva. Entonces, busqué llevarla hacia lo que conozco y lo que he visto y vivido donde me tocó crecer, todo en un registro exagerado”.

Al explicar el giro fantástico de la historia, Oyola dice que siempre estuvo presente en su obra.

“Salvo en Gólgota, en el resto de mis otras novelas publicadas coqueteo con el género fantástico. Quizás en Hacé que la noche venga y en Santería está más pronunciado, conforme avanzan las tramas”, afirma. En el caso de esta saga para Negro Absoluto, dice que su intención, su idea inicial, era “ahondar en el tema de la fe y de nuestros santos populares. Cuando se me ocurrió la idea de dos enemigos irreconciliables, pero hermanos de cofradía –Danielín y el Kevin Costner–, que no se pueden matar porque los protege el mismo santo del que son devotos, me animé a ir un poco más allá".

Sobre todo con la Víbora Blanca y la Marabunta, la protagonista y su Némesis”. Sobre el trabajo de componer los personajes, Oyola asegura que la Víbora Blanca era la clave. “El tema es intentar evitar una muerte anunciada –afirma Oyola–. Me gustan mucho los westerns [N. del E.: es crítico de cine en la revista Rolling Stone]. Una vez leí que Sergio Leone, para Erase una vez en el Oeste, siendo consciente de que el género estaba moribundo, decidió filmarlo al ritmo de un corazón que se está deteniendo. Quise hacer lo mismo en Santería desde mi narrativa. El fin de año y el advenimiento del desalojo de los últimos asentamientos del Puerto Apache, para dar paso a Puerto Madero, me calzaron justo con lo que era mi motor.”

La crítica de Anya Ellis en su sitio original, además del resto de las novelas de Negro Absoluto, pinchando acá.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El pibe repoyo

San La Muerte

Leonardo Oyola (Buenos Aires, 1973) es el reciente ganador del premio Dashiell Hammett que entrega la Asociación Internacional de Escritores Policíacos en la Semana Negra de Gijón, España, con su novela Chamamé. Santería se titula la novela de este autor que Negro Absoluto eligió como una de sus primeras opciones.

Santería es la historia de Fátima apodada la Víbora Blanca, una cartomante de una villa bonaerense a quien se le anuncia a través de una aparición que su mejor clienta, la Marabunta, la va a asesinar en la mañana de Navidad. A partir de ese momento comienza a tomar medidas contra el tiempo para evitar que eso suceda.

En el camino hacia el final, el autor sorprende a cada página, tiñendo a la novela de una atmósfera mística, pero no de una mística “oficial” ya que lo que reina en estas páginas es la mística popular, la religión y las creencias que nada tienen que ver con las del Vaticano. Está presente todo el tema de San La Muerte y El Gauchito, en auge en los últimos tiempos al ser venerados por los habitantes de las villas argentinas, el de San Jorge, un santo compartido por varias religiones entre ellas el Umbandismo, al igual que todo tipo de santos y religiones populares.

Todo está mezclado, todo se entrecruza, y este hecho en lugar de confundir, o de menospreciar como si se tratara de un menjunje, le da potencia a la histioria, sin caer en ningún momento en el pintoresquismo o en el tratamiento paródico de las religiones “marginales”.

A la hora de explicar la procedencia, el linaje de las protagonistas, el autor despliega un recurso que le da un brillo a la novela y que termina siendo uno de los mejores momentos. Para cada una de las historias sobre el pasado de los personajes hay dos versiones, dos historias diferentes, una “real” y otra mística, más legendaria. Oyola se vale de las dos, y en ningún momento se inclina por alguna de las opciones, convenciendo al lector de que quizás lo mejor sea creer las dos.
Pero paralelamente hay otra historia que también es encarada de forma religiosa. La novela está ambientada en Puerto Apache en 1996, año en que se comenzaron las medidas oficiales para transformar esa villa en la sofisticada Puerto Madero. La protagonista siente que por su culpa, la maldición que cae sobre ella (fruto de su procedencia) provocará la destrucción de toda la villa. El narrador en ningún momento desmiente esto, lo que poco a poco comienza a tomar el valor de verdad absoluta. El destino es imposible de cambiar.

Todo esto sumado, el destino inexorable, el oráculo que advierte, la maldición sobre una comunidad, la sustitución de la razón por la fe, en un lugar donde vuelan los tiros, nos da como resultado una historia atrapante, contada de una manera muy original, como si se tratara del Apocalipsis, contado en clave de tragedia griega y western, de ese mundo que es la villa.

Escrito por Diego Recoba en su blog.
Muchas gracias. Buen año, hermano.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Narrador antes que escritor

-Sería algo así como que el cuento gana por knock out y la novela por puntos...

La nota completa de José María Marcos para Insomnia, acá.

domingo, 31 de agosto de 2008

El Emoushon, ese pequeñajo...

Hace algunas semanas saludábamos con alborozo la fantástica novela Chamamé, de Leonardo Oyola, publicada por la vivaz editorial Salto de Página y justa ganadora del premio Dashiell Hammett de Semana Negra, junto a la no menos excelente “El imán y la brújula”, de Juan Ramón Biedma.

Oyola, en Gijón, además de hablarnos de “Chamamé” y de “Gólgota”, su última novela publicada en España, presentó junto a Juan Sasturain una excitante colección de novela negra inequívocamente porteña, llamada “Negro absoluto”, a través de la que jóvenes autores argentinos van a destripar el Buenos Aires más negro, sórdido y criminal. La colección arranca con cuatro títulos: “El doble Berni”, de Gandolfo y Sosa. “Los indeseables”, de Osvaldo Aguirre. “El síndrome de Rasputín”, de Ricardo Romero. Y, cómo no, “Santería”, del propio Leonardo Oyola, prologada por Sasturain.

Contar de qué va Santería, como ocurre siempre con las grandes novelas, no tiene mucho sentido. Porque el desaforado Oyola, como le llama Sasturain, es capaz de insuflar vida literaria a cualquier historia, por banal y anodina que ésta pueda parecer. En el caso que nos ocupa, se trata de un duelo. De un duelo a la vieja usanza entre dos personajes mefistotélicos y demoníacos: la Víbora Blanca y la Marabunta, nombres que ya nos hablan, bien a las claras, de lo que nos aprestamos a leer.

Una novela negra, pero que bebe de los culebrones más locos de la tele, con personajes tan desaforados como su autor. Por ejemplo, ese pequeñajo al que llaman “el Emoushon”, que podría venir patrocinado por una marca de telefonía móvil, dada la sonoridad de su apodo. O Danielín, un fiel seguidor de San La Muerte, que tendrá que vérselas con un hermano de cofradía, un trasunto del Kevin Costner que protegía a la otrora hermosa y dulce Whitney Huston en “El guardaespaldas”.




Porque, como ocurría en “Chamamé”, hay mucho, muchísimo, de cultura popular, de cine y de música actual en “Santería”. Esto, unido al prodigioso ritmo narrativo que Oyola imprime a su prosa, hace que la novela, más que leerse, se baile, como si el autor te conectara un cable al cerebro y te fuese cantando cada uno de sus vertiginosos capítulos.


De hecho, “Santería” es un LP. Un Long Play de corta duración, pero intenso y emocionante, en que cada capítulo, como si fuera una misteriosa canción, lleva el nombre de una de las cartas de la baraja española que la Víbora utiliza en su trabajo. Un LP con un tema introductorio, “En la cabeza de la víbora”, y doce fascinantes cortes que te conducen a un final abierto, repleto de posibilidades.


En su dedicatoria, Leo escribió las siguientes palabras en mi ejemplar del libro:”Para Jesús. Ojalá que mis pibes chorros de Santería te roben muchas carcajadas.”


Querido Leo, efectivamente. Me lo he pasado de miedo con los pibes chorros, con esa Marabunta cuya concha pasó a la historia del puterío fino (y menos fino) de Baires y la villa Puerto Apache, así como con esos polis buenos y enamoradizos, que la historia de (des)amor de la Víbora y el Charly me gustó largamente.


Así que, obligatoriamente, en las próximas semanas nos pondremos con “Gólgota”, a la que, como podrán ustedes imaginar, tenemos mogollón de ganas de meter mano. Pero muchas, muchas.



Jesús Lens Espinoza escribe sobre Santería en el Foro Abierto de Novela Negra.

martes, 26 de agosto de 2008

Ocio en Buenos Aires

Narrada en primera persona femenina, Santería -la nueva novela del prolífico Oyola- vuelve a presentarlo como un maestro del slang, de la jerga de la calle. Mediados de los 90. Villa Puerto Apache. La Víbora Blanca, una vidente, ha visto llorar a las palomas: el anuncio de su propia muerte. Hará lo imposible por evitarla, aunque la Marabunta (una mala de las buenas) esté parada en la vereda de enfrente. Entre letras de rock nacional y mitologías populares, el autor nos ofrece una historia vibrante y poderosa.

Para verla en su sitio original, pinchar acá.

domingo, 24 de agosto de 2008

El locro western

La nota de Hernán Carbonel para La Gaceta de Tucumán, acá.

martes, 5 de agosto de 2008

Una narradora escandalosa

Juan Fernando García habla de la Víbora Blanca en la edición de hoy del diario Crítica.

lunes, 30 de junio de 2008

Período Villa-Villa

Es uno de los escritores más originales de la nueva generación de narradores. Este discípulo de Alberto Laiseca eligió narrar un policial signado por la violencia escondida detrás del progreso mentiroso de Buenos Aires y las invocaciones a San La Muerte, San Jorge y el Gauchito Gil.

La nota de la Ñ Digital, acá.