lunes, 29 de diciembre de 2008

No Retornable

En su última edición del año, la crítica de Nicolás Pose al Tres, Manzotti, Arroz & el Padre Montoya; y el primer capítulo de 2018- La Guerra del Gallo de Juan Guinot.

sábado, 27 de diciembre de 2008

viernes, 26 de diciembre de 2008

El pibe repoyo

San La Muerte

Leonardo Oyola (Buenos Aires, 1973) es el reciente ganador del premio Dashiell Hammett que entrega la Asociación Internacional de Escritores Policíacos en la Semana Negra de Gijón, España, con su novela Chamamé. Santería se titula la novela de este autor que Negro Absoluto eligió como una de sus primeras opciones.

Santería es la historia de Fátima apodada la Víbora Blanca, una cartomante de una villa bonaerense a quien se le anuncia a través de una aparición que su mejor clienta, la Marabunta, la va a asesinar en la mañana de Navidad. A partir de ese momento comienza a tomar medidas contra el tiempo para evitar que eso suceda.

En el camino hacia el final, el autor sorprende a cada página, tiñendo a la novela de una atmósfera mística, pero no de una mística “oficial” ya que lo que reina en estas páginas es la mística popular, la religión y las creencias que nada tienen que ver con las del Vaticano. Está presente todo el tema de San La Muerte y El Gauchito, en auge en los últimos tiempos al ser venerados por los habitantes de las villas argentinas, el de San Jorge, un santo compartido por varias religiones entre ellas el Umbandismo, al igual que todo tipo de santos y religiones populares.

Todo está mezclado, todo se entrecruza, y este hecho en lugar de confundir, o de menospreciar como si se tratara de un menjunje, le da potencia a la histioria, sin caer en ningún momento en el pintoresquismo o en el tratamiento paródico de las religiones “marginales”.

A la hora de explicar la procedencia, el linaje de las protagonistas, el autor despliega un recurso que le da un brillo a la novela y que termina siendo uno de los mejores momentos. Para cada una de las historias sobre el pasado de los personajes hay dos versiones, dos historias diferentes, una “real” y otra mística, más legendaria. Oyola se vale de las dos, y en ningún momento se inclina por alguna de las opciones, convenciendo al lector de que quizás lo mejor sea creer las dos.
Pero paralelamente hay otra historia que también es encarada de forma religiosa. La novela está ambientada en Puerto Apache en 1996, año en que se comenzaron las medidas oficiales para transformar esa villa en la sofisticada Puerto Madero. La protagonista siente que por su culpa, la maldición que cae sobre ella (fruto de su procedencia) provocará la destrucción de toda la villa. El narrador en ningún momento desmiente esto, lo que poco a poco comienza a tomar el valor de verdad absoluta. El destino es imposible de cambiar.

Todo esto sumado, el destino inexorable, el oráculo que advierte, la maldición sobre una comunidad, la sustitución de la razón por la fe, en un lugar donde vuelan los tiros, nos da como resultado una historia atrapante, contada de una manera muy original, como si se tratara del Apocalipsis, contado en clave de tragedia griega y western, de ese mundo que es la villa.

Escrito por Diego Recoba en su blog.
Muchas gracias. Buen año, hermano.

lunes, 22 de diciembre de 2008

domingo, 21 de diciembre de 2008

Los domingos son para dormir...

...y mañana, lunes, para acompañar y leer a Sonia.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Libro de las revelaciones

Los elegidos para la redacción de la Ñ, acá.

domingo, 14 de diciembre de 2008

La noche boca arriba

Por María Eugenia Villalonga

Una leyenda urbana bastante verosímil –la derivación de la palabra atorrante del nombre del fabricante de los caños de desagüe de la red cloacal de Buenos Airees, A. Torrent, donde pernoctaban los sin techo a comienzos del siglo pasado- es el disparador de esta novela inquietante que se mete con el género de terror y sale bien parada.

El protagonista, un ciruja que duerme en los túneles del subte D en construcción, una helada noche del 39, ve morir a su amigo a manos de una presencia indefinible. Mucho más explícita es la presencia de uno de los jerarcas de la empresa constructora de subtes, acompañado de dos guardaespaldas, dispuestos a impedir que salgan a la luz los crímenes secretos de los distinguidos dueños de la empresa y del país, Ortiz Basualdo, Villamil y Leloir.

Diablos que se materializan en carneros que se incorporan sobre sus patas traseras, en voluptuosas mujeres depredadoras, en esquizofrénicos personajes que hablan como poseídos, en fuerzas monstruosas que despedazan a su oponente, hacen dialogar al relato con distintos clásicos del género, en particular con “Los crímenes de la calle Morgue”.

Pero junto con lo sobrenatural conviven otras causas que amenazan al grupo de atorrantes formado por el protagonista, un ingeniero defensor de los derechos de sus obreros, un cura villero armado hasta los dientes y un chino piromaníaco y que tienen más que ver con condiciones materiales que con peligros inmateriales: la larga noche que significó la década infame y su espejo europeo, el nazismo en ascenso, y que posibilitó lo que algún desvariado personaje dice acerca de la construcción de túneles: “¡Liberaron del infierno al mismísimo diablo!”, abriéndoles las puertas a la impunidad de los poderosos.

Más de un fantasma recorría el mundo por aquellos años. Si en este relato, “la lucha entre el bien y el mal” en palabras del cura, se historiza en la lucha de clases y se condensa en las figuras del desaliñado ingeniero sindicalista y el atildado funcionario de la empresa, la clase obrera organizada, con su sombra amenazante, la huelga, deviene en el apelativo que el protagonista le pone al ingeniero, “el de moño desatado”.

“La noche me respiró en la cara” alcanza a decir el piruja amigo antes de morir y se refiere a la presencia fantasmagórica que lo aniquila. O quizás no sea otra cosa que el desamparo.


Publicado en el suplemento de cultura del diario Perfil.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Leer como si se escuchara

La reseña de Hacé que la noche venga escrita por Patricio Zunini para el blog de Eterna Cadencia, acá.

jueves, 11 de diciembre de 2008

sábado, 6 de diciembre de 2008

Todos los atorrantes van al cielo

Por Agustín J. Valle

¡Pum!, y al primer sopapo ya estás adentro. La voz de Oyola narra su historia desde el interior de tus propios huesos. Empieza en el túnel en construcción del tramo a Plaza Italia de la línea D, año 1939; en un confuso episodio, dos cirujas –perdón: reivindicados atorrantes- se topan con “una oscuridad que puede adoptar una forma definida”: uno es asesinado, al ir a mear, violenta y misteriosamente. “Fue la noche... La noche me respiró en la cara”, llegó a decirle a su amigo, el Tres, quien protagonizará una trama vivísima -con varios muertos más- que, con textura de película, es un policial de aventuras con escenas de western, elementos fantásticos y la urgencia del terror, tramado en una rigurosa novela histórica.

Oyola fluye por un túnel narrativo que late con matices y colores, gemas como un gato “esquizofrénico” (como dice Laiseca en la contratapa) que defiende a su humano sólo para comerlo cuando muera; o digresiones que nos trasladan, con la naturalidad de desplazamiento de un vals, al desierto mexicano, bajo cuyo sol calcinante el propio Diablo recibe la furiosa descarga del Winchester de un cura enloquecido. Hay tramos oníricos muy bien plantados que, además, ordenan la conducta de los personajes, y muchísimo diálogo, arte que Oyola (finalista del premio Clarín con Siete & el Tigre Harapiento; premio Hammet al mejor policial negro de 2007 por Chamamé) maneja con especial soltura. De hecho el registro base del narrador es oral, bien de un tipo que está contando algo (“la historia que este viejo loco les va a contar...”). Imposible eludir, aquí, la experiencia del autor como narrador en vivo, forjada sobre todo con su banda literario-rockera, El Quinteto de la Muerte, de la que también diseña los flyers de invitación. Su lucidez gráfica juega, también, en cómo escribe: arma páginas con frases que aunque consecutivas por su contenido van separadas con punto y aparte, apostando por el impacto visual del espacio blanco. Así el relato adopta ritmo musical y uno siente la velocidad a la que mueve la mirada para leer a ver qué sigue, para seguirle paso al Tres en su cruzada justiciera.

Tiene de aliado un joven ingeniero defensor de los intereses proletarios frente a la empresa constructora se subtes que es inglesa, canalla y matona. Hay en la novela un clasismo (pre peronista) de frescura inhabitual. Pero aún más allá hay un cuestionamiento del sentido del dinero: el protagonista, zumum de la precariedad material, es nieto del Mr. Torrent inventor de los caños fluviales homónimos (que al ser frecuentemente usados como cobijo nocturno originaron el verbo lunfardo sinónimo de dormir), y se insinúa que, con padre aún millonario, el Tres optó por la vida callejera, rechazando lo que normalmente hay que desear. Es un personaje ambivalente, despojado pero ducho en jazz, de a ratos orgulloso de sí mismo y de a ratos convencido de que siempre fue un boludo, y esa fragilidad estructural es enriquecedora porque le cabe una gran de acontecimientos. Osvaldo Soriano, King Kong, los Rolling Stones y Edgar Poe aparecen más o menos linkeados. Bajo el mando de un tono profundamente local, Oyola baraja materiales de procedencia diversa con una enorme conciencia del lector: nunca, nunca te suelta.

Publicado en Rolling Stone de Noviembre

viernes, 5 de diciembre de 2008

martes, 2 de diciembre de 2008

Vértigo puro

La reseña de Chamamé escrita por Pablo Braun para el blog de Eterna Cadencia, acá.

martes, 25 de noviembre de 2008

lunes, 24 de noviembre de 2008

Jueves/Triplete

Los invitamos a la Mesa Redonda sobre Literatura y Trabajo
basada en las novelas:

El infierno prometido. Una prostituta de la Zwi Migdal
de Elsa Drucaroff
El trabajo
de Aníbal Jarkowski
El muchacho peronista
de Marcelo Figueras

Disertarán los autores
La mesa será coordinada por María Vicens
Auspicia: Revista El Interpretadorhttp://www.elinterpretador.net/

Jueves 27 de noviembre a las 19:30 hs.
Entrada libre y gratuita.
El Astillero Libros
Scalabrini Ortiz 2518
Te: 4115-5812 / 4115-5817




Cierre anual del Ciclo de Poesía en Fedro
Poetas invitados
Alberto Szpunberg/Paula Jiménez/
Carlos Juárez Aldazábal/Selva Almada

Jueves 27 de noviembre a las 20 hs.
Carlos Calvo 578
Coordinan:Florencia Walfisch/Ana Lafferranderie

http://www.fedrosantelmo.com.ar/

domingo, 23 de noviembre de 2008

José Feliciano

La foto es de Daniel Mordzinski.
También disfrute del reencuentro, amigo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Virgen gitana

Aldo Vietri escribe sobre mis atorranes en El Interpretador Libros.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Anoche en la Casa de la Lectura...


...con María Inés Krimer, Reynaldo Sietecase y Susana Villalba
La foto es una gentileza de José María Marcos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Novela Negra Argentina

Encuentro con Juan Sasturain, escritor y director de la colección “Negro Absoluto” y Reynaldo Sietecase, autor de Pendejos y Un crímen argentino para conversar sobre el género.

Participan, además, Leonardo Oyola, autor de Hacé que la noche venga y Santería entre otros y María Inés Krimer, autora de El cuerpo de las chicas.

Jueves 20 de noviembre - 20.30 hs
Casa de la Lectura - Lavalleja 924 - Villa Crespo

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Entrevista en Best Seller Español

Por David Yagüe, periodista.

Desde la lejana Buenos Aires nos responde Leo Oyola, el escritor que nos fascinó con Chamamé. El escritor argentino ha respondido a las preguntas de Best Seller Español y el resultado es todo un lujo de entrevista que nos sigue demostrando que no debemos dejar de seguir a este autor.

BEST SELLER ESPAÑOL (BSE): ¿Por qué un escritor pudiéndose hacer rico escribiendo best seller al estilo Dan Brown se lanza al género negro?

LEONARDO OYOLA (LO): La verdad, David; yo quisiera tener la cuenta bancaria de Dan Brown. Ojalá que una novela mía logre en números una cuarta parte de lo que vendió El código Da Vinci. De hecho, espero que todas mis novelas publicadas y las que se vayan a publicar logren ese porcentaje. No creo que nadie se siente a escribir y diga este va a ser un best seller. Digo nadie y me refiero a colegas que como yo están empezando y ya van encaminados. Dan Brown, ese genio que es Stephen King, tantos otros, hoy son marcas registradas, ya cuentan con un público cautivo muy numeroso y con un aparato publicitario que establece agenda. Una alquimia literaria-comercial imbatible. Yo escribo. Punto. Soy muy feliz de poder escribir y vivir de esto. Si viene lo otro, bienvenido. Pero si me siento esperando que una novela me de algo más allá de lo que me brinda el hecho de poder escribirla, no voy a dar nada bueno. Siempre digo que haber escrito Chamamé cuando lo perdí todo me terminó dando de todo. Pero si yo decía que esta novela se tenía que publicar en España, que esta novela tenía que traerme más contratos para mi futura obra, que con esta novela iba a obtener reconocimiento, que iba a ganar un premio, que iba a viajar... jamás hubiera avanzado más allá del primer capítulo. Me hubiera quedado en el nunca empiezan, explotan, de una... No hay que creérsela. Nunca.

BSE: En los últimos años parece que su carrera como escritor se ha disparado tanto en Argentina como en España ¿Cómo lo lleva?

LO: Y como Tarzán más o menos cuando se desplaza. Colgándome de la próxima liana y tratando de avanzar siempre para adelante. Elegí dedicarme de lleno a esto. Gracias a lo que cobro de España porque el cambio me beneficia es que puedo vivir de escribir. Hago colaboraciones en la edición Argentina de la Rolling Stone. Y con eso y con los anticipos para las novelas de Negro Absoluto y Mondadori me hamaco. Vivo. Al día. Muy de vez en cuando me quejo de esto, sobre todo cuando me meto la mano en los bolsillos y solo encuentro eso: los bolsillos. Pero me siento muy privilegiado de poder manejar mis tiempos y escribir, escribir y escribir. Y de leer, mucho.

BSE: ¿Y cómo recibió la noticia del Premio Dashiell Hammet de la semana Negra de Gijón?

LO: Haciendo mucha fuerza para no llorar. Fue muy emocionante. Inesperado. Un aliento a morir en esta. Como sea. Un aliento de parte de colegas y lectores a no bajar los brazos y apostar a lo que uno hace. El Hammett para mi es eso. Y la Semana Negra de Gijón, una experiencia tan rica que como escritor y persona difícilmente pueda volver a repetir.

BSE: ¿Cómo definiría como autor Chamamé?

LO: Chamamé es una novela sobre traiciones y lealtades. La traición a un compañero, a un hermano. Y la lealtad también a ese compañero, a ese hermano. Traicionar lo que somos. Y ser leal a lo que somos.

BSE: ¿Son tan diferentes sus protagonistas el Pastor Noé y el perro Ovejero?

LO: No. Son las dos caras de una misma moneda. Cuando empieza la novela el Pastor Noé es un monstruo que a lo largo de su fuga va mostrando cuan humano puede ser. Más allá de que esté piantado -medio ido del alerón le dicen ustedes, creo- y mas allá de su profesión. El Pastor es tan humano como vos y como yo. El Perro hace el camino contrario, dejándose consumir por la furia que siente, demuestra de lo que es capaz de llegar a hacer, convirtiéndose él en un monstruo mucho más temible.

BSE: Nos decía su editor en España que pronto Chamamé se convertirá en película... ¿Qué espera la adaptación cinematográfica?

LO: De ser posible, comprarme una casa. Caso contrario: una muy buena cantidad de verdes para poder escribir tranquilo y sin necesidades económicas los próximos cinco años. Lo que vaya a hacer el director con Chamamé en cine, tiene que ser algo que tenga su sello. Va a ser su versión de mi historia. No tiene que serme fiel. Solo espero fidelidad de mi pareja. Yo creo que si el tipo hace lo suyo y pone todo detrás de cámara para lograrlo va a hacer algo realmente bueno, no porque mi libro lo sea sino porque él tiene que destacarse en su palo. Quiero que me sorprenda. Por más que me la sepa de memoria, quiero que el tipo me emocione, me haga reír, me haga sentir adrenalina.

BSE: ¿La Argentina de hoy en día es un campo propicio para la novela negra?

LO: El hombre como especie en cualquier momento histórico como en cualquier latitud y longitud es el mejor motor que puede llegar a tener cualquier novela, sobre todo una negra.

BSE: ¿Está el género negro en castellano en auge? ¿Cómo valora el estado del género hoy en día?

LO: Después de la experiencia en Gijón, lo veo de muy buena salud. En mi país creo que somos pocos los puristas del género negro. Es que en general en la Argentina cualquier género es minoría. Se vende y se impone más un autor antes que un género muchas veces considerado como literatura menor.

BSE: ¿Esperar tocar otros géneros en el futuro?

LO: Coqueteo constantemente con lo fantástico. Lo sobrenatural. Me gustaría incursionar en el terror -me falta tomar mucha sopa todavía para eso- y le debo a mi hijo una épica, una de fantasy como le llaman ustedes, al estilo de lo que hizo Liliana Bodoc con la Saga de los Confines. Se va a llamar Canciones de fe y devoción. Espero poder escribirla durante el 2010.

BSE: Aproveche y preséntese a los lectores que aún no le conocen, ¿qué pueden esperar de Leonardo Oyola y sus libros?

LO: De Leo Oyola solo se pueden esperar vagos, atorrantes, borrachos, pibes chorros, piratas del asfalto, policías corruptos, policías atribulados, un gato antropófago, asesinos seriales, monstruos literales y hombres monstruosos, hechiceras para nada fuleras, señoritas de sonrisas esperanzadoras, mucha música, mucha cita al cine y la televisión y -muy a mi pesar- bastantes guiños religiosos. Todo esto anhelando poder robarle sensaciones a los lectores. Una sonrisa. Un suspiro. Que se muerdan el labio inferior. Que larguen una carcajada. No soy pretencioso, ojo. Pero sé muy bien que lo que quiero robar vale mucho.

BSE: ¿Qué será lo próximo suyo que leeremos?

LO: Terminé para la colección Negro Absoluto, Sacrificio. El segundo libro de los cuatro que forman la saga de la Víbora Blanca. Haremos las correcciones necesarias con el editor y el director de la colección y se estará editando a principios del año que viene acá, en Buenos Aires. Después Mondadori me va a publicar Kryptonita, que es básicamente una ucronía. Kal-El, el héroe más grande de todos los tiempos, aquel que debía llegar a ser conocido como Superman, en lugar de llegar a Smallville, Kentucky, EE.UU; aterriza en Rafael Castillo, Buenos Aires, Argentina. Ya nunca más conoceremos al guardián del Planeta Tierra, al Hombre de Acero; sí se hablará de una mara y de su líder que va a ser leyenda por estas pampas.

BSE: ¿En qué está trabajando actualmente?

LO: Estoy laburando en Aquiles 31. Un enfrentamiento entre policías y ladrones durante un robo a un camión blindado en la Puerta del Sol, en pleno Madrid. Ando muy enganchado con varios personajes -de parte de los polis: Papá Pitufo, la Pitufina, Gruñón, Genio, Fortachón, Filósofo, Tontín, Perezoso, Gárgamel y Azrael; de parte de los chorros: Maravilla Hagler, Nadie, la Pantoja, Mamá Inés, Kiss, Los Iracundos, Trapito, el Kun y El Guiri-, dos bares en Malasaña -el Bukowski y el Cooper- y una canción de Sheena Easton -Teléfono- que me van a dar situaciones que a mi escribirlas me divierten mucho y que espero que cuando alguien tenga el libro en las manos también se ría cuando las lea.

Para leer en su sitio original, pinchar acá.

martes, 18 de noviembre de 2008

Una fábula de rock'n roll

Calles de fuego y Chamamé: vía Licantropunk.
Muchas gracias, colega.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Unimog


viernes, 14 de noviembre de 2008

Mutanzine


martes, 11 de noviembre de 2008

Masters of the universe

Quizá al terminar de leer esta novela negra-social también se plantee mi misma pregunta: Si el bueno permite al malo hacer de las suyas, pero sólo allí donde no moleste al bueno, entonces ¿sigue siendo bueno, o sólo es un malo cómodo?

“Gólgota”, la cuarta novela del joven escritor Leonardo Oyola (Buenos Aires, 1973), no es una novela sobre malos y buenos que les ganan. Porque los “buenos” combaten a los malos según el momento. Porque al final nadie sale vencedor, salvo la muerte (que cultiva en ambos bandos), y su agente comercial la violencia (“La reina de reinas no es la madre de Cristo. No es la virgen. La reina de reinas acá y en todas partes es y será la violencia. Porque esa sí es madre… de todos los males”). Es en todo caso una novela de contrarios, de un policía solitario a punto de jubilarse (Lagarto) que siempre creyó en lo que está haciendo, aunque a veces eso implique jugar sucio, incluso fabricar pruebas, y que siente un deber de padre protector hacia el otro policía (Calavera), joven instalado en la treintena que a base de esfuerzo logró salir de la opresión de las calles de Villa Scasso, donde de seguro estaría condenado a ser uno de los otros, uno de los matones de los Pibes, y que contrariamente a Lagarto tiene un hogar con una familia que le espera.


La policía no se mete con los pibes, los pibes se mantienen en su zona. Una hija muere desangrada por un aborto clandestino en los brazos de su madre, y la madre se suicida. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Pues que este último es un incidente que lleva a reabrir la guerra “patas negras”, “azules” o “policías” versus Pibes de Villa Scasso o delincuentes. Como correa de transmisión actuará el propio Calavera, que se convierte en vengador, justiciero, o juez y parte en esta guerra que él desata y en la que sucumbe. Su particular gólgota como no podría ser de otra manera está en Villa Scasso.

La verdad es que al lector no le salpica mucha sangre. En su mayor parte corre por dentro, por los canales de los sentimientos de Calavera, que se desbordan ante el acontecimiento que le toca de plano, la muchacha muerta bien podría haber sido su hija de haber mediado otras circunstancias entre él y la madre de aquella que fuera su antigua novia. También por los canales de los sentimientos de Lagarto, que pierde lo más parecido a un hijo y al que las reglas del honor obligan a lavar con otra sangre la de su compañero. Bueno, algo de sangre sí que hay.

Si en la novela negra convencional la acción apunta ahí mismo, a la acción, partiendo de un fuerte nudo que poco a poco hay que desatar con constantes avances y retrocesos en el proceso, o sea, manteniendo la tensión, en esta novela negra-social, el nudo y el peso de la acción lo soportan los sentimientos, siempre contradictorios entre sí, de cada uno de los dos policías: El mayor ya lo hemos dicho, que cree en lo que hace pero que a veces se tiene que plantear si eso es lo correcto, que hubiera deseado con todas sus fuerzas una familia a quien querer (nada más lejos del policía arquetípico de novela negra convencional). Eso sí, como un policía de esos que hablamos, también empina el codo (aunque solo en el bar en cuyo espejo roto se refleja su figura; en el “Tenéme al chico” (Es irónico que un espejo hecho mierda te muestre en verdad quien sos”, su familia de barra en el barrio de Atalaya, una historia colateral que infla con mucho tino al personaje Lagarto. El joven, no es un novato (“Calavera había perdido la cuenta de los tiroteos en los que había intervenido”), sino un luchador curtido antes de la policía, en la ley de los suburbios, pero que siente que ha traicionado a su gente, no a los delincuentes, sino a la gente humilde y sencilla que lucha por sobrevivir con el fruto de su trabajo y con la que el padre Gregorio (“Un gallego de otro planeta que hace su obra social en Scasso”) lucha también. Su figura no se refleja en el espejo roto de ningún bar, sino en la figura de Kuryaki, otro de los Masters del Universo. Gran acierto por parte del autor el introducir esta especie de cuña informativa sobre esta serie de dibujos animados, que se nos desvelan al principio del capítulo “La corona de espinas"; ahí entendemos el porqué de los apodos.



Los modismos y giros están bien usados, vienen colocados de forma que uno no necesita un diccionario de argentinismos, sino que por el contexto deducirá el significado de cada uno de ellos. Y por último añadir que si bien el lector acaba el primer capítulo de la novela confundido, es decir este capítulo no le aclara lo que debe esperar, y hasta bien avanzada la novela no sabrá que está inmerso en un flashback, la novela es de fácil lectura, lo que no quiere decir una novela fácil. Como tampoco es fácil la lucha entre esos verbos que los que aprenden español confunden en uno solo: ser y estar, y que son la esencia de esta más que recomendable obra.

José Cruz Cabrerizo

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los asesinos tímidos

En la ahora edición virtual de la revista de Juan José Burzi, una crítica de Diego Mytelene ¡que no cuenta el final de la novela!
Gracias, Diego. Por tu laburo y el respeto.
Para leerla, pinchar acá.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Mostrando la hilacha

Algo de lo que fue el recital de anoche en el GEBA, acá.

viernes, 7 de noviembre de 2008

jueves, 6 de noviembre de 2008

La cadencia del asunto #3






Al público que se acercó, a todo el staff de Hablando del asunto, a la gente de Eterna Cadencia, a Kohan y a Terranova: muchas gracias por lo compartido.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

martes, 4 de noviembre de 2008

La nueva voz de la novela negra

"(...) Western, policial, novela fantástica, de terror; los géneros encogen la textura de una trama y una historia que suma y se potencia con la cintura que fue adquiriendo Oyola para narrar a un ritmo frenético, vertiginoso, con un deliberado acento en el lenguaje (...) ".

La nota de Silvina Friera en la edición de hoy en Página 12.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Narrador antes que escritor

-Sería algo así como que el cuento gana por knock out y la novela por puntos...

La nota completa de José María Marcos para Insomnia, acá.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Sopa fría

El Rufián Melancólico escribe sobre Gólgota en La Contrarreforma 4.
Todo bien que le parezca vacía. Es una opinión.
Todo mal -muy mal- que cuente el final de la novela.
Más respeto al autor.
Pero sobre todo: más respeto al futuro lector.

sábado, 1 de noviembre de 2008

viernes, 31 de octubre de 2008

jueves, 30 de octubre de 2008

El lunes, ahí estaremos

La V Feria Latinoamericana del Libro de Rosario inaugura hoy a las 19 con muchas modificaciones. Cambian el lugar y los organizadores. Este año será un evento autogestionado por la Cámara de Editores y Libreros de la Provincia de Santa Fe (CEL-ProSaFe) junto a otras organizaciones dedicadas al libro y a la promoción de la lectura, y se desarrollará en los antiguos galpones de los almacenes Rosenthal, ubicados en la Bajada Sargento Cabral entre las calles Urquiza y Av. Belgrano.

Y cambia también el nombre, la feria del libro se transforma en la Feria Latinoamericana del Libro. Sin embargo, no quieren que la expansión geográfica repercuta en un olvido de los pequeños lugares y en consecuencia, eligieron la frase “Desde la región, con los libros que unen y le dan identidad a la Patria Grande” como el lema de este año y decidieron homenajear a Alfonsina Storni –quien vivió parte de su vida en Coronda y en Rosario–, por los 70 años de su muerte, y al pergaminense y representante de los pequeños pueblos y colectividades Atahualpa Yupanqui por los 100 de su natalicio. Silvina Ross, presidenta de CEL-ProSaFe, explicó a Crítica de la Argentina que quisieron poner el signo en los autores locales y regionales. “Van a participar los alumnos de talleres de escritura de Rosario leyendo sus trabajos, se distinguirá por ser una convocatoria popular y participativa”, completó Ross.

En la inauguración darán discursos el cónsul de Bolivia Williams Medrano, el miembro del comité organizador de la feria Esteban Mestre y Silvina Ross. También desearán buenos augurios distintas autoridades religiosas como el padre Jorge Nardi, el obispo Pagura, el rabino Daniel Dolinsky y el imán Jorge. Luego, el grupo Renacer de la Academia de Danzas Folklóricas Argentinas de Coronda, dirigido por la profesora María Gabriela López, ofrecerá un espectáculo, y para finalizar se homenajeará a Alfonsina Storni a 70 años de su muerte con la presencia de su nieto, el licenciado Guillermo Storni.

La feria dura hasta el domingo 9 de noviembre y la visitarán Angélica Gorodischer, Gloria Lenardon, Noemí Ulla, Alma Maritano, Eduardo Sacheri, Juan Sasturain, entre otros. E irán a presentar sus libros Gabo Ferro, Leonardo Oyola, Felipe Pigna, Juan Martini, Ana María Bovo y el periodista de este diario Cristian Alarcón. Por otra parte habrá talleres y actividades para chicos a los que asistirán los escritores Liliana Bodoc, Franco Vaccarini y Silvia Schujer, y se lanzará un concurso de poesías y cuentos.

Para leer en su sitio original, pinchar acá.

martes, 28 de octubre de 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

domingo, 26 de octubre de 2008

Santa Maradona


Pablo Alí/Selva Almada/Juan Diego Incardona/Alejandra Zina/
Ariel Magnus/Julián Urman/Maximiliano Matayoshi/María Sol Porta/
Leandro Custo/María Molteno/María Fasce/Lucía Marroquín/
Mariela Ghenadenik/Alejandro Parisi/Agustina Arias/Germán Maggiori/
Celia Dosio/Hernán Arias/Romina Doval/Juan Terranova/
Diego Grillo Trubba
[De puntín/Cuentos 4/Editorial Sudamericana]

jueves, 16 de octubre de 2008

Ser padres hoy

“Pinino”. Ese era mi apodo cuando era chico. Y es el día de hoy que muchos familiares, viejos vecinos y viejos amigos aún siguen diciéndome “Pini”. El apodo me lo puso Rolo, mi papá, ni bien nací. No porque fuera una pulga sino por el jugador de futbol que él más admiraba en ese momento: Oscar “Pinino” Más.

Casi llego a ser ahijado de ese tipo. Rolo, conmigo en brazos, se tomó un bondi, el Sarmiento y otro bondi para ir hasta donde concentraba el equipo y pedirle a su ídolo que fuera mi padrino. ¿Podés creer que “Pinino” Más aceptó? El tema fue que para cuando empezaron a hacer el curso de catequesis a él lo vendieron a Europa. En la casa de mis viejos hay dos páginas de El Gráfico enmarcadas en las que “Pinino” Más, con la camiseta del Real Madrid, en la entrevista me dedica el primer gol que hizo.

“Al que pudo haber sido mi ahijado y a su familia”.

Mi viejo es gallina mal. Enfermo. Me hizo socio del club antes de que cumpliera un mes. En la foto del carnet tengo los ojos cerrados porque estaba dormido, obviamente. Eso es lo que hace un bebé cuando tiene pocos meses de vida. Dormir. Tomar la teta. Llorar. El Freduli, mi hermano, al que también mi viejo hizo socio del club al toque de haber nacido, aparece en la foto de su carnet puchereando. Eso si: el Freduli también es gallina de sangre. Y una cierta habilidad para el fútbol tiene. ¿Y yo para el balón? Dos pies izquierdos.

Rolo y el Freduli hicieron todo lo posible para que yo fuera el heredero natural de esos uruguayos que tanto le dieron a la hinchada millonaria. Si mi papá jugaba, corría y definía como Alzamendi; yo tenía que ser como el Enzo, un príncipe. Intentando hacer un gol de chilena como el de Francescolli a la selección de Polonia; durito, acostado en el piso después de haberme dado uno de los mayores golpes de mi vida, supe que el fútbol –mas bien jugar al fútbol- se acabó para mí, muchachos. Ojo, no lo decidí yo: fueron los pibes del barrio. “Pini, vos restás”, me confesaron después de que ignorara porque siempre que terminaba el pan y queso sistemáticamente yo era el último en ser elegido y el jugador determinante... en la derrota de su equipo.

¿Por qué? ¿Por qué Dios mío yo no había salido como Rolo? Todo un crack en los partidos de la fábrica, el ancho de espadas para los casados en el clásico contra solteros... ¿Por qué? ¿Por qué no la movía ni siquiera un veinticinco por ciento como el Freduli? Bob Dylan dixit: the answer my friend is blowin’ in the wind. Ahí me cayó la ficha: “¡U-ru-guayo! ¡U-ru-guayo!”, cantaba la popular a sus ídolos. Y yo me mentía que lo mío era genético. Que lo mío era culpa de mi vieja que era paraguaya y no uruguaya y que era ella la que me pasó lo guaraní. Que por eso era un inútil para el fútbol. Si, ya se: cualquiera podrá retrucarme nombrando al paraguayo Chilavert, que por ese entonces recién asomaba. A lo que yo puedo decir que si, geneticamente soy grandote, jetón y mal educado. Y hasta ahí llegamos. Nada más.

Bueno, la cuestión es que yo terminé siendo hincha de Almirante Brown. Un cuarto de siglo después de estos sucesos, tengo un hijo de tres años. Se llama Ramón. Aclaro que no es por el Pelado Díaz como boquea mi papá. Todavía no se bien quien le puso Monchi a mi niño. Creo que fui yo. A veces me parece que el primero en llamarlo así fue mi viejo. Pero Rolo le dice Monchito y ahí me pinta la duda. El nene es gallina. Lo hicieron de River el tío y el abuelo. Mi viejo le compra las camisetas, le enseña a besarlas y a festejar los goles como el Matador Salas. Y está convencido que su nieto va a ser el nuevo Conejito Saviola o el que llegue justo a salvar las papas del fuego cuando cuelgue los botines el pibe Buonarotte. Yo a mi hijo lo veo andar en su bicicletita o correr tras una pelota y pienso que Ramón en su moto tiene algo del levante del Erik Estrada de Chips. Pero preferiría que, antes de jugarla de Ponch, Monchi me salga lo más parecido al Kun Agüero.

martes, 14 de octubre de 2008

domingo, 12 de octubre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

La venganza es un semáforo en ámbar

La venganza es un semáforo en ámbar. El pie derecho quiere una cosa y el ojo izquierdo va a su bola. Acabo de terminar Gólgota, el libro de Leonardo Oyola, publicado por Salto de página. Zonas occidentales del Puerto de Santa María del Buen Aire. Bares en los que reunirse para decidir la muerte de alguien que se lo merece. Rituales repetidos. Muertes grabadas a fuego en el disco duro neuronal. Partidos de fútbol inolvidables. Cosas que pudieron ser y no fueron. Dolores paternofiliales, porque las herencias son las herencias. Espejos destrozados que muestran la verdadera realidad. Las grietas son siempre fidedignas. La sabiduría de las cuerdas vocales quietas y los rosarios de plástico. Niñas adolescentes preñadas que vuelven a ver el infierno con hijas igualmente embarazadas. Tiroteos incontables. Hijos a los que no puedes matar, sangre que no puedes enmorcillar. Porque todos podemos ser, antes o después, jueces y verdugos. Ah, no, que es lo mismo. Guetos cerrados con leyes propias. Policías sin pasado olvidadizo, porque un convecino es un helecho de ramas muy largas. Masters universales sin planeta en el que morir. Hinchas edulcorados. Semáforos justicieros. Todo eso y más es Gólgota, y media botella de escocés, y llantos incontrolables. Ciento veinte páginas nada prescindibles, necesarias para no perder la perspectiva en estos tiempos que van a peor, porque, un Jueves Santo, lo tiene cualquiera. Y punto.

viernes, 3 de octubre de 2008

Un río de sangre y destrucción

Alma de western, historia de negro, forma de argot carcelario argentino y embalaje tarantiniano. Todo esto es la hiperviolenta Chamamé de Leonardo Oyola, que este verano se ganó el premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón. Con toda razón hay que decirlo, porque nos encontramos ante una salvaje delicia.
La historia respira una historia de western clásico, dos compañeros de correrías y asaltos en las carreteras se dan caza (aunque ¿quién es cazador y quién presa?) después de que uno traicione al otro. Los dos son perros viejos y curtidos, hombres que no dudan en matar. Son el Pastor Noé (un personaje brillante, fanático y loco que apabulla al lector) y Manuel Ovejero, el Perro (un delincuente de pura cepa, que con sus referencias musicales y cinematográficas constantes se forman ante los ojos del público como un antihéroe violento y sin ley). Ambos provocarán un río de sangre y destrucción en su brutal ajuste de cuentas y cimentarán una relación de odio y dependencia hasta límites más allá de la razón.
La historia, escrita en un bestial argot hampón de aquel país que en muchas ocasiones rezuma poesía carcelaria y de carretera, se muestra fragmentada en un experimento que recuerda mucho al director de cine norteamericano Quentin Tarantino. Y qué decir de su brutal tratamiento de la violencia y sus personajes... Puro negro posmoderno, crudo y de carretera. Recomendable por bueno, original y por excesivo.

Crítica de David Yagüe para Best Seller Español.

jueves, 2 de octubre de 2008

A los tiros en el subte D

Leonardo Oyola impacta con una nueva entrega de géneros duros como el western y el policial negro adaptados a los avatares argentinos.

La crítica de Fernando Bogado en Radar Libros.

Estación de servicio


martes, 30 de septiembre de 2008

lunes, 29 de septiembre de 2008

Trasnoche Aurora Grundig

Guillermo Belcore para la sección de cultura del Diario La Prensa, Martín para el programa Abrí los ojos de La Metro, y Bianca para el blog El cieguito comentan lo que les pareció la novela.
A todos, gracias por leer.

domingo, 28 de septiembre de 2008

sábado, 27 de septiembre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

jueves, 25 de septiembre de 2008

Fin de fiesta


Gracias




¿Por qué?
¿Por qué leemos?
¿Por qué escribimos?
Sobre todo esto último, ¿por qué escribimos?
¿Por qué tengo este impulso?
“¿Por qué tengo este impulso?”, es la pregunta retórica que se hace -en un animé, en un dibujito animado- un lobo moribundo, blanco, mientras se vuelve uno con la nieve, mientras se pierde con ese paisaje invernal.
El lobo muere.
Resucita.
Se transforma en hombre.
Se vuelve a mandar las mismas cagadas.
Se transforma en lobo.
Pelea constantemente hasta que es herido de gravedad.
Moribundo, su pelaje se perdería en la nieve, si no fuera por la herida por la que le sale la sangre.
Eso es lo único que lo diferencia de ese paisaje.
La sangre es lo que nos hace distintos.
La sangre y ese impulso que nos hace levantarnos una y otra vez.
Ese impulso que nos transforma.
Ese impulso que nos hace pararnos de manos.
Pelearla.
Ese impulso que nos diferencia.
Está en nosotros.
Está en nuestra naturaleza.
Por eso leemos.
Por eso escribimos.
Es lo que somos.
Es a lo que le tenemos que ser fiel.
Hacé que la noche venga es mi segunda novela.
La empecé a cranear, la empecé a escribir, después de la mención que tuvo El Tigre Harapiento.
Convencido de que tenía que seguir adelante en esto.
De ahí las personas a quienes se las dedico, aún cuando no sabía si se iba a publicar o no.
Va para la honestidad de Jorgelina Nuñez, Marcos Mayer y Carlos Gamerro, jurados de preselección de un premio de novela.
Porque ellos hicieron su trabajo -lisa y llanamente lo que tenían que hacer- Claudia, Ernesto, yo mismo entre tantos, tenemos la oportunidad de publicar. De dedicarnos a esto.
De dar otro paso en nuestra carrera como escritores.
Hacé que la noche venga también está dedicada a un héroe de la pantalla grande, a ídolos de la música, a un primo al que quiero mucho, a una amiga y a su muchacho, mi compadre.
El padrino de mi nene es fanático del jazz. Me dijo que tenía que escribir algo con eso. En compacts me pasó de todo. Y yo no pude engancharme con nada. Hice mucha fuerza, de verdad, a ver si me gustaba. Me mentí que si, que estaba bueno. Pero lo único que más o menos me copó fueron dos covers de Miles Davis de una canción de Michael Jackson y otra de Cindy Lauper. Y si me gustaron me parece que fue porque a mi me sonaban a música de telo.
Hay cosas que nos pasan. Que nos forman. Que nos quedan tatuadas.
Creo que eso es lo que sacamos, lo que mostramos, cuando escribimos.
Lo que somos y lo que conocemos.
Desde que escribí la novela hasta esta noche en la que la estamos presentando. Me pasó de todo. Para bien y para mal. Tengo muchos momentos a los que clasifico José Velez: porque Procuro olvidarlos. Pero por suerte tengo muchos otros a los que estoy aprendiendo a disfrutar.
Lo bueno es que en estos años en los que decidí dedicarme de lleno a la escritura, me crucé y conocí a muchos lobos blancos. Muchos que leen y escriben. Muchos con los que compartimos este impulso.
Está bueno no sentirnos solos en nuestro oficio.
Está bueno no traicionarnos.
Seguir nuestra naturaleza.
Dicho esto, muchos de los que vienen acompañando desde hace un rato dirán: ¿y que carajo hace Leo Oyola vestido de traje?
Bueno, la respuesta es sencilla: los colegas escritores y músicos -Millán & Pandolfelli- querían tocar trajeados y les pareció copado que yo también lo esté. Acepté porque me vino bien la propuesta: llegamos de Mendoza el lunes y todavía no lavamos la ropa, así que esto era lo que mas o menos estaba a mano. Y además es para darle el gusto a mi mamá, acá presente que siempre se queja de cómo me visto. Las madres siempre nos van a querer ver así, como si fuéramos a la primera comunión.
Con mucho cariño, para vos, mamá.
Y para vos, mamita.
Hacé que la noche venga es intentar evocar lo que a mi me dio leer a Poe, El Sabueso de los Baskertvielle, las películas de pistoleros en Sábados de Super Acción, las de terror en Trasnoche Aurora Grundig o un disco, más bien un cassette, como Dinasty.
Por eso, si la pasan bien con algo que escribió Leo Oyola, obvio que estoy hecho.
Una vez dije que yo no se si cuando escribo tengo técnica o manejo algún estilo; que me pasa lo mismo que cuando iba a bailar.
Le pongo muchas ganas y lo disfruto.
Eso, creo yo, es mi ancho de espadas.
Entre tantas cosas buenas que existen para compartir, fuimos hecho para esto.
Fuimos hechos para leer y escribir.
Fui hecho pa’amarte.
A todos, gracias.

lunes, 22 de septiembre de 2008

sábado, 20 de septiembre de 2008

Palo bonito, palo eh!

Entrevista de Patricia Rodón, acá.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Ringtones


Anoche en la jam. A la organización y a los que acompañaron, muchas gracias.

domingo, 14 de septiembre de 2008

viernes, 12 de septiembre de 2008

sábado, 6 de septiembre de 2008

Esa curva tamburelliana...

Terminé hace poco de leer Chamamé, la novela de Leonardo Oyola publicada en Salto de página. En pocas palabras, advertencia preliminar, novela apta para tarantinianos. El problema de las religiones es su virtud. Si Tarantino es Dios, Rodríguez es su profeta. Y desde ahí, podemos ir estirando el chicle y darle hilo a la cometa, y justamente han surgido seguidores desde todas las disciplinas artísticas, y esta Chamamé es una historia que bebe de esa fuente, mitad clásica, mitad postmoderna.
Cuando sea llevada al cine, que lo será, Chamamé será una road movie pero no cualquiera. Y si no, simpre podemos ver a Kevin en Un mundo perfecto. Dos cabrones de toda la vida, el padre Noé y su secuaz el perro Ovejero. Todas sus andanzas, sus desamores, sus pasados. El padre Noé reconvertido al más asesino dogmatismo. Porque siempre se ha matado en nombre de Dios, mientras recitas el Nada fue un error, o cualquiera de los Guns, o el 1979 de Guillermito. El sacrificio como ideal de vida. Jessica Lange como imagen perenne. El problema de los asesinos es que no pueden tener pasado, porque siempre hay tiempo para llorar después (nunca antes, nunca durante). E incluso, a veces, matar, aunque sea en una cárcel, tiene sus repercusiones fuera. Y los chicos que nos jodieron en el 98 (de nada valió el 6-0), son muy, muy malos. Y las lluvias de ranas son posibles.
Pero al final, sólo queda el vacío, esa nada que inunda pulmones y corazón, esa muerte solitaria, ese vacío, esa curva tamburelliana en la que Senna encontró su muerte. Siempre puedes cantar salmos, oraciones multiplicadas por 2. Pero no vale nada. Un asesino siempre te espera para pasar su cuchillo por tu cuello. Y hay sacrificios que siempre ocurren. Una buena novela, y el que no la entienda que vuelva al parvulario del que no debió salir. Y punto.

Desde Murcia, via Gintonic Dream.

jueves, 4 de septiembre de 2008

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Nunca escupas para arriba


Entrevista de Máximo Soto

En apenas cuatro años, desde que en 2004 apareció en el panorama literario argentino con «Siete y el Tigre Harapiento», Leonardo Oyola pasó de ser un maestro y bibliotecario de Morón que había escrito un policial para un concurso literario, a convertirse en un escritor profesional e internacional con seis novelas publicadas, entre ellas «Chamamé» -ganadora del Premio Dashiell Hamett- que en Italia quieren llevar al cine, y cuentos que merecieron estar en numerosas antologías. Ante la aparición en librerías de su libro «Hacé que la noche venga», dialogamos con él.

Se transformó en escritor profesional, algo sorprendente en nuestro país, en tiempo récord.

Cuando me presenté al concurso literario con «Siete y el Tigre Harapiento» y salí finalista con la tercera mención, me sentí gratamente sorprendido, cuando los miembros del jurado se acercaron a elogiarme mi novela, se sentí estimulado, me dieron ganas de ponerme a escribir al otro día. Y me puse de inmediato a escribir, mientras aparecía mi primera novela en la editorial Gárgola, el libro que sale ahora, «Hacé que la noche venga», que me contrató Sudamericana. Creo que ahí empezó todo, y hasta con un duro empujón. Entre medio. me pasaran cosas que me marcaron mucho: perdí el trabajo, me separé, me vine a vivir a Capital. Y no paré de escribir.

¿Cómo logró ser editado en España?

Una editorial española me llamó porque querían publicar «Siete y el Tigre Harapiento», pero los derechos los tenían acá. Me preguntaron qué era lo último que había escrito. Y ahí me publican ellos «Chamamé». A la vez ya había acordado la publicación de otras dos novelas en nuestro país: «Gólgota» y «Santería», que es el primer libro de la saga de La Víbora Blanca, que también salieron este año. «Santería» fue un libro a pedido para la colección Negro Absoluto que dirige Sasturain.

P.: ¿Hizo un policial a pedido?

L.O.: Esa colección venía con una serie de detectives entre los que los escritores convocados elegían uno y lo llevaban hacia su propio imaginario. Me propusieron tener como investigadora a una parapsicóloga en los años 90. Les dije que ese personaje me era muy ajeno, pero que podía coquetear con el mundo de las brujas que hacen «trabajos de amarre», lectura de cartas, esas cosas. Me pareció un buen contraste con los años de Menem.

Y le dieron vía libre.

Sí. Así comencé a contar de Fátima Sánchez, más conocida como La Víbora Blanca. En una de sus « lecturas», ve que va a morir en poco tiempo de forma violenta, y sale a averiguar por qué, dónde y cuándo, porque ya sabe cómo lo van a hacer. Es una carrera contra reloj. Ese personaje me permite jugar con la santería, con los santos populares, como el Gauchito Gil y San La Muerte, de los que son todos devotos en la villa Fuerte Apache. Pero del Fuerte Apache que fue la prehistoria de lo que hoy es Puerto Madero. En este momento estoy escribiendo la continuación de «Santería», que se va a llamar «Sacrificio».

Su consagración internacional la consiguió con «Chamamé».

«Chamamé» me dio de todo. Con el anticipo me vine para el centro. Viajé dos veces a España. Primero estuve en un Congreso de Escritores en la Primera Trovada Literaria en Ibiza, representando a la Argentina junto a Juan Gelman, antes de haber ganado el Cervantes. Me invitaron porque les había gustado el trabajo que hago con la jerga, el lunfardo, la germanía. Mi ponencia fue sobre cómo incorporaba el argot callejero a la literatura. Después, gané el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón. Volver a España ya era un gran premio. Es extraordinario poder dialogar con colegas de todo el mundo, que por escribir policiales enfrentan los mismos problemas. Conversé con leyendas como Juan Madrid y Juana Salabert, el chileno Roberto Ampuero, cubano Lorenzo Lunar y Juan Ramón Biedma, con el que compartimos el premio. Y Ernesto Mallo, otro escritor argentino que estaba nominado, y que es un maestro.

¿Qué gustó de « Chamamé»?

Es para mí un misterio. Es una novela excesivamente localista. Transcurre en nuestra Mesopotamia y tiene muchas referencias a nuestra televisión, a nuestra música. Es un ajuste de cuentas entre dos piratas del asfalto. Se conocían de toda la vida, se cubrían mutuamente,hasta que uno le mejicanea al otro el botín de un secuestro express, y escapa hacia la triple frontera. El narrador, El Perro, sabe que si llega a la frontera, lo pierde, escapa por Ciudad del Este o por Foz y ya no lo va a poder cazar. Por otra parte está un pastor que sostiene que Dios le habla a través de las canciones del rock nacional. Tergiversa las letras como si fuera un mensaje divino, una orden de Dios. Pero le dicen: pará, que eso no es de Dios, es de la Bersuit. Yo pensaba que la novela sólo iba a interesar a quienes conocen grupos de rock de acá, de Manal a Airbag. Y sin embargo, gustó a los editores, gustó al jurado, gustó a los lectores, gustó en otros países. Para mí es un misterio.

¿Qué cuenta en «Hacé que la noche venga»?

Es un policial clásico y sucede en un momento histórico, eso me permitió encontrar un estilo definido, pasar a narrar en primera persona, lo que lleva a un mejor trabajo con el género y un vínculo más cercano con el lector. Un ciruja, que nunca sabemos si miente o no, que dice provenir de una familia adinerada, cuenta que el frío invierno de 1939, cuando estaba durmiendo con otro atorrante en las excavaciones que hacían en Plaza Italia para continuar esa línea del subte, su compañero murió de una manera violenta y muy misteriosa. Entonces el ciruja se pone a investigar. Hay más muertes, y un ingeniero está rastreando la causa de la muerte de unos obreros. El ingeniero es racionalista, y va por lo deductivo, considera que tras los crímenes está la mafia. En cambio el ciruja, desde su locura, contempla la posibilidad de que se trate de algo sobrenatural. Me gustaba acercarme al relato fantástico, generar esa tensión que provoca lo desconocido. Busqué enfrentar el temor a lo desconocido, a lo fantasmal, con el temor a lo real, y mostrar que no hay nada más temible que alguien real que empuña un arma o participa de una conspiración.

¿Para imaginar policiales lo ayuda vivir en una sociedad donde a diario se muestra la violencia y la inseguridad?

Eso me lo preguntaron muchos periodistas en España. Lo que escribo tiene que ver con el mundo en que me crié, y en el conurbano bonaerense, como todo el mundo sabe, la violencia es moneda diaria, y hay que aprender a convivir con ella.

Entrevista publicada en el diario Ámbito Financiero.

martes, 2 de septiembre de 2008

Estilo Monoblockero

Conseguir un mejor nivel de vida, aprovechar cada oportunidad que se presenta, vivir y sobrevivir el día a día: de eso va Estilo Monoblockero, el primer disco oficial de F-A.

Por Leonardo A. Oyola.




“¡Que hacés, Esteban! ¿Sabés qué? Para mi es como que yo a vos nunca te deje de ver. Vos estuviste siempre ahí. Yo ponía tus temas y te escuchaba la voz, boludo. Y lo escuchaba al gordo y me re-reía”. Esteban -junto con Massi, Patu y Picki- es uno de los mcs de F-A, la banda de rap formada hace diez años en los monoblocks de Ciudadela; el complejo habitacional Ejército de los Andes, más conocido como Fuerte Apache. El que lo saluda es un amigo que cayó y ahora acaba de salir. “Está bueno –comenta Massi, que conoce lo que es estar guardado- porque de una manera u otra estuviste con los pibes. Se la ayudaste a robarla así. Caen en cana y es lo primero que te piden. No vienen a soguearte mandame ropa, mandame esto... Mandame un compact del F-A es lo que te dicen”.

MONOBLOCKERO DE SANGRE. “Descargar todo lo que se tiene dentro. En primera instancia contra la policía y contando realidades que veíamos y vivíamos. Siempre creimos en el derecho de expresar lo que sentimos. Cuando vimos que el rap nos daba eso porque nos dejaba profundizar más, explayarte, nos quedamos con eso. Encontramos lo que era nuestro”, reflexiona Esteban cuando habla de sus inicios, de la primera vez que escucharon a 2pac y que sin saber una palabra en inglés descubrieron un ritmo que los identificaba; como también recuerda Massi: “Había similitudes a full, a eso es a lo que voy, y más identificados nos sentíamos, más para adelante le queríamos dar. Esa fue la mecha. Primero conocimos lo que es hip-hop, hip hop en general, ¿me entendés? Después vimos como venían las otras ramas y nos quedamos con el rap. Si vamos a la que es, no podemos pararnos en una esquina a que él haga ruidito con la boca, otro haga free style, vos des vueltas en el piso y yo me ponga a grafitear porque va a venir la policía y a vos te va a dar palazo, a mi me van a poner los ganchos y me va a llevar a la comisaría y a él porque está tirado en el piso lo van a cagar a palos por boludo. Por eso lo tomamos muy a pecho. F-A es una manera de expresión. Nosotros tenemos otra cuna. Así nomás. Salimos de otro lado”.

ESCUCHEN ATREVIDOS.
De las casi 450 mil visitas que tienen en myspace, más del setenta por ciento son de afuera del pais. “No tenemos ni idea de quién fue el primero que subio una canción nuestra a internet. Hubo una serie de temas que eran de la famosa tiradera,¿viste?, donde le dábamos palo a los que se hacen los roncha, se hacen los ladrones. Los grabábamos para nosotros. Un día salta uno y nos dice: che los temas de ustedes están en internet. ¡¿Cómo?! Dijimos nosotros y rumbeamos para el cyber. Cuando pusimos Fuerte Apache en el buscador, hicimos plin, y ahí estaban. La primera reacción fue: ¡aaahhh! ¡nos están robando!”. De lo que confiesa Massi, Esteban no puede evitar reirse: “Si. Fue más o menos así. Pero también dentro de todo fue una grata sorpresa saber que tanta gente nos escuchaba. Y la aceptación de la gente. No esperábamos eso. Lo de nosotros era para nuestro barrio. De mano en mano fue pasando de villa en villa, de suburbio a suburbio. Es muy loco que en los monoblocks de Soldati o en una villa en San Martin la gente se vea reflejada en una canción nuestra. Que las toque. Que les llegue. Que sepan que no es mentira, que no estamos batiendo cualquiera. Internet nos abrió la cabeza y nos dio la posibilidad de salir”.

VIDA CLANDESTINA. El rap para los F-A fue una apuesta grande porque les dio una oportunidad. Algo que vale -y mucho- para los que están criados entre tiros y corridas. Y si alguien sabe de esto, ese es Esteban. “La onda fue tratar de salir de las complicaciones que teníamos pero a través de la música. Nos pone contentos saber que llegamos en el momento justo. Porque más allá del crecimiento personal de nosotros como músicos, está la parte judicial. Hoy en día no tenemos causas, estamos limpios de todo. Y si alguien alguna vez la tuvo ya cumplió y no le debe nada a la ley. En nuestras letras no bardeamos. Cantamos la realidad, lo que somos, lo que vivimos. Pero no hacemos apología”. El primer corte del disco, Queridos amigos, es un genuino adiós y un recuerdo emotivo a todos aquellos a los que les tocó perder –donde F-A rapea un final predecible acá te puede pasar. “Hacer música, grabarla, es una manera de seguir viviendo en el sentido de seguir vivos. Nos dimos cuenta de que si nos pasaba algo, nuestras familias y las personas que nos quieren nos iban a poder escuchar la voz. Yo lo comprobé con mi hermano cuando estuvo preso, que le decía a mi mamá: decile a Esteban que me mande un cassette porque hace un montón que no le escucho la voz”.


ESCUCHALOS
Estilo Monoblockero, su disco debut, fue editado por Pelo Music.
myspace.com/fuerteapache

miércoles y jueves



domingo, 31 de agosto de 2008

El Emoushon, ese pequeñajo...

Hace algunas semanas saludábamos con alborozo la fantástica novela Chamamé, de Leonardo Oyola, publicada por la vivaz editorial Salto de Página y justa ganadora del premio Dashiell Hammett de Semana Negra, junto a la no menos excelente “El imán y la brújula”, de Juan Ramón Biedma.

Oyola, en Gijón, además de hablarnos de “Chamamé” y de “Gólgota”, su última novela publicada en España, presentó junto a Juan Sasturain una excitante colección de novela negra inequívocamente porteña, llamada “Negro absoluto”, a través de la que jóvenes autores argentinos van a destripar el Buenos Aires más negro, sórdido y criminal. La colección arranca con cuatro títulos: “El doble Berni”, de Gandolfo y Sosa. “Los indeseables”, de Osvaldo Aguirre. “El síndrome de Rasputín”, de Ricardo Romero. Y, cómo no, “Santería”, del propio Leonardo Oyola, prologada por Sasturain.

Contar de qué va Santería, como ocurre siempre con las grandes novelas, no tiene mucho sentido. Porque el desaforado Oyola, como le llama Sasturain, es capaz de insuflar vida literaria a cualquier historia, por banal y anodina que ésta pueda parecer. En el caso que nos ocupa, se trata de un duelo. De un duelo a la vieja usanza entre dos personajes mefistotélicos y demoníacos: la Víbora Blanca y la Marabunta, nombres que ya nos hablan, bien a las claras, de lo que nos aprestamos a leer.

Una novela negra, pero que bebe de los culebrones más locos de la tele, con personajes tan desaforados como su autor. Por ejemplo, ese pequeñajo al que llaman “el Emoushon”, que podría venir patrocinado por una marca de telefonía móvil, dada la sonoridad de su apodo. O Danielín, un fiel seguidor de San La Muerte, que tendrá que vérselas con un hermano de cofradía, un trasunto del Kevin Costner que protegía a la otrora hermosa y dulce Whitney Huston en “El guardaespaldas”.




Porque, como ocurría en “Chamamé”, hay mucho, muchísimo, de cultura popular, de cine y de música actual en “Santería”. Esto, unido al prodigioso ritmo narrativo que Oyola imprime a su prosa, hace que la novela, más que leerse, se baile, como si el autor te conectara un cable al cerebro y te fuese cantando cada uno de sus vertiginosos capítulos.


De hecho, “Santería” es un LP. Un Long Play de corta duración, pero intenso y emocionante, en que cada capítulo, como si fuera una misteriosa canción, lleva el nombre de una de las cartas de la baraja española que la Víbora utiliza en su trabajo. Un LP con un tema introductorio, “En la cabeza de la víbora”, y doce fascinantes cortes que te conducen a un final abierto, repleto de posibilidades.


En su dedicatoria, Leo escribió las siguientes palabras en mi ejemplar del libro:”Para Jesús. Ojalá que mis pibes chorros de Santería te roben muchas carcajadas.”


Querido Leo, efectivamente. Me lo he pasado de miedo con los pibes chorros, con esa Marabunta cuya concha pasó a la historia del puterío fino (y menos fino) de Baires y la villa Puerto Apache, así como con esos polis buenos y enamoradizos, que la historia de (des)amor de la Víbora y el Charly me gustó largamente.


Así que, obligatoriamente, en las próximas semanas nos pondremos con “Gólgota”, a la que, como podrán ustedes imaginar, tenemos mogollón de ganas de meter mano. Pero muchas, muchas.



Jesús Lens Espinoza escribe sobre Santería en el Foro Abierto de Novela Negra.

sábado, 30 de agosto de 2008

miércoles, 27 de agosto de 2008