miércoles, 21 de diciembre de 2011

En Cuadritos

(Por Andrés Valenzuela). Hay una larga tradición dentro del universo comiquero con las ucronías. En particular las que toman personajes populares… superhéroes. Algunos, como Superman: Red Son, recibieron particulares buenas críticas. Otros… no tanto. El que se reseña hoy en Cuadritos es una pequeña maravilla. Esas sorpresas que llegan por recomendación de múltiples fuentes y resultan atrapantes, para leer de un saque en una tarde (y noche) entera. Lo particular de este “elseworld” es que no tiene dibujos. Ni uno. Kyrptonita es una novela. 200 y pico de páginas llenas de letritas puestas una al lado de otra -eso sí- de un modo fantástico.


Lo que el autor -Leonardo Oyola- propone al circunstancial lector es pensar qué hubiera pasado si en lugar de caer en la campestre Kansas, la burbujita salvavidas de Kal-El hubiese ido a parar al Conurbano bonaerense. El resultado es notable por varios motivos. Desde lo comiquero, porque este “elseworld” está particularmente bien construido. Desde lo emotivo, porque el autor sabe pintar un modo de vida y escenas que reconoce cualquiera que haya vivido al oeste de la Av. General Paz o al sur del Riachuelo y sus puentes. Y desde lo literario porque Oyola escribe muy, pero muy bien.

En La Matanza, Kal-El se convierte en “El Pini”. Pinino. O en Nafta Super, como se lo conoce fuera del barrio. Y es el líder de una banda que “labura” la zona y se enfrenta a otra, “la del Pelado”. La novela cuenta la vida del Pini, sus amoríos, sus ganas de cumbia, cómo los giles lo apuran para sacarse chapa (es curioso cómo, al mismo tiempo, en muchos cómics actuales de DC esta motivación empieza a ser predominante en un montón de villanos de tercera categoría). Pero Nafta Super no habla. No dice ni mu, porque llega a un hospital “con un cacho de vidrio verde clavado”. Se está muriendo y quienes lo recuerdan son sus amigos, mientras la Bonaerense rodea el hospital.


Ahí está la primera buena decisión de Oyola, que esquiva con altura la tentación de caer en un esquema aventurero/superheroico clásico y prefiere hacer de Lady Di, de Ráfaga, del Señor de la Noche, de Juan Raro, del Faisán y de Cuñataí Güirá los ángulos desde los cuales contar la vida del muchachote que se debate entre la vida y la muerte en un “nosocomio” provincial. Y como se imaginarán los lectores de Cuadritos, cada uno de estos amigotes del Oeste son versiones alternativas de populares superhéroes del universo DC, perfectamente adaptadas y consecuentes con su nuevo entorno.

En el paisaje está otro de los grandes méritos de la novela. Es cierto, la banda “del Nafta” es, básicamente, una banda de criminales. Y recorre una zona muy particular del conurbano bonaerense (que es infinitamente más heterogéneo de lo que creen muchos porteños), también. Pero Oyola no los juzga. Retrata una vida al límite, pero sin muchas opciones. Da cuenta de un camino (de varios, también, de los buenos y de los otros) que no necesariamente se puede elegir. Que a veces, sencillamente, toca(n).


Kryptonita tiene varios momentos superlativos. Pero acaso el más tierno y, a la vez, el más terrible, sea el que narra el encuentro de Nafta Super y su vieja con Carozo y Narizota. Hay (mucho) más para decir y contar del libro. El “origen” de Lady Di/Wonder Woman es de antología, por caso. Pero se sugiere leer el libro entero. O esperar a la entrevista con Oyola que publicará este sitio el próximo mes y convencerse entonces, con las palabras del propio autor.


Para leer en su sitio original pinchar acá.