lunes, 12 de noviembre de 2012

Leo Oyola inicia su camino en la literatura infantil


Con Sopapo, la historia de Tomi, un niño de nueve años que descubre que su papá es un gran maestro ninja, el escritor Leonardo Oyola da inicio a su trilogía de literatura infantil y juvenil y, sin abandonar su camino en el policial negro, se adentra en el imaginario de los chicos y en las relaciones entre padres e hijos.

(Por Leticia Pogoriles). "Sopapo" (Norma) es un relato de un poco más de cien páginas que se centra en Tomi, narrador y eterno enamorado de su maestra, Marilina, que en una situación confesional con su padre descubre un secreto increíble: él es un maestro ninja y lo entrenará en el arte milenario del sopapo chino.
En su imaginario, Tomi cree que -a fuerza de sopapos, claro está- podrá desbancar al novio de su maestra, pero la realidad se va entrometiendo de formas cómicas y es cada vez más imperioso estudiar para pasar a quinto grado. En el medio, se suman las excentricidades de su primo Martín, las charlas con su tío y los encuentros con la poco agraciada Cucusita, su compañerita.
La decisión de coquetear con este género es el correlato de una buena experiencia con su novela juvenil "Bolonqui" (2010). “Me decían que mis delincuentes tenían cosas de nenes grandotes, en lugar de hacer su trabajo hacían su juego, que eran aniñados dentro de sus maldades y de su crueldad", cuenta a Télam el autor de "Kryptonita", considerado uno de los mejores libros en 2011.
Tras algunas recomendaciones, Oyola se sumergió en el mundo LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) con autores como Sergio Olguín (“El equipo de los sueños”), Paula Bombara y Laura Escudero. "Ya espero sus libros", dice.
“Siempre quise hacer algo con las artes marciales, pero en el universo de adultos era muy difícil convertirlo en verosímil, como ese viejo axioma que dice `desde que está la pólvora se acabaron los valientes`”, reflexiona.
Para el autor de ocho novelas para adultos lo que más lo sedujo del género LIJ fue "conectar en algún punto con algo más luminoso y juguetón. No es un descanso escribir este tipo de novelas, pero está bueno mecharlo", sostiene.
Tomi es hijo de una pareja de padres separados y, sin estridencias, Oyola bucea con naturalidad en un marco de familia ensamblada y en la relación padre e hijo, un vínculo que se terminará de consolidar en las dos novelas que completan la saga Ninja de Pinar de Rocha: “Paliza” y “Te llené la cara de dedos”.
Padre de un niño de siete y tío de uno de 10, el autor de “Hacé que la noche venga” concede que reprodujo mucho de su experiencia: En "Sopapo", Ana la madre de Tomi, aparece en un segundo plano: "Las relaciones con las madres están más `unplugged` (desconectadas), pero es obvio que los nenes viven con ellas, el trabajo maternal es más anónimo, no tan reconocido como debería".
“Con mi hermano -revela- teníamos charlas sobre la paternidad. Al principio uno toma como un fracaso no ser un papá tradicional, pero me di cuenta que cada uno construye el vínculo a su manera”.
Con esta idea el autor le da un lugar protagónico a la confesión entre padre e hijo, una relación que vértebra esta novela juvenil. Para él, es un momento clave: “Si bien no se da en el día a día, las confesiones se vuelven extraordinarias y como adulto te acordas y mucho de ese momento en que el nene te dice: `me gusta una chica pero no le cuentes al abuelo porque me muero`”, se ríe.
“Es re tierno porque es un momento en que no tienen filtro, quería tratar de capturar eso donde enseguida te trasladan a su universo”, confiesa Oyola, ganador del premio Dashiell Hammet al policial en la XXI Semana Negra de Gijón por su novela "Chamamé", recientemente reeditada en el país.
Tomi está en la cuerda floja, tiene que estudiar y mucho si no quiere repetir. “Para mí el estudio es una marca, lo veo en mi sobrino porque hay que rezar para que pase de grado, es que a esa edad, estudiar es lo que hay que hacer. Nunca me voy a cansar de decir que el estudio no sólo abre puertas, abre mundos y te da la posibilidad de elegir”, sostiene sin caer en la bajada de línea.
Fanático de los personajes de niños creados por el cineasta Wes Anderson, esos chicos con pipa y bata que se pasean por la casa alardeando una pequeña adultez, Oyola cuenta en "Sopapo" la primera borrachera de Tomi, basada en su propia experiencia. “Mi primera curda fue similar a la que describo, como chico eso te llama mucho la atención. Pero de ahí a tolerarlo, es otra cosa”.
“Con las chicas pasa lo mismo, es probable que de chico no les darías jamás un beso y después un par de años te das cuenta que besar es lo más lindo de la vida, mientras tanto tiene que pasar el tiempo para que te caiga la ficha”, agrega.
Para escribir "Sopapo", Oyola se nutrió de sus flashbacks. "Tengo lindos recuerdos de pibe, nunca nos faltó lo básico, siempre fui muy enamoradísimo y pícaro, descubrí que me gustaban las chicas, iba jugar a la mancha, pero sí era venenosa mejor. Esa es la felicidad, no hay compromiso, no hay que prometer nada. Como adultos, tenemos que cuidar esa hermosa curiosidad de los chicos".
Si dejar a los grandes afuera, este escritor que siempre ordena los índices de los capítulos con canciones, les hace un guiño con referencias a la cultura pop, a los 80, a Michael Jackson y a uno de sus ídolos, David Carradine. "Pero quisiera tratar de entrar a lo universal, sin importar la edad. En definitiva, soy `Shrek` pero quisiera ser `Toy Story`”, concluye.

Para leer en su sitio original, clickear acá.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Crecer de golpe



En poco tiempo, Tomi, el protagonista de este libro, se entera de varios secretos de familia, aprende a pelear con la técnica del famoso y terrible sopapo (en su variante china), aprueba el examen final de cuarto para quinto grado y cambia de objeto amoroso.El autor de la nouvelle es el argentino Leonardo Oyola que, a pesar de su juventud (1973), tiene ya una extensa trayectoria en el campo de las letras: periodista para la edición argentina de la revista Rolling Stone, autor de un blog (tigreharapiento.blogspot.com.ar), escritor de novelas policiales, su último libro es Kryptonita. Ahora, con Sopapo indaga las complicadas relaciones familiares de un chico de nueve años, que además está enamorado, por supuesto, de su maestra Marilina. Con personajes bastante delirantes (anda por ahí un gato medio peligroso llamado Satanás) y una prosa deliciosa y desenfadada, tan coloquial como sea necesario, Oyola construye una historia atractivísima, llena incluso de guiños a los padres de sus lectores pequeños que muy bien pueden llegar a ser sus lectores adultos (los que veían a Kwai Chang Caine y a Patrick Swayze, y han bailado al ritmo de Michael Jackson). Las ilustraciones de Sopapo no podían ser sino del artista Leo Arias, el creador de Apu, que también deja un regalo: cómo aprender a ejecutar el fulminante sopapo chino. Graciela Melgarejo
  • Sopapo 
    Leonardo Oyola 

    Norma
    122 páginas
    $ 40

miércoles, 7 de noviembre de 2012

En La Rioja


sábado, 3 de noviembre de 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012

miércoles, 31 de octubre de 2012

El cerco


martes, 30 de octubre de 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

jueves, 25 de octubre de 2012

miércoles, 24 de octubre de 2012

En Crónicas del crimen


(Por Sol Amaya). Hoy les ofrezco un lujo: una pequeña entrevista con Leo Oyola, autor del libro que recomiendo en este post: Kryptonita.
Oyola nació y se crió en el oeste del Gran Buenos Aires. Es colaborador en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Además de Kryptonita, también es autor de las novelas Santería y Sacrificio, Siete & Tigre harapiento -tercera mención del Premio Clarín 2004-, Hacé que la noche venga -revelación 2008 en la Revista Ñ-, Bolonqui, Gólgota y Chamamé -Premio Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón-.
En esta entrevista, Oyola nos cuenta algunos detalles de Kryptonita.

 Sol: ¿De dónde surge la idea de escribir Kryptonita?
Leo: De un concepto del mundo del cómic: el elseworld. Se parte de una premisa en el que un personaje conocido se lo traslada a otro escenario o tiempo modificando así su universo y también su historia. El elseworld por excelencia es Hijo rojo en el que la nave que trae a un superman bebé en lugar de caer en EE.UU. aterriza en la Unión Soviética. Mi novela plantea tácitamente que hubiera ocurrido si el último sobreviviente del planeta Kryptón se criara en La Matanza.
S: El personaje del nochero, tengo entendido, sale de algo que te contaron, algo que pasa realmente en algunos hospitales del conurbano. ¿Es así?
Lamentablemente, sí. Una práctica muy institucionalizada según mis fuentes.
 S: ¿Cómo fue el proceso para crear el personaje de Nafta Súper? ¿En qué te inspiraste? ¿qué hay del súperman original en el personaje?
L: Fue darle características sobresalientes de la biografía del personaje ya sea en hechos puntuales de la historieta o de alguna de sus películas; más cosas mías. Por ejemplo el apodo, Pinino, es como me dice mi familia.
S: ¿Hay algo autobiográfico en el relato de Kryptonita? ¿Anécdotas tuyas o de conocidos que hayas incorporado a la memoria de tus personajes?
L: A todos les presté algo de mi prontuario. No solamente a Nafta Súper. Las anécdotas de la cancha como las del Jesse James –el Yesi como lo pronuncian allá- las de carnavales incluso varias de las más sombrías porque para bien o para mal nos tocaron.
 S: ¿De dónde sale toda la jerga? ¿Son todas creaciones tuyas o hubo una búsqueda, una investigación, para hacer hablar a los personajes en esos códigos?
L: La jerga sabe ser bien localista. Es un poco como nosotros hablábamos cuando vivíamos por esas calles. Tampoco es a la hora de escribirla como si desgrabaras un audio de una entrevista. Es intentar darle toda la vida posible por más que esté haciendo ficción.
S: La banda de Nafta Súper, ¿podría en algún aspecto identificarse con alguna banda o algún personaje real?
L: Son mi versión de la Liga de la Justicia. Mis Súper-amigos: Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Linterna Verde, la Chica Halcón y el Detective Marciano.
S: Cuando creás tus personajes ¿Hay algún escritor en particular en quién te inspires? ¿o alguna serie o película?
L: Están presentes –siempre- las enseñanzas de mi maestro en el oficio y en esta vida elegida, Alberto Laiseca.
S: Vos tenés un hijo que se llama Ramón, ¿no? ¿Tiene algo que ver con Monchi, el hijo de Nafta Súper?  En algún punto ¿quisiste dejarle un mensaje desde la literatura, desde el desarrollo de este libro, a tu hijo?
L: Si, Monchi está basado en MI Monchi. Creo que escribir “Kryptonita” fue la forma de pedirle perdón e intentar contarle porqué no pude ser un padre tradicional para él. Que lo amo. Y que lo extraño mucho cuando no estamos juntos.
S: Si tuvieras que seguir la historia ¿Qué sería de la vida de Monchi?
L: Se iría de su lugar de origen. Lejos. Bien lejos. Como lo hizo mi hijo.
S: Y por último, y esto no tiene que ver con el libro en sí. ¿Cuáles son los tres libros policiales de otros autores que le recomendarías a alguien que se interese en el género?
L: Bien old school, y por eso como lector de policiales mucho más que celebrado, “La aguja en el pajar” de Ernesto Mallo, “Sueños de perro” de Guillermo Orsi y “Monstruos perfectos” de Miguel Ángel Molfino.

jueves, 18 de octubre de 2012

Pastilla en El Guardián


"Uno de los escritores más destacados de la novela actual incursiona en la literatura infantil con éxito. Se trata de Leonardo Oyola, que en este libro dirigido a chicos mayores de 9 años, trabaja con los vínculos de padre/hijo con ternura y sensibilidad". 

Pastilla sobre SOPAPO publicada en la sección de libros de la revista El Guardián del jueves 18 de octubre de 2012.

martes, 16 de octubre de 2012

viernes, 12 de octubre de 2012

lunes, 8 de octubre de 2012

El Tigre 2012


viernes, 5 de octubre de 2012

Oasis


(Por Rodrigo Fernández). "Siempre arranco pensando en una columna vertebral, que es un policial, pero después se va nutriendo de lo que necesita a la historia y luego le doy para adelante", dijo Leonardo Oyola en diálogo con EL POPULAR luego de la presentación de su última novela. Sentado entre las butacas del salón del Concejo Deliberante luego que el público se retirara, Oyola contó que ser escritor "me agarró sobre la marcha, laburando". "Cuando menos lo esperaba, estaba embarcado escribiendo una novela, la mandé sin pensarlo dos veces a un concurso, fui finalista, obtuve una mención, se publicó y después fueron pasando otras cosas en la vida, un poco más amargas", dijo, y recordó que "laburándolo en terapia me hicieron ver que era una oportunidad para realizarme haciendo algo que quisiese. Desdramatizar el tema de haber perdido el laburo, de la separación. Le apunté todos los cañones a esto, que me traía mucha paz".


"No sólo el tema de publicación, sino invitaciones a charlas. La primer charla que di en mi vida fue en España", evocó, y aseguró que "empezó todo como un efecto dominó y como dicen los pibes: no lo pensás, lo hacés. Creo que por suerte se dio y soy un tipo muy feliz". 



Si bien la carrera literaria de Leonardo Oyola empezaba a despegar, su lanzamiento oficial iba a llegar con el premio obtenido en la Semana Negra de Gijón por su novela "Chamamé". El autor reconoció que ese libro le cambió la vida. "Sobre todo la escritura de ese libro. Porque en un momento en que lo había perdido todo, haber escrito 'Chamamé' me terminó dando de todo. No sólo esta carrera, no sólo esos reconocimientos y los viajes, sino incluso hasta una pareja", y señaló a la escritora Alejandra Zina, autora de la novela "Barajas", que lo esperaba a un costado.

Los personajes de Oyola, si bien navegan en las aguas de lo marginal, tienen un férreo código de la amistad. Valores de barrio como la lealtad, la confianza o la palabra. "Todo lo que enumeraste anteriormente salió también de terapia", dijo el escritor, y sostuvo que "por ahí las dos primeras novelas eran un poco más tradicionales, pero lo que quise trabajar después era lo que me jodía: la traición, pero sobre todo el tema de los códigos".

Eso lo encontré siempre en las personas más humildes, que incluso no tiene una instrucción académica, que se aferran a cosas puntuales. Una de esas tiene que ver con valorar la amistad, valorar al otro. Me parece que de una manera inconsciente empezó a aflorar y mucho", apuntó, y agregó que "me gustaba ese tema. Tratar de recobrar eso que vi en la gente humilde, que es donde nos tocó crecer, donde hubo un momento que me tocó volver y que ahora a la distancia no sólo es la forma de honrar, sino de decir que es lo que quiero para todo, aplicarlo a todo". 



En "Krytonita", un grupo de delincuentes llegan con una herido grave una noche a la guardia de un hospital del Conurbano y se atrincheran hasta que llegue la madrugada. El libro tiene continuas referencias al mundo del cómic y Oyola contó que la idea surgió charlando con Juan Sasturain. "Me habló de ese tema y de una historieta de Superman, 'Hijo Rojo', en la que el tipo caía en la Unión Soviética y terminaba siendo un ícono del comunismo. Entonces empecé a pensar en llevarlo a Casanova, no como un chiste sino a ver qué onda y por qué". "El tema era, y que creo que siempre lo trato de poner en todos mis libros, que no tenés que mirar el pasado con odio. Tenés que estar en paz con quien fuiste, con lo que hiciste. Si querés volver al pasado y querés enmendar las cosas que hiciste mal, vas a hacer otras. Que no sea una cruz, tampoco si fue fulero que lo mires con una sonrisa pero que entiendas que fue pasado y que vos sos movimiento. Sos de ahora para adelante", sostuvo el escritor, que adelantó que ya casi tiene listo el borrador de su próxima novela: "Ultratumba". La trama transcurre en una cárcel de mujeres durante un motín, donde dos pabellones se disputan el control. En el momento que menos esperan el pabellón D, donde los internas con enfermedades terminales o problemas graves de adicción son enviadas a morir, resucitan. "Quería hacer una novela de zombies con la estructura del spaghetti western", finalizó.

Para leer en su sitio original, pinchar acá.