sábado, 3 de agosto de 2013

viernes, 5 de julio de 2013

domingo, 30 de junio de 2013

martes, 25 de junio de 2013

lunes, 17 de junio de 2013

Muscari Vivo

Esta noche, de 22 a medianoche, voy a estar en la radio UBA FM 87.9 -también se escucha por internet en http://www.uba.ar/radiouba- como invitado y DJ del programa conducido por José María Muscari y Mariela Asensio. Por el estreno de "Hombre de acero" vamos a hablar de mi Superman en "Kryptonita", de mis chicas de "Ultra/Tumba" y además voy a pasar nueve canciones y dar el por qué de mi elección.

viernes, 31 de mayo de 2013

lunes, 20 de mayo de 2013

viernes, 10 de mayo de 2013

jueves, 25 de abril de 2013

lunes, 8 de abril de 2013

Delincuentes a matar o morir


(Por Juan Manuel Montero). La palabra raro remite indefectiblemente a algo a lo que no estamos acostumbrados. No hace falta ponerle más calificativos, aunque, obvio, nos puede gustar o no. Pero lo que no podemos dejar de lado es el placer de sorprendernos. De enfrentarnos a algo a lo que no estamos acostumbrados. Eso, en principio, es lo que pasa con Kryptonita, el libro que escribió Leonardo Oyola quien, con 39 años, ya tiene lauros ganados con su pluma (es lindo creer que aún se puede escribir sin la computadora, aunque esto es cada vez menos cierto). Tiene formación en el género policial. Y un mentor de lujo: el gran Alberto Laiseca, de quien seguramente habrá sacado muchos de los personajes que se cuelan en sus novelas. Bastará decir que con uno de sus trabajos, Chamamé, ganó el premio Dashiell Hammet al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón. Kryptonita transcurre en un hospital de la zona oeste de Buenos Aires y el protagonista es un "nochero", uno de esos médicos que deben hacer guardias nocturnas, la mayoría de las veces contratados por los verdaderos especialistas, y a las que no pueden rechazar por cuestiones económicas. Allí está este pobre hombre, contando las pocas horas que le faltan para abandonar el hospital después de haber pasado tres días seguidos atendiendo todo tipo de dolencias. Hasta que.... una banda de famosos asaltantes de la zona toma la guardia para que curen a su cabecilla moribundo. 




Está en primera persona, pero las anécdotas y los detalles saltan de protagonista en protagonista a medida que cuentan o explican. El escritor pinta a cada uno de los personajes mientras su líder, el temible "Nafta súper", lucha por su vida. Todo se complica hasta el máximo cuando el hospital es rodeado de "patas negras". O sea, la bonaerense llega para hacerse cargo del caso y los delincuentes saben que ahora se juegan a matar o morir. 



Una vuelta más 



Los personajes, tres lúmpenes, un paraguayo y un travesti, pasan de la euforia a la melancolía, recordando viejas y buenas épocas, comparándolas con un presente poco alentador. Hay detalles que uno no puede contar si no los tiene vividos. En eso, Oyola, colaborador habitual de Rolling Stone, marca terreno. 



La novela es corta, pero el ritmo no se altera en ningún momento. Para los que ya leyeron Gólgota o Santería, la llegada de Kryptonita será bien recibida. Para los que leen por primera vez acerca de este autor, la oportunidad de conocer a alguien que sabe darle una vuelta de tuerca al policial convencional. Y eso no es poco. 

domingo, 7 de abril de 2013

"No se puede juzgar la situación ni los personajes"


Kryptonita te dio ya varias alegrías: premio a la ficción argentina de 2011 de la editorial Eterna Cadencia, votada por muchos colegas; y candidata al premio del lector, al que se puedo votar desde la web de la Feria del Libro. ¿Cómo recibiste estos elogios, en vista de que ya no sos un autor "nuevo", sino que has parido varios libros? 

- Cada libro que escribí siempre me ha dado algo bueno. Creo que todo el trabajo que uno le pone después tiene una recompensa que no necesariamente tiene que ser onerosa. Es una moneda que vale mucho más que alguien haya elegido leer una novela que escribí entre tanta cosa linda que hay en una librería. En el caso de particular de Kryptonita hubo un momento en el que tomé un riesgo y por suerte la mayoría de los que la leyeron levantaron el guante: cuando del policial negro muta al registro del cómic y a lo fantástico. Si bien es algo que ya había experimentado en otros títulos míos anteriores, en este lo llevé más hacia ese terreno y, sobre todo, a lo autobiográfico. Y por suerte acompañaron la decisión. Para mí es todo muy nuevo el tema de internet en casa, haberme podido comprar una notebook, abrir una cuenta de Facebook… No hace un año. Es increíble lo cercano que se vuelve el lector y el feedback inmediato con la obra. El premio de Eterna Cadencia es muy similar al que obtuve con Chamamé en Gijón porque te lo dan tus pares. Es un honor muy grande. Y un gran aliento a seguir escribiendo, a entender que uno es esto y a hacerse cargo de lo que escribimos. Lo de la Feria del Libro es un plus: un gran piropo estar en esa lista. Y a la vez un cierre a una etapa, la de Kryptonita, en la que obtuve muchos-muchos mimos.




- En Kryptonita, se parte de "Nafta Súper", kapanga de una banda criminal del Conurbano. ¿Cómo se conjugan lo marginal, que es parte de lo cotidiano, y que se pueda contar de esta manera? 

- No se puede juzgar la situación ni los personajes como escritor. Eso después lo hace el lector. Y ahí se termina el ciclo de esa historia. Que sea más numeroso después un grupo que opina lo mismo es otro tema. Pero yo como autor de la obra no puedo emitir juicio de valor sobre mis criaturas. Tengo que tratar de ser lo más objetivo posible. Seguramente con algunos de mis personajes no podré serlo cien por ciento. Porque te terminás encariñando. Pero lo mío pasa por pasar desapercibido. Que no se vea al escritor. Que se asimile la historia. Ahí se produce la alquimia. Y después bancarte las lecturas. Y las críticas. Buenas y malas. Porque es gente que te leyó. Y que, como decía anteriormente, pone sus experiencias personales y su formación para cerrar la historia que tuvo entre sus manos. 

- Me dijiste en una entrevista que lo tuyo no era el spaghetti western sino el locro western. Hay un amor expreso por la "cultura popular" en Kryptonita.

- Sí. Porque eso es lo que me emborrachó siempre. Y ese tipo de curda para mí es la felicidad. 

- Y también hay algo de cruce de géneros y registros: cómic, música, televisión, superhéroes, ciencia ficción... Y una lectura social de la cosa, los niveles y cruces culturales. 

- Mirá, los pibes allá (en el Oeste) te dicen: "no lo pensás, lo hacés". Un poco eso es para mí escribir. Sentarte y hacerlo. Y las armas que yo tengo para hacer mi gracia son todas esas cosas que enumeraste en la pregunta: eso que a mí me pintó una sonrisa de oreja a oreja. 

Hernán Carbonel


miércoles, 3 de abril de 2013

¡Bienvenido pop!


Este sábado 6 a las 19 en Eloísa Cartonera (Aristóbulo del Valle 666, La Boca) en el marco de los encuentros YA TE CONTÉ vamos a compartir una mesa redonda con Gabriela Cabezón Cámara y la colega uruguaya Natalia Mardero; moderados por la amiga Gabriela Rama. Los esperamos.

martes, 2 de abril de 2013

domingo, 31 de marzo de 2013

Entrevista en Tiempo Argentino


Un escritor que detiene y entretiene. Su obra es como un rogel de mil capas, cada una con sabor y olor propios y diferentes. Nada se repite. Cada párrafo es un andarivel que invita a recorrer y a recordar. La polifonía matancera, sin fecha de vencimiento.   


(Por Sergio Di Nucci). Todos los elementos que se esperan de una gran novela de superacción están en Kryptonita de Leonardo Oyola. Hay violencia, hay crimen y delito; hay fidelidad, sexo y traición; hay enormes escenarios del Cercano Oeste que parecen abrirse a infinitos horizontes argentinos. Pero, como en toda gran novela, el todo es más que la suma de las partes. El protagonista se llama Nafta Súper y es líder de una banda. La ley de la épica dicta que su enemigo debe estar a su altura y magnitud. Y así es. El Pelado lidera otra banda, e hirió de muerte a Nafta Súper usando como arma una botella de cerveza de envase verde. Poco a poco, pero con velocidad e intensidad crecientes, estos detalles desplegarán una trama cuyos fatales y letales antihéroes no son  otros que los superhéroes con cuya pugnacidad han crecido enteras generaciones de argentinos y argentinas. Los amigos de Nafta Súper llegan a la guardia hospitalaria –de un famoso hospital público del Oeste con nombre parisino-, y querrán sacarlo con vida, evitando que él caiga preso, tomando como rehenes al propio narrador y a una enfermera. Ahí llegan la travesti Lady Di (Mujer Maravilla), Ráfaga (Flash), Juan Raro (Detective Marciano y a la vez homenaje a Olaf Stapledon y su libro del mismo nombre), Faisán (Linterna Verde) y El señor de la Noche (Batman). 
Esta panoplia de nombre irreales, sin embargo, se ve desde un comienzo desmentida o confrontada con las realidades plebeyas, demasiado plebeyas de los sectores más heavy del Conurbano del Oeste. Por todo esto, y también por el modo que tiene Oyola de contar las cosas, y la inventiva verosimilitud  creativa de los modos de hablar y pensar de sus protagonistas, es que esta novela cosechó tantos elogios. 


–No parece muy justo cuando se dice de vos que sos parte de una generación que habla del Conurbano, porque si bien lo hacés, lo tuyo es otra cosa…
–No sé… Cuando me hacen este tipo de preguntas me incomodo, y de pronto uso mucho una frase que dicen los pibes allá, que es "no lo pensás, lo hacés", yo hago eso. Entonces a mí, el mejor piropo que me han dicho todos estos años es que le guste lo que hago a mi papá, a un pibe de allá, o que me lleven a la facultad de Posadas… Yo creo que el libro, yo soy el autor, pero lo termina de cerrar el tipo que lo lee. Uno al leer tiene mucha cosa adentro, que termina por linkear eso que leés a otra cosa. Justamente el verbo que me parece de esta generación es ese: linkear. Y eso que uno lleva adentro te predispone en lo que estás leyendo, quieras o no.
–¿Qué te parece el Conurbano en que viviste y el que narrás?
–Recién ahora me estoy amigando y no del todo con la palabra Conurbano, porque para mí toda la vida eso fue un lugar de identificación. Yo soy de la provincia y matancero. Después hay cosas que nos exceden, como lo de "nueva narrativa", o "nueva narrativa del Conurbano", etcétera. Las dos primeras novelas que hice son policiales y transcurren acá. Y en algún punto, y por favor no quiero ser pretencioso… pero eran novelas policiales más clásicas, las otras fueron mutando, porque me gusta una hibridez en el género…
–Una hibridez que evocás desde el modo en que reproducís los modos de hablar del oeste…
–La jerga de por sí va cambiando… Hay una muy buena que se le dice ahora allá con los pibes, que se la dicen al que está bailando lindo: "no te hagás el Piquín", y por ahí esa frase en cinco años desaparece
–Se ha dicho de tu última novela, Kryptonita, que se trata de una biografía polifónica y radiografía matancera. Lo segundo es evidente, acaso no tan inmediato lo primero, ¿podrías explicar en qué sentido es una biografía polifónica?
–A los personajes de la novela quise darle características sobresalientes ya sea en hechos puntuales de la historieta o de alguna de las películas que a cada uno de ellos remite, más cosas mías. Por ejemplo el apodo, "Pinino", es como me dice mi familia. Cuando se dice que Kryptonita es una biografía polifónica acaso mencionan que a todos los personajes les presté algo de mi prontuario. No solamente a Nafta Súper. Las anécdotas de la cancha como las del Jesse James –el Yesi como lo pronuncian allá– las de carnavales, son casos que he vivido, pero que sólo pude narrar estando afuera de todo esto, cuando me fui de allá. Monchi está basado en  mi Monchi, en mi hijo Ramón. Creo que escribir Kryptonita fue la forma de pedirle perdón e intentar contarle porqué no pude ser un padre tradicional para él.


–¿Podrías explicar el concepto que usaste en esta y otras obras, el de elseworld?
–Es un concepto que me lo explicó Juan Sasturain y surgió del mundo del cómic. Y significa poner a un personaje conocido en otro escenario o en otro tiempo, modificando así su universo y también su historia. El elseworld por excelencia es Hijo rojo, porque trata de que Superman bebé cae del planeta Kryptón, pero en vez de caer en los Estados Unidos, lo hace en la Unión Soviética. Mi novela plantea eso mismo, lo que hubiera ocurrido si el último sobreviviente del planeta Kryptón se criara en La Matanza, en Isidro Casanova.
–Se habla mucho del modo en que reproducís la jerga del oeste, de un modo que vos, en entrevista, jamás te jactás aludiendo a grandes esfuerzos… ¿Tenés presente  a quiénes…?
–La jerga sabe ser bien localista. Es un poco como nosotros hablábamos cuando vivíamos por esas calles. Tampoco es a la hora de escribirla como si desgrabaras un audio de una entrevista. Es intentar darle toda la vida posible por más que esté haciendo ficción. Hay muchos personajes que no hablan. Y el protagonista, lo que piensa y es, se ve reconstruida desde otras voces… me parecía muy importante no quedar sólo desde la visión de  un solo personaje, sino que cada vida se vaya reconstruyendo a partir de lo que dicen o no dicen de él los otros. 
–¿Estas trabajando en una próxima novela? ¿De qué trata?
–Trata sobra una chica que está privada de su libertad y una guardiacárcel, se arma un motín, dos facciones que quieren tomar el control del penal. Y a la guardiacárcel la toman de rehén, pero a pesar de que ellas dos habían cortado un tiempo antes, ella, la interna, va a buscarla para defenderla. En el medio se levanta una tercera facción en el penal, que ellas no esperaban. Coloquialmente se lo conoce como la sección D, que es por "desahuciados", donde mandan a todos los que están en fase terminal, con enfermedades infectocontagiosas, adictos al paco, sobre todo, para que terminen ahí. Me permití jugar con eso, sin que mencione la palabra zombie, pero que aparezca ese pabellón, y esa gente que vuelve, vuelve con bronca, porque los dejaron morir en esas condiciones. Se trata de combinar una trama clásica con una literatura zombie, por eso tuve que leer y ver mucho de ese mundo, series, etcétera, que está tan en boga… Con el zombi no podés negociar, está en su naturaleza. Porque además el zombi justamente no es algo natural. Lo que es terrible es cómo, ante esos contextos, se deshumaniza el hombre, las exigencias de cada uno, salvar a tu grupo era lo que me propuse explorar, y en un ambiente cerrado. Creo que saldrá para septiembre o diciembre, va a tener sus 300 páginas, y saldrá por Alfaguara.


–¿Dónde estas viviendo ahora y de qué vivís?
–Ahora vivo en Almagro. Desde el 2008. El año anterior me bancaron un editor en su casa de San Telmo y Pablo Ramos en la suya de Paternal. Desde 2006 me dedico de lleno a escribir. Colaboro en diarios y en revistas pero básicamente mis ingresos fuertes vienen de mis libros. Anticipos, traducciones, señas para películas, presentaciones en el interior del país... todo dosificado en cómodas cuotas. Cuotas chicas. Me acostumbré a vivir con poco. Porque creo que soy mejor persona mientras leo y escribo. Además para mí es una enorme satisfacción mantenerme con guita que sale de lo que soy y lo que hago. Y cada vez que me puedo dar un lujo (comprarme un DVD, un CD, alguna pilcha, todas mis salidas, lo que tomo en un bar, hacer regalos me gusta mucho hacer regalos) sé muy bien lo que costó, de dónde vino y por eso lo disfruto más.
–Otra pregunta obligada es por autores predilectos, pero más bien los de antes…
–Cuando me largué a leer me volaron la cabeza Bradbury y La Naranja Mecánica de Anthony Burguess. También mucho Tabucchi. De acá, Soriano y Enrique Medina.
–¿Qué te parece el oeste hoy, cambió respecto de ayer? 
–El oeste hoy sigue siendo lo mismo que cuando yo empecé a patearlo. Con el pulso de los días que nos tocan vivir hoy. Hay cada vez más gente eso sí. La única diferencia es que en este momento están asfaltando la calle de la casa de mis viejos. Estábamos resignados a que eso no pasara.

sábado, 23 de marzo de 2013

Si me dan a elegir


En la Ñ de hoy, en la sección Si me dan a elegir, la directora y dramaturga Paula Manzone en un libro opta por Hacé que la noche venga. Paula dice de mi novela: "Me topé con este libro casi de casualidad y simplemente me lo devoré en tres días. Es algo así como un policial de género fantástico y vaqueros pero en un Buenos Aires de 1939. Narrado por el protagonista, un linyera atorrante, logra una poética que oscila entre lo oscuro y lo mágico de la noche".