jueves, 25 de febrero de 2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

Baldío

martes, 2 de febrero de 2010

La rabia y el dolor

Otra vez Oyola
Por Guillermo Orsi
Mientras una sociedad de progresistas de minué y fachos new age debate sobre lo que llaman inseguridad -los dolores de cabeza que les traen los millones de excluidos por un sistema que esa sociedad aplaudió de pie en los ´90-, otra vez Oyola.

Si en Chamamé recorrió con prosa metálica los desolados caminos de un duelo inevitable, en Gólgota recoge el guante ensangrentado de una venganza y lo transforma en una bofetada que transfigura cualquier falluto gesto de compasión en una máscara del asco.

Una violación, un par de muertes derivadas de la insoportable humillación, la jactancia suicida del violador, su ejecución y la revancha sellan los actos implacables de la tragedia.

Poco más de cien páginas le bastan a Oyola para hundirse en la miseria de Villa Scasso y, como talentoso ciruja del lenguaje, hurgar entre los escombros de una humanidad acorralada en sus propios laberintos, arrojada al vaciadero por la violencia clasista y las redadas policiales.

Reglas de un juego preapocalíptico que no frecuentan los políticos que aluden a la catástrofe final de una sociedad prisionera de sus culpas, los "patas negras" -la yuta, la cana, la pasma, la "maldita policía"- sobreviven pactando con la jauría -los Pibes de Scasso. Cuando algún paso en falso, alguna traición, hacen saltar por el aire ese pacto, sobreviene la barbarie y la sangre de los sacrificios corre por la cunetas del barrio.

No queda después -como en toda guerra- más que contar las bajas y sentarse a negociar. Barajar y dar de nuevo es, en Villa Scasso, matar para recuperar el orden perdido, jugar unas partidas donde no hay fulleros porque todos, y a sabiendas de sus adversarios, hacen trampa.

El que no hace trampa es Oyola.

Los primeros párrafos se disparan y hay que buscar refugio, aceptar, a estallidos de una escritura fulminante, que el mundo no es lo que nos prometieron que sería. En la Argentina, como en tantos otros países del mal llamado tercer mundo, se han ensayado tantas recetas políticas, sociales y económicas que sus habitantes reaccionan a los estímulos como ratas sobrevivientes del peor laboratorio nazifascista. Alucinados, perseguidores perseguidos, amontonados en los rincones más sombríos de la historia, los personajes de esta breve y ejemplar novela ya no tienen dónde huir y por eso atacan. Atacan con lo que tienen a mano y también con el lenguaje, con el estilo seco de un pibe que no es de Scasso pero que toca en la misma banda.

Puesta en la mira, la literatura de Leonardo Oyola se deshace bajo su propia lluvia de balas, estalla silenciosa y brutal para recomponerse en los callejones sin salida, en los barrios que ahuecan el pretencioso edificio de una ciudad, que acabarán por derrumbarla sobre su propia ciénaga. Oyola se anticipa a ese derrumbe con una historia despojada de artificios y de los tan comunes hoy en día narcisismos metaliterarios.

El caretaje seguirá analizando la inseguridad, oscilando entre políticas seudo preventivas y la ejecución legal o sumaria de los inadaptados. Oyola desenmascara la puesta en escena de una civilización funeraria, pone a víctimas y victimarios en la misma línea de fuego y dispara a discreción sobre tanta hipocresía. Y lo hace con una prosa ajustada, violenta como su materia narrativa, precisa, en el final, como el único alivio posible a tanto dolor: el tiro de gracia, la crucifixión en un Gólgota donde no cabe esperar otra redención que el exterminio.

lunes, 18 de enero de 2010

Escala en el Rosedal

Durante enero, a la tardecita, habrá un Ciclo de lecturas barriales (basado en la antología Escala 1:1). Un recorrido literario por los barrios porteños.

Será los sábados 16, 23 y 30 de enero a las 19.30 hs, en el Pabellón Argentino, montado especialmente para el año del Bicentenario en el parque 3 de Febrero (el Rosedal; Libertador al 3900, entre Oro y Godoy Cruz).

Autores de la antología Escala 1:1 (Editorial Entropía) leerán textos basados en un barrio a su elección, ya publicados y/o inéditos.
Este sábado 23 de enero: Sebastián Martínez Daniell (Nuñez), Leonardo Oyola (Bajo Flores) y Juan Terranova (Caballito).


martes, 29 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Camino de ida

Por Leonardo A. Oyola

“¿Todavía no lo leíste? No vas a poder dejar de hacerlo”. La cita es de una obra maestra de John Carpenter, En la boca del miedo (1995), en la que un lector anónimo de Sutter Cane –algo así como un ficticio Stephen King- celebra con un comportamiento autista la adicción que causa la prosa de este escritor con cualquiera de sus libros. Sutter Cane es un dios. Sutter Cane es el diablo. Sutter Cane es una voz que no para de hablarnos. Sutter Cane es la creación. Sutter Cane es aquel que nos muestra lo que no queremos ver. Sutter Cane es un espejo. Sutter Cane es la revelación de lo que en verdad somos nosotros, los hombres.

“¿Todavía no lo leíste?”; bien podría preguntar un compatriota de Stieg Larsson ya que en Suecia este autor vendió tres millones de ejemplares de su primera novela en un país cuya población es de nueve millones de habitantes. “¿Todavía no lo leíste?” es una pregunta que se pronuncia en los cuarenta idiomas correspondientes a las cuarenta traducciones que ha logrado. Y el “¿Todavía no lo leíste?”; si es que ya no lo hiciste, te lo va a preguntar un conocido tuyo en cualquier momento. Porque al igual que con las temporadas de series como Lost, Héroes o Dr. House solo es una cuestión de tiempo volverse adicto a los libros de Larsson.
Los tomos que componen la trilogía Millenium son por su tamaño iguales a tres ladrillos grosos. Impacta ver juntas las ediciones de Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Son tres ladrillos negros. Calculo que si llegáramos a juntar tan solo todos los ejemplares vendidos en una decena de librerías porteñas; con la totalidad de esos ladrillos negros podríamos ayudar a terminar la casa de Petroccelli.

La asociación televisiva no es gratuita ya que el alter ego de Larsson, el periodista de investigación Mikael Blomkvist, tiene muchos rasgos en común con aquel defensor de pobres y de las causas injustas de la serie de los 70. Ambos son incorruptibles, creen ciegamente en la justicia y van hasta el final del asunto sin importarles el costo para develar la verdad. Su talón de Aquiles está en su romanticismo abanderado de una ingenuidad anacrónica. Pero a diferencia del abogado interpretado por Barry Newman, el Blomkvist de Larsson tiene en Lisbeth Salander a su Robin hacker-punk; que después de su presentación en el primer arco de la historia ocupará el rol de Batman por constituirse por varios cuerpos de ventaja en el personaje más atractivo de esas casi dos mil cuatrocientas páginas que los dos protagonizan.
En el desarrollo de esta historia se produce un fenómeno propio del género policial que es la incorporación o fagocitación de otros géneros. En este caso específico, mutando de novela de enigma a thriller mafioso, coqueteando con el drama de estrado sin dejar de lado las idas y venidas en la relación de sus protagonistas en ese triángulo típico de telenovela entre Blomkvist, Salander y la blonda Erika Berger. Para no mencionar sus truculentas relaciones familiares.

¿En lo citado en el párrafo anterior se encuentra el plato principal por el que no paramos de devorarnos cada uno de los tres tomos? Seguramente. Pero también no hay que negar un estilo decimonónico similar a lo visto en un clásico exponente del film noir como es El Samurai de Jean Pierre Melville –película protagonizada por Alain Delon y basada en la novela Ronin de Goan McLeod (título más acertado para el trabajo del protagonista)- donde un brillante ejercicio basado en eliminar las elipsis y narrar minuciosamente todas las acciones a realizar por el killer previa ejecución de sus actos nos mantiene en vilo por el mero hecho de no dejar librado nada al azar. Larsson es capaz de escribir páginas y páginas de inentendibles datos económicos salvo para expertos en esa área, jerga ultra sofisticada en informática y hasta el paso a paso para revelar una foto sin alejarnos de la trama.

Porque aún pese a una horrible traducción española abundante en expresiones insoportables para un lector de estas latitudes como “se tronchaba de la risa”, “para más inri” o “agarrar una cogorza de muerte”; ¿qué es lo que ha convertido a Millenium en el fenómeno policial de la década? Definitivamente, y más allá de estas líneas y de la dramática muerte de su autor antes de haber visto editada su obra y en el fervor de masas en que se convirtió, ese es un enigma que ni siquiera los mismísimos superdetective Kalle Blomkvist, la Sally Piernas Largas o mucho menos el propio Stieg Larsson van a poder develar. Nosotros, los simples mortales, los que tenemos voces anónimas, los que no somos reflejo de nada, los que consumimos, solo podemos preguntar: “¿Todavía no lo leíste?”

Publicado en la Rolling Stone Nro. 141.

martes, 22 de diciembre de 2009

Dos cultores del género negro

La entrevista que nos hizo Patricio Zunini para el blog de Eterna Cadencia, pinchando acá.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Encuesta a la literatura argentina

1- ¿Cuáles son, para Ud., los libros de autores argentinos más significativos de la década? (Mencione cinco títulos en orden de prioridad.)

Los Sorias. Alberto Laiseca. Gárgola. 2004. (*)
La saga de los confines. Liliana Bodoc. Norma. 2000. 2002. 2005.
El origen de la tristeza. Pablo Ramos. Alfaguara. 2004.
Las islas. Carlos Gamerro. Norma. 2007. (**)
Noches vacías. Washington Cucurto. Eloísa Cartonera. 2003.

(*) (**) Ambas novelas editadas originalmente en 1998 por Simurg.

2- ¿Qué autores, argentinos y extranjeros, tienen gravitación en su obra?

Uno es esponja de lo que ve, lee y escucha. No solo la lectura de libros, revistas y cómics: también el cine y la música me formaron y me forman como narrador. Incluso las historias familiares y las leyendas populares trasmitidas de forma oral. Crecí con la colección Robin Hood, Sábados de super acción y el rock de pasillo. Alejandro Dumas. Los westerns y las películas de Leonardo Favio. Rata Blanca y la Creedence. Después se aparecieron las librerías de saldos de la avenida Corrientes, los cines de la calle Lavalle y los recitales de estadios. Y con ellos Arlt y Jim Thompson, Tarantino y Adrián Caetano, Guns’N Roses y Los Piojos. Hoy leo a Guillermo Orsi y a Cormac McCarthy, miro series en dvd y escucho a Doña María y Lil Wayne. Me gusta creer que rumbeo para el mismo lado con Pablo Ramos, Ariel Bermani y Gabriela Cabezón Cámara. Y si hay alguien a quien le debo, ese es el maestro Laiseca.

3- Para usted, ¿qué es hoy lo actual y lo caduco en la literatura argentina?

Como lector no creo que un texto venga con fecha de vencimiento. Lo que a mi me conmueve, lo que me genera diferentes sensaciones eso es lo que después recomiendo sin importar si fue publicado este año, en la última década o a principios del siglo veinte. Ahora bien, lo que veo, creo e impulso es la vuelta al género, a contar historias. Que no todo se agote en lo autobiográfico. Abanderar el género y dejar de considerarlo como literatura menor. “Literatura menor”. Por favor…Hoy el policial en nuestro país es punta de lanza. Yo lo que espero leer es lo que tienen para decir nuevas voces -y no tantas- en terror, ciencia ficción, fantasy...

4- ¿Cómo percibe las relaciones entre literatura y mercado?

Más que como un Boca- River más bien como una relación padre-hijo: necesaria y conflictiva. “Mercado” no debería ser una mala palabra. Lo mismo cuando se pronuncia “literatura”: tampoco habría que adosarle ese halo pretencioso y sagrado en el que generalmente se ve envuelta.

5- ¿Cuáles considera que son las principales instancias de legitimación literaria: la publicación en determinada editorial, el aval de escritores de prestigio, la universidad, la crítica periodística o académica, los suplementos literarios, los blogs, los premios, la presencia en mesas redondas y eventos culturales, la aceptación de los lectores?

Los editores, los colegas que ya tienen un nombre, los profesores y alumnos, los críticos, los periodistas, los administradores de páginas webs y blogs, los jurados de un concurso, los que organizan y van a mesas redondas y eventos culturales; todos en definitiva son en una primera instancia lectores. El hecho de que cualquiera de ellos haya elegido, leído y recomendado un libro entre tanta oferta es el piropo y el aliento que necesitamos todos los que nos dedicamos a escribir.

Publicado en la revista Ñ del sábado 21 de diciembre.

martes, 15 de diciembre de 2009

miércoles, 9 de diciembre de 2009

martes, 8 de diciembre de 2009