domingo, 15 de marzo de 2009

El guerrero solitario


Con casi ochenta años, un ícono de la pantalla grande como Clint Eastwood se retira de la actuación en un rol que, entre otras cosas, remite a sus personajes legendarios.

Gran Torino **** (4/5)

De y con Clint Eastwood.

Walt Kowalski es un obrero jubilado de la industria automotriz, un veterano de la Guerra de Corea que acaba de enviudar. Durante el velorio de su esposa ve cómo sus nietos pasan por la iglesia como si fuera un trámite sin el más mínimo de respeto por su abuela. Uno de ellos se persigna burlándose. Walt lo escucha pero no hace nada. No dice nada. Solo gruñe. Lo mismo le pasa con el responso que da ese curita que no tiene ni siquiera treinta años. Ya tendrá la oportunidad de retrucarle al sacerdote que qué puede saber él de la muerte si solo es un pendejo virgen que le vende cosas imposibles a las viejas que son devotas y obedientes. Y pese a todo va a seguir aguantando a ese imberbe en sotana porque el pibe le hizo una promesa a su mujer y la piensa cumplir. Y eso es algo que Walt respeta.

El Walt de Clint Eastwood no es de los que ponen la otra mejilla. Mucho menos ahora que no está su mujer para llamarlo a recato. No lo hace porque ese es un signo de debilidad y eso es algo que un hombre no puede permitirse. El Walt de Clint Eastwood es old fashion, old school. Un hueso duro de roer. Pero sobre todas las cosas, el Walt de Clint Eastwood es un tipo que viene lidiando con las pérdidas desde hace mucho, mucho tiempo. Y que ha llegado a una edad en la que se ha quedado solo, salvo la compañía de su perra. Una edad en la que no va a cambiar. Que podrá ceder un poco en ciertas cuestiones y ante las evidencias. Pero él sabe muy bien qué es lo correcto. Punto. Y cuando de repente se vea vinculado con sus vecinos, unos inmigrantes asiáticos, prácticamente esa relación con todo lo bueno y todo lo malo que le va a traer más que una segunda oportunidad será su alivio de luto.

En Gran Torino vuelven a decir presente los temas que el viejo Clint ha venido tocando en su filmografía como director desde Los imperdonables a esta etapa; interpelándose no solamente como artista sino también como persona. El rol de un padre que ha fracasado en las relaciones con sus propios hijos pero que puede ser mucho más que idóneo para los que no son de su misma sangre pero que si necesitan una figura paterna, la proximidad de la muerte, si tenemos o no la capacidad de decidir sobre ella más allá de lo que la religión y la ley digan, el sacrificio de una vida; todos tópicos abordados desde diferentes ópticas ya sea en la premiada Million dolar baby, más atrás en Crimen verdadero o hasta en la fallida adaptación de la novela de Michael Connolly, Deuda de sangre.

Así como en Río Místico dejaba en claro que la justicia nunca puede residir en la ley del talión, en Gran Torino Eastwood redobla la apuesta en un personaje que tiene cosas de sus espectrales pistoleros de La venganza del muerto o El jinete pálido, incluso de su Harry el sucio, en lo que es la búsqueda para equilibrar los tantos. Su Walt Kowalski en lugar de hacer la señal de la cruz se lleva sistemáticamente al sobaco izquierdo la mano derecha para después desenfundar los dedos índices, mayor y pulgar. Pum, Pum, ¡Pum!; marca a quienes se merecen la bala. Amén.


Publicado en la Rolling Stone Nro. 132. Marzo de 2009.

martes, 10 de marzo de 2009

El altavoz

En el programa Cheque en blanco de la Rock&Pop, la entrevista que me hizo Marcelo Figueroa, pinchando acá.

miércoles, 4 de marzo de 2009

lunes, 2 de marzo de 2009

sábado, 28 de febrero de 2009

Sibelius

Una crítica y un evento en el que me hubiera gustado estar presente. A todos, muchísimas gracias por su laburo. De corazón.

lunes, 23 de febrero de 2009

Los modos de ganarse la vida

Los libros que se publicarán en el 2009 en la nota de Silvina Friera para Página 12, pinchando acá.

lunes, 16 de febrero de 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

De atorrantes, poligriyos y asesinos

Una huelga de obreros que frena la construcción de la línea D de subterráneos es el disparador; el Buenos Aires de 1939 el escenario; el jazz la banda de sonido. Un linyera con aire de nobleza; un ingeniero; un cura que, cual Clint Eastwood con sotana, exorciza demonios a balazos y un cheff oriental y prófugo son los encargados de resolver una misteriosa y cruenta cadena de asesinatos. Leonardo Oyola cruza el policial negro, con el relato fantástico, el western y la novela histórica para presentarnos una de las más ingeniosas del momento.

La nota completa de Damián Blas Vives para Evaristo Cultural, pinchando acá.

miércoles, 11 de febrero de 2009

domingo, 8 de febrero de 2009

sábado, 31 de enero de 2009

Atorrantes

Cada ciudad crea sus propios mitos, que residen muchas veces en palabras específicas, de ésas que sólo se entienden cerca del perímetro metropolitano. Ahora que las leyendas urbanas están de moda y se editan libros acerca de los muchos fantasmas de Buenos Aires, es buen momento para honrar a una de esas palabras con denominación de origen: “atorrante”. Es un término porteñísimo: según su etimología, quién sabe ya si apócrifa o real –y a quién le importa–, se formó con el nombre de un empresario francés y el uso de unos cuantos vagos de esta tierra. Toda una genealogía de la porteñidad.

Cuenta la leyenda que en las primeras décadas del siglo XX, las tareas de alcantarillado de la ciudad sembraron las calles de caños de la empresa francesa Torrent, o Torrant, o incluso A. Torrant. Durante las noches frías, los sin techo usaban estos caños para dormir. De allí, se dice, es que “torrar” se volvió un sinónimo de dormir, y a los que torraban en los caños del señor A. Torrant se los llamó, por supuesto, atorrantes. Lo cual quiere decir dormilones, pero también sin techo, pero también gente inofensiva y de la ciudad.

Desde ya, muchas voces se han alzado para desmentir esta etimología popular; muchos sostienen que “atorrante” viene de “atorrar”, que a su vez deriva de “atorar”, holgazanear, en italiano. Pero sin duda la historia de los hombres de los caños resulta más atractiva: si non é vero, é ben trovato.

En su última novela, Hacé que la noche venga (Mondadori, 2008), Leonardo Oyola parte de este mito para explorar sus consecuencias: su héroe es Tres, nacido Ambrosio Torrent III, a la vez el heredero del primer Torrent y un atorrante cabal, que duerme en los túneles del subte –ya no hay caños en la ciudad- y enfrenta a las fuerzas oscuras: el diablo, la policía, el capitalismo internacional.

Vía Queré Buenos Aires.

miércoles, 28 de enero de 2009

Vía DSM IV

En Santería, Leonardo Oyola recurre a todos los íconos posibles de la cultura popular y los reúne en un relato que comienza con una vidente, la Víbora Blanca, quien ve su propia muerte. La acción transcurre en los 90 –en pleno menemismo– y se desarrolla en la desaparecida Villa Puerto Apache y en la imaginaria El Jabuti.

Pero lo que parece un policial pop muta en una historia fantástica cuando los protagonistas se enfrentan y muestran sus verdaderos rostros, en un final que deja sin aliento.

Según Oyola, el personaje principal nace “de las cinco preguntas básicas del periodismo: quién, qué, dónde, cuándo y por qué. Saber qué le va a pasar y a quién (te vas a morir de un tiro) y por ende intentar averiguar dónde, cuándo y por qué. La figura de una vidente que ve su propia muerte me pareció muy atractiva. Entonces, busqué llevarla hacia lo que conozco y lo que he visto y vivido donde me tocó crecer, todo en un registro exagerado”.

Al explicar el giro fantástico de la historia, Oyola dice que siempre estuvo presente en su obra.

“Salvo en Gólgota, en el resto de mis otras novelas publicadas coqueteo con el género fantástico. Quizás en Hacé que la noche venga y en Santería está más pronunciado, conforme avanzan las tramas”, afirma. En el caso de esta saga para Negro Absoluto, dice que su intención, su idea inicial, era “ahondar en el tema de la fe y de nuestros santos populares. Cuando se me ocurrió la idea de dos enemigos irreconciliables, pero hermanos de cofradía –Danielín y el Kevin Costner–, que no se pueden matar porque los protege el mismo santo del que son devotos, me animé a ir un poco más allá".

Sobre todo con la Víbora Blanca y la Marabunta, la protagonista y su Némesis”. Sobre el trabajo de componer los personajes, Oyola asegura que la Víbora Blanca era la clave. “El tema es intentar evitar una muerte anunciada –afirma Oyola–. Me gustan mucho los westerns [N. del E.: es crítico de cine en la revista Rolling Stone]. Una vez leí que Sergio Leone, para Erase una vez en el Oeste, siendo consciente de que el género estaba moribundo, decidió filmarlo al ritmo de un corazón que se está deteniendo. Quise hacer lo mismo en Santería desde mi narrativa. El fin de año y el advenimiento del desalojo de los últimos asentamientos del Puerto Apache, para dar paso a Puerto Madero, me calzaron justo con lo que era mi motor.”

La crítica de Anya Ellis en su sitio original, además del resto de las novelas de Negro Absoluto, pinchando acá.

sábado, 24 de enero de 2009

viernes, 23 de enero de 2009

Los misterios de Buenos Aires

La crítica de Soledad Platero para el suplemnto cultural del diario El Pais de Uruguay, pinchando acá.

jueves, 22 de enero de 2009

Rick Astley


En el INSERT VACACIONES del Diario Crítica, un cuento inédito.